La semana pasada, dos exministros de Educación visitaron el país, para participar en una variedad de actividades académicas. Nick Gibb, de Inglaterra y Nuno Crato de Portugal relataron los desafíos que encontraron, las medidas que tomaron y, sobre todo, los resultados que tuvieron en los logros de aprendizaje de los estudiantes de sus respectivas naciones. Vale la pena destacar algunas de las lecciones que dejan para Chile.
Antes que nada, oír a ex autoridades hablar de aprendizaje es refrescante. En Chile llevamos décadas de reformas administrativas y estructurales que centran su atención en quien paga y quien provee la educación, más que como se educa. Aunque suene curioso, para quienes nos dedicamos al debate público en educación los temas de financiamiento, gobernanza, estructura, salarios, incentivos, etc… nos resultan más cómodos de discutir (y de disentir) que los temas sustantivos de la educación (enseñanza, aprendizaje, evaluación, convivencia, entre otros). Da la impresión de que un ministro o ministra de educación que hablara sobre textos escolares y metodologías para la enseñanza de la lectura nos parecería un extraterrestre, que no entiende su cargo en Chile. Y no es porque nuestras autoridades carezcan del conocimiento o la experiencia en estos temas, sino porque es algo que, aparentemente, no es tema. No se conocen muchos paros del Colegio de Profesores por malos textos escolares. Sí muchos por mejoras salariales o para evitar ser evaluados con consecuencias.
Lo segundo a notar es la preocupación por los resultados. Era claro notar en ambos exministros la preocupación de ver sus esfuerzos reflejados en mayores aprendizajes, sea en evaluaciones nacionales o internacionales. Nosotros solemos poner tácitamente las metas del Ministerio de Educación en la efectividad legislativa, su capacidad de desactivar (o sobrevivir) movilizaciones estudiantes o docentes, y de un tiempo a esta parte, resistir embates irracionales de la oposición. Tanto Crato como Gibbs contaron que ellos enfrentaron los mismos desafíos, pero lograron ser evaluados por el impacto educativo de sus políticas, no político. Esto habla más de la calidad de la opinión pública, la calidad de la política y del debate nacional en educación, más que de nuestras autoridades.
Lo que se ha llamado la “traslación” de políticas -copiar iniciativas de otros países sin considerar las particularidades culturales, sociales y las capacidades instaladas- tiene poca popularidad técnica hoy en día, lo que es buena noticia. Mirar lo que hacen otros países en sistemas tan complejos e idiosincráticos como el educativo tiene un uso limitado. Pero las enseñanzas que dejan Gibbs y Crato son de otra índole. No ceder en lo que se cree que es mejor para el aprendizaje de los estudiantes, aunque implique conflicto. Mantener el foco en metas medibles, que reflejen que los niños aprendan, nada más y nada menos. Y buscar consensos transversales en esas materias. Esas son las cosas para copiar.

Gracias por compartir esta valiosa experiencia! Hemos perdido una generación de jóvenes en disputas ideológicas.