En 1992, el politólogo Francis Fukuyama lanzó su libro “El fin de la historia y el último hombre”, cuya tesis principal era que la humanidad había alcanzado un punto final en la evolución ideológica, terminando con dichas disputas e imponiendo la democracia liberal como la forma final y universalmente aceptada de gobierno.
Sin embargo, dicha tesis queda corta para explicar por qué hoy en día siguen existiendo regímenes autoritarios, guerras e incluso adversarios acérrimos de las democracias liberales tal como las conocemos. Y es que no parece razonable dar por “cerrados los temas”, toda vez que, tal como señala Raymond Aron, resulta una aspiración utópica crear una sociedad sin conflictos ni divisiones. Esto es algo que deberían tener en cuenta los políticos que abogan por grandes acuerdos bajo el argumento de que es necesario “cerrar los temas”.
En 2005, fueron muchos los que dijeron que con las reformas constitucionales se daba por “cerrado el tema”; sin embargo, un año después, el Partido Comunista anunciaba su intención de impulsar una Asamblea Constituyente. El 15 de noviembre de 2019, las fuerzas políticas, de manera transversal, firmaron un Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución que nos llevó a una Convención Constitucional que puso en jaque los cimientos de nuestra democracia.
Hoy, quienes señalan que aprobando la reforma de pensiones se cierra un largo capítulo respecto a la legitimidad del sistema caen en los mismos errores en los que cayó Francis Fukuyama al anunciar el fin de la historia.
Si bien es cierto que una reforma de pensiones es necesaria, y que la que se ha propuesto contiene elementos tanto positivos (como el aumento de la capitalización individual) como negativos (mecanismos de reparto y el préstamo obligatorio al Estado) que tendrán que ser evaluados por los parlamentarios en su mérito, resulta absurdo pensar en esta reforma como un punto final ni como una legitimación universal del sistema. Menos aún cuando la izquierda ya ha notificado que esta reforma, para ellos, en realidad es sólo un pequeño avance en la búsqueda de un sistema que termine con las AFP y la capitalización individual, además de señalar que aún quedan temas pendientes como el «administrador estatal».
La oposición debe dejar de lado la utopía de “cerrar los temas”, construyendo mayorías políticas, culturales y sociales que nos permitan, día a día, dotar a nuestras propuestas e instituciones de mayor legitimidad. Como decía Thomas Jefferson: “El precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Exacto, última frase o concepto.de Jefferson es notable y valedera. No entiendo como políticos supuestamente de derecha, que a ud lo doblan en edad, sean tan inocentes y candidos por decirlo de una manera más elegante……