La reciente fusión entre Anglo American y Teck Resources, que dio origen a Anglo Teck, ha generado un gran revuelo en el sector minero. Esta operación, considerada la segunda más grande en la historia de la industria, está valorada en más de 50 mil millones de dólares.
La nueva empresa, con sede en Vancouver, tendrá una participación accionaria del 62,4% para los accionistas de Anglo American y del 37,6% para los de Teck. Esta fusión posiciona a Chile como un eje estratégico, ya que la nueva compañía se convertirá en el tercer mayor productor de cobre del país, superando a Antofagasta Minerals. La integración de importantes activos como Collahuasi, Quebrada Blanca, Los Bronces, El Soldado y la fundición Chagres podría generar sinergias operacionales que se traducirían en ahorros anuales de 800 millones de dólares, con 1.400 millones de dólares adicionales a mediano plazo.
Máximo Pacheco, presidente de Codelco, ha destacado que la fusión «fortalece la posición de Chile como líder indiscutido en la producción de cobre». Por su parte, Jorge Riesco, presidente de Sonami, afirmó que la fusión «marca un hito para la minería mundial y también para Chile». Este panorama resalta el papel crucial del cobre en la transición energética global.
A pesar de las buenas noticias en el sector, el desarrollo minero en Chile enfrenta un gran obstáculo: la «permisología». En el reciente evento Chile Day en Madrid, este término fue identificado como una de las principales barreras para la inversión, un diagnóstico compartido por inversionistas, autoridades y exmandatarios. El ex Presidente Eduardo Frei fue contundente al señalar que «la permisología está matando la inversión en Chile».
Actualmente, obtener una Resolución de Calificación Ambiental (RCA) puede demorar más de 700 días, y los procesos burocráticos se han vuelto impredecibles y desconectados de los objetivos del país. Este problema, que no se limita a la minería, es una señal de que el Estado ha perdido el sentido de urgencia y propósito. La Ley Lafkenche, por ejemplo, ha paralizado nuevas concesiones acuícolas, con trámites que, a pesar de tener un plazo legal de un año, tardan en promedio entre seis y siete años.
Ante este escenario, es urgente realizar una reforma profunda. No se trata de relajar los estándares, sino de crear normativas claras, exigentes y transparentes que garanticen el cuidado del medio ambiente y la seguridad hídrica, al mismo tiempo que promuevan el crecimiento de sectores clave como la minería, la desalinización y las energías renovables.
La «permisología» debe desaparecer como concepto y práctica, dando paso a una institucionalidad moderna, técnica y territorialmente conectada. Esto es crucial para que el potencial de la fusión Anglo Teck, que se concentrará en la zona más árida de Chile, se materialice plenamente.
La fusión de Anglo Teck también pone sobre la mesa el desafío del manejo del agua. Si bien la nueva compañía ha destacado las sinergias en su infraestructura hídrica, es necesario un enfoque integral que combine la infraestructura gris (como embalses y plantas desalinizadoras) con la infraestructura verde (como la recuperación de humedales y la construcción de áreas de infiltración natural).
El anuncio de Anglo Teck es una gran noticia que fortalece el liderazgo minero de Chile, pero este liderazgo podría quedar en un segundo plano si no se abordan con urgencia los desafíos burocráticos y ambientales. No basta con celebrar la llegada de un gigante minero; es imprescindible construir un entorno que fomente el crecimiento, el desarrollo y el bienestar de las personas, además del cuidado de la biodiversidad y los ecosistemas. Para que la oportunidad se concrete, se necesita voluntad política, reformas regulatorias y un entorno que fomente el crecimiento y el bienestar de las personas. El mundo no espera, y el momento de actuar es ahora.
