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Credit: Cuenta X President Donald J. Trump @POTUS

La escalada en el Estrecho de Ormuz ha obligado a Estados Unidos a recurrir a uno de los instrumentos más antiguos y efectivos de las potencias marítimas: el bloqueo naval. Tras el colapso de las negociaciones previas y el intento de Irán por utilizar el estrecho como herramienta de extorsión económica, disparando los precios de los combustibles a nivel global, Estados Unidos ha respondido con una maniobra de realismo puro. Esta decisión, marca la validez de una estrategia marítima clásica: asfixiar la economía de una nación para forzarla a una capitulación o para sentarla en una mesa de negociaciones. En esta oportunidad, se trata del abandono definitivo del enriquecimiento de uranio como la única salida para Irán. Estados Unidos ya lo ha manifestado de distintas formas, incluso en la era Biden, su estado final deseado (EFD) es un Irán sin armas nucleares. Mientras eso no ocurra es difícil que haya opciones para Irán.

La efectividad de este bloqueo naval se mide hoy en la capacidad para neutralizar el complejo modus operandi de la denominada «flota fantasma». Según datos recientes en fuentes como Wall Street Jornal (WSJ), existe una red de casi 1.500 buques a nivel mundial dedicados a evadir sanciones, de los cuales más de 600 han sido identificados transportando petróleo iraní. Estos buques, utilizados también por Rusia y Venezuela, emplean tácticas de «spoofing» (emisión de señales de localización falsas) y también la desactivación de transpondedores para navegar en la oscuridad.

Sin embargo, la actual operación de bloqueo estadounidense, que cuenta con más de 15 buques de guerra y el apoyo de vehículos no tripulados (aéreos, marítimos y submarinos) e IA de la Fuerza de Tarea 59, está quebrando el modo de operación de la “flota fantasma”. Casos recientes como el del tanquero Rich Starry, que tras intentar engañar a la vigilancia estadounidense durante 10 días mediante señales falsas tuvo que desistir de cruzar el bloqueo, demuestran que la tecnología actual está mitigando las maniobras evasivas de estas redes que abastecen mercados como el de China. La Armada de Estados Unidos con el despliegue de medios navales en distintos océanos del globo, está operando en forma coordinada para apoyar el bloqueo naval mediante operaciones de interdicción marítima a los buques que no cumplan con las sanciones impuestas.

La validez de esta «asfixia económica» es una constante en la historia de las potencias marítimas. Ya en la Antigüedad y en la II Guerra Mundial, desde los bloqueos atenienses en la Guerra del Peloponeso hasta el aislamiento naval de Japón en 1945, la interrupción de suministros logísticos ha probado ser un catalizador de negociaciones o rendiciones estratégicas sin necesidad de invasiones terrestres masivas.

Sin ir más lejos, en Chile también podemos citar ejemplos como cuando la Escuadra Chilena en la Guerra del Pacífico impuso bloqueos navales a puertos estratégicos como Iquique y el Callao. Chile no sólo asfixió la economía exportadora del adversario, sino que impuso el ritmo del conflicto y la paz desde la supremacía naval.

El contexto actual de la tensa y frágil tregua entre Irán, Israel y EE.UU. no es una situación generada sólo por la diplomacia tradicional, sino el resultado directo de la presión desde el mar. Irán se encuentra hoy ante un dilema existencial: mantener su programa nuclear a costa de un colapso económico por el bloqueo de sus exportaciones hacia China y otros mercados, o ceder en el programa nuclear para recuperar su viabilidad financiera y conservar el régimen.

Esta presión marítima no ocurre como algo aislado. Este bloqueo es parte de un diseño operacional donde se han orquestado y sincronizado miles de ataques mediante una campaña de desgaste previa que ya ha golpeado con fuerza la infraestructura iraní. De hecho para sostener un bloqueo naval es mandatorio contar con el control local del aire y del mar. Eso explica gran parte de las acciones de aniquilación de la fuerza aérea y de la marina iraní. En esa misma línea la destrucción de 17.000 blancos estratégicos y tácticos, en pocas semanas, ha generado un daño económico de gran magnitud, con costos de reconstrucción que se proyectan en cifras cercanas a los 270.000 millones de dólares, de acuerdo a datos entregados en de WSJ (15 de abril 2026). A ello se suma un impacto social con cerca de 12 millones de empleos en riesgo y una creciente presión interna.

El resultado es una situación estratégica cada vez más estrecha para Irán. Sin perspectivas de recuperación económica, y bajo un régimen de sanciones reforzado, la sostenibilidad del sistema político podría continuar con la tensión desde dentro. En ese contexto, la negociación dejaría de ser una opción para pasar a convertirse en una necesidad.

Es muy probable que el bloqueo naval sea una eficaz herramienta para una negociación conveniente a los intereses de Estados Unidos. Al dejar a la «flota fantasma» sin opciones de salida por el Golfo de Omán, también se está afectando a China, su principal cliente. Con estas sanciones EE.UU. está poniendo un “precio” al enriquecimiento de uranio a niveles difíciles de sostener para Irán. Es altamente probable que veamos una propuesta para un acuerdo donde Teherán no sólo libere el Estrecho de Ormuz sino que además acepte un desmantelamiento verificado de sus capacidades de enriquecimiento a cambio de un levantamiento gradual del bloqueo naval estadounidense.

El retorno de esta estrategia marítima clásica es una movida audaz de EE.UU. que nos recuerda que el poder naval -a diferencia del terrestre que conquista-  busca el control de las líneas de comunicaciones marítimas en un mundo donde el 90% de todo el comercio exterior se encuentra navegando por distintos mares, océanos y estrechos.

Chile, como país esencialmente marítimo, debe poner atención a sus pasos estratégicos (Estrecho de Magallanes y Paso Drake) y también revisar el tamaño y capacidades del poder naval que requiere a futuro para resguardar su comercio exterior y economía en un orden mundial que está acomodándose.

Vicealmirante (r) - MA Defence Studies King´s College London

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2 Comments

  1. Excelente análisis, gracias por compartir estas conclusiones muy válidas y realistas.

  2. Muchas gracias Carlos por sus comentarios y por entregar siempre una opinión constructiva a columnas y artículos.

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