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Publicado el 03 de abril, 2021

“Operación Varsity Blues”: El gran fraude de las universidades

Periodista Virginia Araya

Se destapó el 2019, pero Rick Singer llevaba al menos siete años cobrando a padres millonarios por ayudarlos a entrar a las universidades de elite. Y lo hacía a través de una “puerta lateral” que se abría a través de sobornos disfrazados de donaciones. Un documental que lleva a algunos a concluir que “en Estados Unidos la educación se volvió un commodity, una mercancía por la que se paga”.

Virginia Araya Periodista

La culpa es de los padres. Es la primera y clara conclusión después de ver Operación Varsity Blues (Fraude), documental de Netflix estrenado hace unas semanas, sobre lo que se ha denominado el mayor caso de corrupción universitaria de la historia de Estados Unidos y que explotó en 2019. Son padres ricos y en algunos casos, además famosos, que a través de sus hijos tratan de cumplir su propio sueño de haber ido a una universidad de elite. Y sus hijos nunca lo supieron hasta que se ventiló el escándalo. Recuerda a esos concursos de belleza de niñitas en que patéticamente también se evidencian las frustraciones de sus madres, sólo que en este caso todo está en una atmósfera “académica” y presume de “otro nivel”.

Impactan las imágenes del comienzo y el final, de miles de jóvenes esperando al borde del colapso nervioso los resultados de su aceptación o rechazo universitario. ¿Se les va la vida?

Ante el rechazo de la mayoría de los involucrados a salir en la filmación, el documental dirigido por Chris Smith sigue el guion de Jon Karmen que combina entrevistas y dramatizaciones a partir de la transcripción de los diálogos grabados por una agente del FBI, luego de que intervinieran el teléfono de William “Rick” Singer (interpretado por Matthew Modine). Igualmente los personajes reales están, presenciales o en videos y archivos de prensa.

Singer es el cerebro, el Maquiavelo de la historia, que supo seducir con sus medios el “fin” de esos padres ávidos de status académicos para su familia. Rick era un ex entrenador de básquetbol universitario, conocedor de cómo funcionan los departamentos de deportes y de la selección de cupos privilegiados de alumnos, y creó lo que bautizó como “puerta lateral” de ingreso a universidades de elite norteamericanas. Y un país altamente competitivo, con rankings de excelencia académica sobrevalorados, donde además es usual pagar por todo tipo de consultorías, le dio amplias facilidades para funcionar. Destaca el testimonio de Jon Reider, ex encargado de admisión de Stanford, quien sostiene: “en Estados Unidos la educación se volvió un commodity, una mercancía por la que se paga”.

Y todo azuzado por el Ivy Leage, el famoso ranking de las mejores universidades creado por la revista USNews, pero que está hecho de acuerdo al prestigio, no a lo académico, entonces  es una ilusión que venden a los padres y las instituciones luchan por manipularlo, porque mientras más alto estén, más pueden subir sus aranceles. Obviamente las universidades felices reciben las donaciones de donde vengan. Aparece el caso del yerno de Trump, Jared Kushner, cuyo padre donó dos millones de dólares a Harvard.

Con este caldo de cultivo, Singer comenzó alrededor del 2011 dando servicios de asesoría a hijos de gente rica en la postulación a los mejores colleges. De su rol de entrenador deportivo pasó a uno de entrenador educacional. Trabajólico y sin ser carismático, su fuerte iba por sus argumentos de “asegurar” el ingreso a la universidad que el postulante (padre) quisiera, aun cuando el hijo en cuestión fuera mediocre en el colegio y no tuviera idea del deporte con el cual lo iban a presentar como destacado (disciplinas también de adinerados: esquí, vela, equitación, esgrima). Rick les hacía el perfil completo, desde modificar exámenes de admisión, hasta espléndidas imágenes gracias al Photoshop. Les cambiaba incluso la raza para aprovechar cupos de afroamericanos o latinos. Su mejor portafolio era nunca tener fallos: al 2018 se jactaba de haber logrado 761 ingresos a universidades.

Inventó el concepto de “puertas laterales”. Decía que se puede entrar a una universidad de elite por la puerta delantera por méritos propios;  por la puerta trasera pagando 10 veces más; o por “su” puerta lateral a través de donaciones a su fundación The Key. Estas amables donaciones no eran sino sobornos disfrazados, puesto que The Key era una empresa sin fines de lucro y no pagaba impuestos federales, pero usaba el dinero para su bolsillo y para el de diferentes entrenadores deportivos. Estos se comprometían a escoger al hijo de su cliente para el equipo de prestigiosas entidades educativas. Se estima que entre el 2011 y el 2018 recibió 25 millones de dólares en donaciones para sobornar administrativos y entrenadores.

Los padres no ponían reparos a estas donaciones ni a sus montos, sólo le exigían que sus hijos no se enteraran jamás, intensos, negociando desde sus impresionantes mansiones. En el caso de Agustín Huneeus, desde su Viña Quintessa en Napa, California, accede a una donación de 200 mil dólares para gestionar que Jovan Vavic, un exitoso entrenador de waterpolo de la USC, hiciera la vista gorda con su hija.

Para quienes no tuvieran chance con lo deportivo, Rick ofrecía que otra persona rindiera por ellos las exigentes pruebas de selección universitaria -ACT y Sat– y obtener el puntaje necesario. Como ocurrió con la actriz Felicity Huffman y su pago de 15 mil dólares para que su hija fuera admitida. Así, las donaciones y su enriquecimiento no cesaban. “¿No es irónico que las clases acomodadas, con el mejor acceso a la educación, aun así tengan que engañar para entrar la universidad?”, plantea un entrevistado.

Y como siempre hay un justo que paga, en este caso fue John Vandemoer, ex entrenador de vela de la Universidad de Stanford, que inocentemente creyó en Singer, recibió todos sus cheques y los  transfirió al jefe de su unidad. Sin embargo, también creyó en sus postulantes y los seleccionó, entonces cometió el delito, fue condenado, liquidaron su carrera pero no obtuvo ni un peso. La plata siempre se la quedó Stanford y nunca la devolvió.

Rick cayó casi por azar tras la detención en un tema de fraude bursátil de un tipo que involucró a un entrenador y éste a Singer. Fiel a su estilo oportunista, se convirtió en un colaborador de la investigación y comenzó a grabar conversaciones con sus clientes tramposamente hasta que cayeron los padres y apareció el fraude a los hijos. Rick Singer aún espera sentencia y la puerta lateral a la universidad está cerrada, pero la puerta trasera sigue abierta…

¿Cómo andamos por casa? 100 min. En Netflix.

Tráiler aquí.

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