“Entre la pluma y la política”, se titula el nuevo libro del escritor Roberto Ampuero, quien en los próximos días partirá rumbo a Nueva York para asumir como embajador de Chile ante la ONU durante el mandato del Presidente José Antonio Kast.

En este libro, Ampuero relata sus vivencias y reflexiones como canciller durante el segundo período del ex Presidente Sebastián Piñera, y donde destaca no solo su relación con el fallecido exmandatario, sino que también describe los eventos que lo llevaron a renunciar al cargo en 2019, tras críticas de la oposición a su gestión.

En el programa «Mirada Líbero», Roberto Ampuero se refirió a este libro, que comenzó a escribir durante la pandemia, pero que pausó tras conocer la muerte de Sebastián Piñera. Además, abordó los desafíos que deberá asumir en Nueva York como representante de Chile ante las Naciones Unidas.

«Cuando el Presidente fallece, abandoné el texto por un tiempo. Estuve en la duda»

-¿Qué fue lo que lo llevó a pausar este libro?

-Este libro nace de apuntes iniciales que yo hice durante la pandemia que me tocó vivir en la residencia de nuestra embajada en Madrid. Pero después escribí el libro propiamente tal, fuera ya de la etapa de ser funcionario de gobierno diplomático acá en Chile. Y efectivamente, cuando el Presidente Piñera fallece, abandoné el texto por un tiempo, porque estuve en la duda, ya que hablo también de él. Las relaciones políticas e internacionales del país las conduce y las define el Presidente de la República, siempre en un diálogo con su canciller. Entonces me empecé a preguntar si tenía sentido publicar el libro, porque tenía algunos capítulos donde yo hablaba sobre él en relación con algunos aspectos de política internacional. Y por eso me desanimé tanto que dije, «lo dejo, me olvido». Pero después decidí que sí que debía continuar, porque yo hablo en un marco de respeto y de lealtad hacia el Presidente, a quien le agradezco que me haya nombrado y haya confiado en mí para realizar labores diplomáticas en sus dos gobiernos. Y aquí hay una verdad, una versión que yo quiero compartir con la ciudadanía. Han pasado ocho años y eso es lo que estoy haciendo ahora.

-Usted habla de su relación con el ex Presidente Sebastián Piñera y sugiere que hubo errores de él, pero que fueron atribuidos a usted. ¿Este libro es una especie de ajuste de cuentas?

-No, este es un libro que revisa la etapa de Cancillería que me tocó dirigir en un momento muy especial, de mucha tensión. Recordemos que en cuanto empieza y asume el Presidente Piñera, se inicia una presión muy grande por parte de la izquierda, fundamentalmente orientada por el grupo Foro de Sao Paulo, en contra de Chile y en contra de su política exterior. El grupo de Sao Paulo defendía a la dictadura de Nicolás Maduro, la justificaba o la relativizaba, porque ahí estaban todos los partidos de izquierda de América Latina. Y también justificaba la dictadura de Cuba, que ya cumple 67 años.

Entonces, había que hablar sobre los temas, que eran álgidos, y en algunos puntos había plena convicción y también coincidencias, y en otros no tanto. Pero, en Chile se aplica la política que el Presidente decide. El Presidente Piñera era un hombre extraordinariamente inteligente, una persona con una gran memoria, un gran conocimiento, muy dedicado a los temas, y entonces cuando había una diferencia con él, él tenía muy buenos fundamentos para plantear y justificar aquello que pensaba. Entonces había temas que tocar y yo decidí que era bueno tocarlos dentro del marco del respeto hacia el Presidente, pero que había que abordarlos porque estaba cayendo la responsabilidad en el canciller y Cancillería de cosas que simplemente no salieron nunca de Cancillería y que se miraron con cierta duda, y después la realidad nos mostró que estábamos en lo cierto. Han pasado ocho años.

«En Cancillería pensábamos que no era lo más conveniente que el Presidente fuera a Cúcuta»

-Cúcuta es un episodio que usted relata en el libro. ¿Cuál es su versión de los hechos?

-En Cancillería teníamos un temor, y hay personas que siguen trabajando en Cancillería que pueden dar testimonio de eso. La información que teníamos, fundamentalmente desde Estados Unidos y de otros países, era que había una situación muy complicada para los presidentes al acercarse a esa zona. Era también muy claro, y se lo informamos al Presidente, que no iba a ir ningún otro Presidente de América Latina, salvo el Presidente Duque de Colombia y el Presidente Benítez de Paraguay. Nosotros pensábamos que no era lo más conveniente que el Presidente fuera, por razones de seguridad, porque estuvimos en la frontera misma con Venezuela, y eso implicaba, teóricamente, algún peligro para los presidentes o los líderes que se acercaran por allí… Pero, el Presidente fue un hombre muy corajudo. Y me dijo que la solidaridad de Chile con los demócratas en Venezuela no es solamente algo retórico, sino que hay que mostrarse, hay que ir a entregar al país alimentos y medicinas que necesitan.

-¿Ahora, inicialmente el programa era otro?

-La idea era que yo viajase solo en un avión Hércules, entregase en un muy bajo perfil los alimentos y la medicina al Presidente Juan Guaidó. Pero, 48 horas antes de que saliera, el Presidente me dice: «no, voy a ir yo». Y ahí tenemos una conversación donde yo le reitero que es peligroso para él. Y el Presidente me dijo que le correspondía ir: «Yo voy a ir, voy a mostrar mi respaldo, lo voy a dejar muy claro».

Tuvimos una diferencia de criterio, en Cancillería también lo observamos con preocupación, pero fue la decisión del Presidente y fue una decisión donde él quiso demostrar que se la jugaba de verdad por los demócratas y la democracia. Entonces, esas cosas como que iban quedando así a medio camino, comentadas por algunos sin tener realmente conocimiento de esas conversaciones, y dije, voy a dar a conocer esto, porque esto tiene dos partes. Y una es extraordinariamente positiva, que habla muy bien del Presidente Sebastián Piñera.

-Usted describe en su libro la experiencia de su paso por la Cancillería como amarga. ¿Si pudiera volver atrás se quedaría en Olmué escribiendo ficción en vez de aceptar el cargo?

-No, ni un solo día. Para mí fue un honor, un privilegio y una gran responsabilidad ser canciller del Presidente Piñera. Fue amarga en el sentido de que fue un período muy difícil. Recordemos que en ese período se creó incluso una comisión de toda la oposición, de expertos en política exterior, donde el mensaje principal era de criticar lo que estaba haciendo el gobierno. Y donde más diferencias había era en relación con nuestra postura en contra de la dictadura de Venezuela, pero siempre apostando que nosotros estábamos por apoyar a los demócratas venezolanos para que lograsen y recuperasen la democracia, pero desde el punto de vista de apoyarlos en términos pacíficos y apoyando una solución política.

Y lo amargo fue que uno, de pronto, se ve atacado de muchas formas, no solamente política. También hay un «fuego amigo» que siempre ocurre en los gobiernos, yo creo que eso uno tiene que aprenderlo. Existe siempre porque los partidos son distintos, porque está buena la democracia, porque hay de pronto líderes que piensan en forma distinta a lo que es el gobierno que está en ejercicio. Todo eso es comprensible, pero para uno que no viene de la política, desde luego fue difícil, fue duro. Pero lo llevamos adelante. Y fíjese que tuvimos razón en muchas de las cosas que logramos y la agenda del Presidente Piñera en ese periodo en que yo fui canciller fue extraordinariamente exitosa. Recordemos que estábamos a punto de celebrar, recuerden, las dos cumbres, la COP25 y la APEC en Chile, que iban a colocar a Chile en una situación especial en el mundo, y el liderazgo del Presidente Piñera también.

-¿Hay alguna escena del libro que haya tenido que suavizar de algún modo?

-No, lo que se hace en este caso es que uno puede dar a conocer una atmósfera determinada, pero no entrar en detalles. Hay muchas cosas que uno, sobre todo si ha tenido cargos de importancia representando Chile, las plantea en términos muy generales, no va al detalle, no revela cosas. Por ejemplo, yo aprendí que la visión que existe en Chile todavía es muy distante en términos de qué es ser un diplomático, de la realidad. Porque solamente se ve la actividad diplomática como algo bastante frívolo, o reducido a cócteles y cenas, y lo estrictamente protocolar. Y no, esto es muy serio, es una forma de vida, implica también desplazamientos permanentes por el mundo, cambiando de lugar, con la familia, con los hijos, nuevos amigos, nuevas escuelas, nuevas condiciones de trabajo… Hay elementos humanos que hay que considerar con mucha fuerza.

«El Presidente Boric se especializó en criticar una y otra vez a Trump»

-En el libro usted cuenta la reunión que tuvo Mike Pompeo con el Presidente Sebastián Piñera en 2019, en donde el primer punto que tocaron fue una posible intervención militar de parte del gobierno de Donald Trump a Venezuela. Piñera en ese momento advirtió que no lo iba a apoyar, muy distinto a la posición que ahora tomó el Presidente José Antonio Kast…

-Nosotros tuvimos una excelente relación con Estados Unidos y con China, y yo veo que el gobierno del Presidente Kast está también trabajando en la misma dirección, con mucho pragmatismo y en defensa de los intereses de Chile. Desde luego, eso merece reconocimiento. Esto yo lo escribí durante la época en que estaba el Presidente Boric en La Moneda, y no teníamos una relación constructiva con los Estados Unidos. Por el contrario, el Presidente Boric se especializó en criticar una y otra vez al Presidente Donald Trump y también a Estados Unidos como país. Y yo lo que quería también demostrar con esto es el grado de confianza que teníamos con el gobierno norteamericano. Imagínese que el Presidente Boric no quiso hablar en un momento con el secretario de Estado norteamericano, porque simplemente decía que no se hablan los presidentes con secretarios de Estado.

Bueno, cuando yo era canciller, el secretario de Estado norteamericano Pompeo llegó y dijo que quería comenzar su gira internacional por Chile. Esto es por el peso que tiene Chile, por el prestigio de Chile. Y viene a reunirse conmigo… Cuando él llega, el Presidente me dice que antes de que comiencen sus reuniones pase a tomarse un café con él. Y ahí conversan y se habla de todos los temas, con franqueza y con mucho respeto. Y esa es la conversación que yo revelo, porque se ve el tono entre dos países que tienen buenas relaciones de confianza y que apuntan a objetivos que son muy similares en el contexto de que pertenecemos a la misma comunidad internacional de valores.

«En este gobierno se está recuperando lo que siempre debió haber sido la relación entre Chile y Estados Unidos«

-¿Y cree que ese tono se va a lograr mantener también en este gobierno?

-Lo que estoy viendo es que se está recuperando, bajo el actual gobierno, una relación y una posición ante el mundo que ha sido la tradicional de Chile y en relación con la superpotencia, también de mantener las mejores relaciones con Estados Unidos. Todos los gobiernos anteriores, los últimos decenios, han tenido unas buenas relaciones con Estados Unidos, donde se plantean las diferencias cuando existen entre países que son aliados, que tienen buenas relaciones, que tienen relaciones de confianza. Así que yo veo que hay consenso de que se está recuperando lo que siempre debió haber sido la relación entre Chile y Estados Unidos.

-En la misma reunión con Mike Pompeo, se habla del famoso cable chino. De manera diplomática, usted cuenta cómo Pompeo manifestó que Estados Unidos no utilizaría el cable si Chile acordaba construirlo con China. Es curioso que el tema se mantuviera vivo seis años más tarde. ¿Lo ve de esa manera?

-Lo interesante es que las personas siempre se preguntan cómo se conversa entre Estados Unidos y Chile. Chile como país soberano puede escoger el cable, construir cable con quien quiera en el mundo, porque es un país soberano. Y Pompeo dice que no representa a empresas norteamericanas, y aclara y dice «pero nosotros, por nuestra normativa no podemos transmitir información. Un cable, dirigido bajo esas condiciones, que transmita información, que lleva información relacionada con inteligencia, con alta tecnología y con materia de seguridad, no podemos nosotros y tampoco nuestros aliados». Así hablan los aliados. Y es muy interesante, porque eso implica que usted tiene que actuar como usted prefiera. Pero yo cumplo en contarle las limitaciones que tenemos. No porque nosotros decidamos esto ahora, sino que es porque simplemente es así nuestra legislación y son nuestras medidas de seguridad. Y si usted no conversa esto con su aliado, y de la forma en que se hizo ese día, ¿cómo lo hace? Es mejorar la situación y el ambiente donde se conversa. Y eso se siente.

-¿Cree que el gobierno anterior no tomó en cuenta estas alertas que venían por lo menos desde hace seis años?

-Usted sabe, las relaciones entre el gobierno del Presidente Boric y el Presidente Donald Trump, digamos que dejaron bastante que desear. No quisiera seguir profundizando en eso, pero me alegra enormemente que estemos recuperando esa buena relación con Estados Unidos, que es nuestro principal aliado en Occidente.

«En Estados Unidos me voy a encontrar con viejos amigos y eso va a ser muy interesante»

-En el libro queda bastante claro que usted tiene muchas relaciones con personeros del gobierno de Estados Unidos. ¿Cree que eso va a ser útil para el rol que ahora le toca asumir como embajador de Chile ante la ONU?

-Mire, ante Naciones Unidas uno está en relación con distintos países, 193 países con distintas delegaciones, con embajadores de esos países. Por esto de haber estado girando en este mundo desde hace un par de años, uno tiene relaciones o conoce a varios embajadores que están activos ahí representando sus países. Entonces me voy a encontrar con algunos viejos amigos, y eso va a ser muy interesante. Esto facilita la comunicación. La diplomacia es contenido, son principios, son definiciones de un país, pero también tiene que ver con lo personal, con la química que se pueda formar, lo que puede contribuir a facilitar las cosas. Y eso es un capital que uno va acumulando a lo largo de los años.

-¿Cuándo parte a Nueva York a asumir la embajada? ¿Cuál va a ser su principal desafío?

Ya estamos cerca de partir, esto es inminente. Así que se están definiendo los últimos detalles. Los principales desafíos, como siempre, representar a Chile, informar a Chile sobre las discusiones, los debates, los resultados de las comisiones. Informar a Chile también sobre las reacciones y los resultados que nosotros obtengamos en la negociación con respecto a planteamientos que vengan desde Santiago, que vengan desde nuestro gobierno. Colaborar y cooperar y trabajar de la mejor forma y dirigir a nuestra nación ante Naciones Unidas. Y establecer los mejores contactos con distintos sectores. Estar en Naciones Unidas, he estado un par de veces, pero simplemente como visitante, es mantener contacto con el mundo, con sus representaciones. Y estar informando de aquello al país.

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