Las propuestas de la Mesa de Reactivación Laboral convocada por el Ministerio del Trabajo han tenido una amplia, pero desigual atención en la prensa. Mientras la mayoría de los titulares, a veces con interpretaciones imprecisas, se han centrado en cambios a la indemnización por años de servicio y el cálculo de la jornada de 40 horas, una propuesta notable ha pasado desapercibida: crear un programa de prácticas para la educación media técnico-profesional (EMTP).
Con más de 900 liceos en Chile, la EMTP representa un 37% de la matrícula de 3ro y 4to medio del país, ofreciendo especialidades tales como mecánica, construcción, electricidad u hotelería. Sus estudiantes, más prevalentes en zonas rurales y con mayor vulnerabilidad socioeconómica que los de la educación media científico humanista (EMCH), rara vez son considerados en la discusión sobre educación, la que suele centrarse en el paso a la educación superior más que en la transición hacia el mercado del trabajo. Existen tres razones para cambiar ese enfoque.
La primera es que la EMTP resuelve un obstáculo estructural para la inserción laboral juvenil: la falta de experiencia. Por un lado, según la última Encuesta Nacional de Empleo son 100.000 los desempleados buscando su primer trabajo. Por otro lado, la encuesta del Panel Laboral UNAB a reclutadores laborales muestra que un 26,6% de las empresas consideran la falta de experiencia como la principal barrera para contratar jóvenes.
Segundo, la EMTP está pensada en función de las necesidades de los empleadores, lo que alinea mejor las habilidades de los estudiantes con lo demandado por el mercado. Esto es importante pues la misma encuesta del Panel Laboral UNAB muestra que un 14,3% de las empresas no contratan jóvenes por el desajuste entre la formación académica recibida y las necesidades del mercado laboral.
Tercero, la EMTP tiene una menor tasa de desocupación e informalidad. Como un todo, los trabajadores jóvenes tienen una desocupación de 24,6% y una informalidad de 36%. Al desagregar por nivel educativo, se observa que la EMTP tiene una desocupación de 20,1% (inferior al 25,6% de la EMCH) y una tasa de informalidad de 36,7% (inferior al 39,4% de EMCH). Interesantemente, el mismo fenómeno se da en la educación superior: los técnico-profesionales tienen una desocupación de 19,6% con 28,4% de informalidad, frente a la desocupación de 27,9% con 34,9% de informalidad de los universitarios.
La encuesta del Panel Laboral UNAB concluye de manera elocuente: según la mayoría de reclutadores, las prácticas laborales tempranas y pasantías remuneradas desde la formación técnico-profesional son la medida de mayor impacto en la inserción laboral de los jóvenes. Esta evidencia amerita una consideración más profunda de este segmento de estudiantes, que serán también la futura fuerza de trabajo. Esta es una oportunidad que, hasta ahora, no ha sido aprovechada.
