Como una enfermedad soterrada, que avanza aceleradamente, la tenencia masiva de mascotas desnuda graves falencias y perturbaciones en la sociedad actual. Caminar por los sectores donde viven los chilenos, permite constatar cómo cientos de miles de personas pasean a su mascota por calles y parques. Todo nace cuando los mayores o los jóvenes deciden tener una mascota para tener “compañía”.
Son cada vez más las horas que los chilenos destinan a darle “calidad de vida” a su mascota. Restaurantes, supermercados, hoteles, clubes, aviones y edificios de departamentos, permiten que sus mascotas accedan libremente a compartir con sus amos, y también con aquellos que no tienen nada que ver con esas mascotas. Aumentan las disputas entre los dueños de mascotas, tras quiebres y separaciones. Abogados felices de encontrar un nuevo nicho para su actividad: regular la tenencia compartida.
Dramas familiares se generan tras la muerte de la mascota, en donde ya se incineran los restos mortales y se les entrega a los dueños una ánfora para que algunos la ubiquen en el living de la casa. Las empresas productoras de alimentos para mascotas están felices por el crecimiento de su negocio, el cual crece más rápido que el de alimento para bebés. Los jóvenes que forman una pareja, están prefiriendo mascotas a hijos. Lo consideran menos complicado y más “fácil”. Las mascotas que antes dormían en el jardín o en la terraza o en una casita de perros, hoy duermen en las camas de los amos y cada vez más dentro de las camas de los dueños, personas solitarias en busca de afectos. La petofilia, que es una enfermedad de amor desmedido y enfermizo hacia las mascotas, daña gravemente la psiquis de los dueños y también afecta al bienestar de las mascotas. Chile es uno de los países del mundo con mayor cantidad de perros por habitante y también uno de los con más baja tasa de natalidad. En las familias es frecuente que surja la idea de regalarle a la “niña” un perro para el cumpleaños. Muchas veces esa familia vive en departamentos pequeños. Los problemas empiezan con definir quien tendrá la responsabilidad de sacar a pasear al perro, y quien recogerá -si lo hacen- la caca del perro. ¿Quien le dará la comida y quien velará por su salud animal? En este nuevo escenario, peluquerías de mascotas y tiendas de ropa animal florecen como callampas en un bosque. Boric anunció hace poco recursos fiscales para cementerios de mascotas. Varios famosos han hablado de “perrijos”, refiriéndose a las mascotas como nuevos integrantes de sus familias.
He conocido casos de parejas que tras casarse han decidido no irse lejos de luna de miel para no dejar sola a su mascota. Los dueños de perros creen que al ser invitados a comer a una casa o por el fin de semana a alguna playa o lago, pueden ir con el perro, e invadir terreno ajeno asumiendo que su mascota es bienvenida. Lo mismo sucede en los restaurantes en que los dueños de perros creen que para uno es agradable tener a su perro al lado lamiendo al vecino o agarrado con otro perro de la mesa contigua. Nadie podría afectar la libertad individual de tener el derecho a tener mascotas. El problema empieza con los daños colaterales. ¿Cuántos jóvenes no visitan a sus abuelos o a sus padres, pero si tienen tiempo infinito para cuidar a su “mascotita”? ¿Cuánto dinero gastan en mantener una mascota familias de escasos recursos que siempre están disponibles para exigir dinero del Estado? El aumento exponencial de la población de mascotas en Chile también tiene sus efectos negativos en el campo y en los bosques de nuestro país. Tras el agotamiento y la desesperación de muchas familias al tener un perro en casa y no poder mantenerlo, deciden abandonarlo en alguna parte, en la oscuridad de la noche. Esto ha generado miles de jaurías que deambulan por ciudades y campos. Se comen el ganado menor, las aves, los huevos, la fauna silvestre y todo lo que les permita “sobrevivir”.
La verdad es que nadie hace algo para enfrentar con decisión esta grave emergencia que vive Chile. Aunque el número de ataques de perros a personas ha aumentado aceleradamente, los políticos callan por temor a perder votos. Por su parte, los animalistas son inconsecuentes, pues dicen defender a los animales pero esos mismos animales atacan la fauna silvestre. Los intelectuales no hablan del tema, los periodistas que son normalmente de izquierda y animalistas, callan. Todo lo descrito revela que estamos inmersos en una sociedad bastante enferma, en que las mascotas han pasado a ser el centro de las familias y que los hijos -que son cada vez menos- pierden protagonismo. Empresas importantes, chilenas y muchas multinacionales, les dan facilidades a los trabajadores para que vayan a su trabajo con el perro. Otras le dan feriado al empleado si se muere su mascota. Dicen que es una forma de atraer talento. Las empresas deberían preferir a aquellos profesionales que tengan familias numerosas. Así se construye un país y se asegura su futuro. Ojalá que quienes conducirán ahora el gobierno de Chile, incluyan en su lista de emergencias la terrible enfermedad que aqueja a Chile: “mascotitis”.

Síntoma de la degradación de la sociedad. Así terminan las civilizaciones.