La carrera de Michelle Bachelet por llegar a la Secretaría General de Naciones Unidas atraviesa un momento complejo luego de tener resultados poco favorables en sus votaciones preliminares. La ex Presidenta ha intensificado sus gestiones internacionales en busca de apoyos, se ha reunido con México y Brasil -que son sus principales promotores-, sin embargo, su candidatura depende finalmente del Consejo de Seguridad y, especialmente, de que ninguna de las grandes potencias decida bloquearla.

Sobre ese escenario conversó en el programa «Mirada Líbero» Diego Arria, ex representante permanente de Venezuela ante Naciones Unidas y ex presidente del Consejo de Seguridad de la ONU, quien conoce de cerca las negociaciones internas del organismo.

Arria, quien ha sido crítico de Bachelet por su postura frente a la crisis venezolana, sostiene que la ex Mandataria no cuenta con la “imparcialidad” que requiere hoy Naciones Unidas. Además, se refiere a la situación en su país, tras el «acuerdo» petrolero entre Donald Trump y Delcy Rodríguez. 

“María Corina Machado jamás habría sido parte de un convenio de esta naturaleza»

—Cuando cayó Nicolás Maduro se pensó que comenzaba la transición venezolana. Pero usted ha dicho exactamente lo contrario, que la «narcotiranía» continúa, ahora incluso con apoyo de Estados Unidos. ¿Cuál es la situación actual y cómo lo interpreta? 

—El 3 de enero fue un día de júbilo nacional. Sucedió lo que no veíamos cercano, que fue la salida del narcotirano Maduro, acompañado de su mujer. Y eso es algo que realmente no tiene precio. Extraordinaria operación. Pero, al mismo tiempo, generó unas expectativas que, como estamos viendo ahora, muy rápidamente se fueron apagando, porque fue simplemente la extracción del jefe de la narcotiranía, pero quedaron implantados los mismos narcotiranos que lo acompañaron durante 27 años.

—¿Qué le parece el acuerdo petrolero entre Trump y Delcy Rodríguez, con «el control mayoritario» de Estados Unidos sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas de crudo venezolano?

—La palabra “acuerdo” es un uso exageradamente generoso, porque un acuerdo es entre partes que son iguales. Aquí es el acuerdo con Delcy Rodríguez, que no representa sino a ella misma, no tiene ninguna clase de valor y es la negación absoluta de la institucionalidad. Pero hoy en día se discuten las ventajas económicas de ese acuerdo y eso no es lo importante ahora, lo importante es destacar que el gobierno de los Estados Unidos, nada menos que su secretario de Estado, el Presidente y el ministro de Defensa, hayan acordado asociarse justamente con los mismos narcotiranos que durante 27 años nos han oprimido. Muchos de ellos, los propios Estados Unidos han ofrecido recompensas que van de 20 a 25 millones de dólares por su cabeza.

—¿Y gana algo Venezuela con esto?

—Esto ha sido muy mal acogido por una razón. El petróleo bajo tierra, en subsuelo, no tiene ningún valor. Uno puede hablar de que las reservas nuestras son las más altas del mundo. Puede que ese sea el caso, nosotros creemos que ese es el caso, pero puede que no lo sea. Cuando se extraen, evidentemente.

O sea, aquí nosotros no estamos discutiendo que se estén llevando nuestro petróleo. En cualquier otra circunstancia normal, esta operación era perfectamente realizable. ¿Por qué? Porque los Estados Unidos es nuestro principal comprador de petróleo, nuestro principal aliado. O sea, no había ninguna razón para que nosotros, en democracia y en libertad, no hubiésemos suscrito un convenio atractivo para los petroleros norteamericanos. Pero decidieron hacerlo con la narcodictadura porque la controlan mucho más fácilmente. Incluso eso explica por qué la propia María Corina Machado, que sería la exponente más importante de la oposición, no ha podido regresar a Venezuela. Evidentemente, María Corina Machado jamás habría sido parte de un convenio de esta naturaleza.

—Usted escribió: “Con razón no querían el retorno de María Corina Machado”. ¿A qué se refiere con eso? ¿Cree usted que Estados Unidos considera a Machado un obstáculo?

—Al ver esto, tengo una conclusión para mí determinante. Sin la menor duda, María Corina Machado era un impedimento y, por lo tanto, había que mantenerla afuera y hacerlo con la señora Delcy Rodríguez, que es la representante de la narcotiranía, que está ahora perfectamente al servicio de lo que le diga el señor Trump o el señor Rubio o el señor Hegseth. Esa es la realidad.

«Se llevaron a Alí Babá y los 40 ladrones se quedaron en Venezuela»

—¿Quién manda hoy día en Venezuela? ¿Delcy Rodríguez, Estados Unidos, Diosdado Cabello, los militares? ¿Cómo se configura ese cuadro?

—Esa es una pregunta que nadie podría contestar correctamente. Pero, de hecho, ¿quién gobierna para el petróleo? Los Estados Unidos. Para el control interno del país, la narcotiranía. Venezuela sigue siendo una narcotiranía donde todavía hay más de 300 presos políticos. No han liberado a un solo preso militar, y hay más de 100, donde siguen persiguiendo a la gente en las calles, donde todavía los medios de comunicación encuentran trabas. O sea, se llevaron a Alí Babá y los 40 ladrones se quedaron en Venezuela, y la operación de la narcotiranía sigue funcionando normalmente, pero ahora peor. Antes nosotros luchábamos contra una narcotiranía. Resulta que ahora luchamos contra una narcotiranía apoyada por el gobierno más importante del mundo. Lo que podamos protestar, esta gente tiene nada menos que a los Estados Unidos de respaldo, que no ha hecho ningún gesto de obligación de que, por ejemplo, liberen a los presos políticos, o que les den una amnistía real a todos los venezolanos que hemos sido obligados a salir por razones políticas. No lo han hecho. O sea, los Estados Unidos no han querido ejercer el poder que tienen en lo económico, no lo han querido ejercer para nada en lo político.

—¿Y una transición democrática se ve muy lejos de las perspectivas?

—El gobierno norteamericano no quiere que haya elecciones en Venezuela, por lo menos hasta el final del mandato de Trump, se siente mucho más tranquilo, confiado y cómodo manejando esta narcotiranía que buscando un proceso institucional democrático, lo cual es el más grande error, porque las grandes empresas petroleras del mundo no van a ir a Venezuela mientras exista el «Rodrigato», como es el caso de Delcy Rodríguez. Solamente irán el día que nosotros tengamos un gobierno elegido popularmente. Y eso no lo están permitiendo los Estados Unidos.

—El Presidente Kast anunció la normalización de las relaciones con Venezuela. ¿Cómo evalúa a Chile en ese tema?

—Bueno, Chile se ha portado muy bien con los venezolanos en general en el exilio. Hay varios miles de venezolanos en Chile. Así como nosotros en una época tuvimos miles de chilenos en Venezuela, la suerte del mundo se trocó y ahora es Chile el país que nos recibe. Sobre lo que el Presidente Kast ha estado haciendo en esa materia, tengo que imaginarme que es lo mismo que él anunció desde el inicio y en su campaña, que estaba de acuerdo con que nosotros recuperemos la democracia y la libertad.

«Incluso aunque la apoyara Kast, Bachelet no tiene la acogida de imparcialidad que requieren las Naciones Unidas»

—Usted fue muy crítico de Michelle Bachelet cuando era Presidenta de Chile y luego cuando fue Alta Comisionada de Derechos Humanos. Hoy busca ser secretaria general de Naciones Unidas. ¿Tiene, a su juicio, las condiciones para ese cargo en la ONU?

—Cuando ella era Presidenta, recuerdo un artículo que escribí en El País de Madrid criticando su posición ambivalente. Yo le decía que yo había ido a Chile a buscar a Orlando Letelier, que era socialista, no siendo yo socialista, porque para mí era muy claro que los derechos humanos no tenían color, y uno veía que ella de ninguna manera ni siquiera enviaba a nadie a Venezuela a que liberara, en esa época, a líderes políticos venezolanos que estaban en situación parecida a la de Orlando Letelier. Yo encontré siempre que ella tenía una actitud muy ambivalente, sobre todo con Chávez. Ella nunca llegó a decir una sola palabra sobre Chávez, nunca llegó a mencionar nada que implicara una crítica a la dura tiranía que nosotros tenemos en Venezuela. Y veo que ahora que es candidata, y entiendo que el gobierno de Chile no la apoya, lo cual hace ya de facto imposible una mera participación importante, porque nadie que no esté representado por su propio país es capaz de ser elegido en Naciones Unidas.

—¿No le ve ningún tipo de viabilidad a su elección?

—Yo no lo veo. Ella estuvo en la ONU, como sabes, también como funcionaria, pasó largo tiempo y esa actitud que ella mantuvo durante la presidencia no es un secreto de nadie, es conocida perfectamente por los demás países que pudiesen o no apoyarla. Mi impresión es que hay otras candidatas que tienen mayor apoyo que ella en este proceso.

«No creo que la señora Bachelet tenga posibilidades reales de ser la secretaria general«

—Dirigentes de oposición en Chile han dicho que la perjudicó el que el Presidente Kast no la apoyara… ¿Pero, podría sobrevivir una candidatura aunque tuviera el apoyo de su propio país, pero no el de las principales potencias y votos clave del consejo de seguridad?

—Un candidato sin respaldo de su país no es viable. Incluso aunque la apoyara el Presidente Kast o el gobierno de Chile, creo que Bachelet no tiene la acogida de imparcialidad que en este momento requieren las Naciones Unidas y por la cual algunos países como los Estados Unidos, Francia, Inglaterra, tendrán mucho que ver en esa materia.

—El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sería uno de sus principales obstáculos para su campaña. A esto se suman las dudas sobre el respaldo de China, porque si bien aún no es posible saber cómo votaron los países con poder de veto, Bachelet obtuvo seis votos de rechazo ¿Cree que la están vetando?

—No han llegado al nivel de vetarla, porque no ha llegado ella a un nivel de prominencia en estos simulacros de votaciones que se vienen haciendo. Por ejemplo, si la comparas con los respaldos que está recibiendo la representante de Guyana, hay una gran diferencia. La de Guyana, siendo un país de un millón de habitantes, tiene hoy en día un respaldo en estas votaciones simuladas que se están haciendo, superior. Yo no creo que la señora Bachelet tenga posibilidades reales de ser la secretaria general. Y, de hecho, tampoco estoy seguro de que una de las mujeres vaya a ser secretaria general. Porque la insistencia de que sea una mujer igual se hizo en la anterior elección donde salió Guterres, se hablaba de que tenía que ser una mujer y al final nadie obtuvo un apoyo importante. Hay un hombre participando que es el que ha sido el jefe de la parte de energía nuclear de las Naciones Unidas, que es sumamente válido e importante. Yo me inclinaría a pensar que, en un momento dado, este puede ser el próximo secretario general.

«Naciones Unidas ha quedado encerrada en esa jaula que se llama el Consejo de Seguridad«

—Cuando usted mira hoy Naciones Unidas, ¿ve una institución en crisis o no necesariamente?

—Estoy haciendo un nuevo libro y hace un par de días estaba escribiendo de cómo yo justamente veo a las Naciones Unidas hoy en día y que, por primera vez, se está hablando casi hasta de la desaparición de las Naciones Unidas. Hay gente seria en el mundo entero que escribe eso. Una de las razones es, por ejemplo, porque los Estados Unidos no pagan su cuota o que tampoco lo hace Rusia, porque no le dan importancia. Y, sin la menor duda, el nivel de peso, de gravitación mundial de las Naciones Unidas se ha reducido de una manera notable. Y en los grandes procesos a los cuales el mundo está enfrentado, las Naciones Unidas juegan un papel marginal, como ha sido el caso, por ejemplo, de la invasión a Ucrania, como ha sido el problema en Gaza, en el Medio Oriente, como antes fue en Afganistán. El rol de las Naciones Unidas ha pasado a ser secundario. Chile también estuvo después en el Consejo de Seguridad en esa época, a principios de los 90, donde se acaba la Unión Soviética y entra la Federación Rusa, y fueron los dos años que parecía que el mundo iba a poder llegar, como decía, al final de la historia. Cosa que no fue el caso, pero hubo acuerdos entre las grandes potencias para actuar, por ejemplo, como fue el caso de la Primera Guerra del Golfo. Pero eso ya no existe. Y ayer casualmente, yo estaba hablando con una funcionaria de las Naciones Unidas sobre el aniversario de la «Fórmula Arria». ¿Y por qué han aumentado las Fórmulas Arria? Porque el Consejo ha tenido que irse afuera del marco estricto del Consejo, para buscar discutir temas que el consejo de seguridad no lo permite. Rusia, China o los Estados Unidos… Naciones Unidas ha quedado encerrada en esa jaula que se llama el Consejo de Seguridad, en la cual, como sabes, la única apertura fue esa cosa que a mí se me ocurrió un día que hoy día llaman la «Fórmula Arria«.

—¿Y, con las grandes potencias enfrentadas hoy día, como son Estados Unidos, China y Rusia, es difícil para el próximo secretario general tener verdadera autonomía?

—Escribí un artículo en The New York Times hace algún tiempo que decía: “No reelijan al secretario general”, porque yo decía que cuando un secretario general puede ser reelegido, se cuida mucho de no estar en conflicto con las grandes potencias, porque si no, no es reelecto. Y yo decía que tendría que darle un solo período para que realmente ejerciera con mayor independencia. Hoy en día no hay ningún secretario general, a menos que sea muy independiente y por un solo período, que pueda manejarse internamente. Y, por supuesto, al tener que manejarse internamente confrontando a los grandes poderes, tendría muy poco éxito en su gestión.

—En pocas semanas el Presidente José Antonio Kast hablará por primera vez ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Usted estuvo durante años en esas salas. ¿Qué debería decir un Presidente de Chile para que su discurso no sea uno más?

—Es muy difícil tener alguna clase de impacto en una asamblea donde llegan a hablar por lo menos 140 de los 193 países. Si tú ves la inauguración de la Asamblea, el primer día habla por tradición el país anfitrión, los Estados Unidos, y Brasil. Tres días después están los asistentes del embajador correspondiente asistiendo a la Asamblea General, porque es una lluvia de palabras, de discursos, que realmente, para poder levantar la voz allí y que sea escuchada, tiene que ser algo muy especial y muy importante. Es un sitio, es como una actuación para un gran actor, muy difícil. De las operaciones más difíciles de tener éxito.

«Los conservadores finalmente decidieron competir internacionalmente por el apoyo y no dejarle el espacio abierto a las izquierdas mundiales»

—Este jueves 3 de septiembre los presidentes Kast y Milei, además del líder de Vox, Santiago Abascal, y dirigentes de distintas derechas se reunirán en Chile en el Foro de Madrid. ¿Cómo observa esta articulación internacional de las nuevas derechas?

—Cuando uno habla de estos movimientos internacionales, la izquierda, por ejemplo, en el caso de América Latina, desde que llegó Fidel Castro, comenzó a llenar espacios internacionales con distintas organizaciones, dejando los conservadores, que han creado organismos como el Foro de Madrid. Y hoy en día vemos en América Latina un movimiento, utilizando el término geográfico de la derecha, que le ha dado, por ejemplo, en el caso del Foro de Madrid, que el anfitrión sea el Presidente conservador de un país que acaba de ganar las elecciones y que se vea acompañado del Presidente de la Argentina, que también es un nuevo liberal, la señora Meloni también, del Foro de Madrid… O sea, los conservadores finalmente decidieron competir internacionalmente por el apoyo y no dejarle el espacio abierto a las izquierdas mundiales. Y eso para mí ha sido algo muy importante. Y creo que Chile puede jugar un rol importante en esa materia, como también ojalá lo haga el señor Milei en la Argentina.

—¿Cree que es relevante el rol de Chile en este proceso de ordenar o de formar en la derecha su propia internacional?

—Hay mucha gente inteligente en Chile. Yo fui funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo, cuyo presidente era Felipe Herrera, que era increíble, era socialista. Sin embargo, los americanos votaron por él como primer presidente del Banco Interamericano. Y conocí así a tantos chilenos súper inteligentes. Siempre he tenido una gran admiración por Chile por muchas razones…. En este caso, hay una gran posibilidad de que también chilenos se incorporen a este proceso de reconducir el diálogo internacional, que no tiene que ser ni derecha ni izquierda, reconducirlo a un proceso donde realmente le sea útil a nuestra región.

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