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Publicado el 26 de julio, 2018

Smart TV, la columna de Fernanda Demaria: Un duro golpe al buen periodismo

Autor:

Pía Orellana

Nuevamente queda en evidencia la compleja realidad que enfrentan los medios tradicionales. El emblemático diario The New York Daily News despidió a la mitad de sus reporteros. En la era digital depender de la publicidad para sobrevivir ya no es una opción y se hace inminente generar nuevas fuentes de ingresos. El periódico inglés The Guardian lo hizo y desarrolló “una tercera forma para pagar por el periodismo de calidad”.
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Pía Orellana

Esta semana <b>The New York Daily News,</b> uno de los periódicos más importantes de Estados Unidos, acaparó los titulares de la prensa mundial. Lamentablemente no fue por la calidad de sus reportajes -por los que ha ganado 11 premios Pulitzer-, sino por el despido de gran parte del equipo editorial. Así,<b> a meses de cumplir 100 años desde que el primer ejemplar vio la luz, uno de los diarios ícono de Norteamérica se suma a la lista de tabloides con severos problemas financieros que luchan por sobrevivir en la era digital.</b>

Tan sólo 24 horas después del huracán provocado por The News, <b>el diario inglés The Guardian anunció que tras años de pérdidas estaba superando la crisis. El modelo de negocios desarrollado, en el cual las donaciones son clave, permitió que se alcanzara un punto de equilibrio.</b> Dentro de las buenas noticias destaca que por primera vez en su historia los ingresos digitales fueron mayores que los obtenidos a través de los medios impresos y de eventos. Una señal alentadora que abre nuevos caminos en un escenario complejo e incierto.
<blockquote>Más de un tercio de los grandes periódicos norteamericanos vio reducida su planta entre enero del 2017 y abril del 2018.</blockquote>
Si bien The New York Daily News no es el primer periódico en enfrentarse a una situación de esta naturaleza, su caso resulta emblemático. <b>Fundado en 1919, llegó a tener la mayor circulación de todo Estados Unidos. </b>Con cerca de 200.000, ejemplares se encuentra entre los 10 diarios con mayor tirada. Pero ésta cae día a día. En un mundo donde los lectores se inclinan cada vez más por internet, los medios tradicionales no cuentan con publicidad ni con lectores ávidos de información que esperen la edición impresa y estén dispuestos a pagar por ella.

<b>De acuerdo con el estudio del Pew Research Center, que paradójicamente fue revelado el mismo día de los despidos, más de un tercio de los grandes periódicos norteamericanos vio reducida su planta entre enero del 2017 y abril del 2018.</b> En el caso del Daily News, en el equipo de redacción se mantienen cerca de 40 empleados a tiempo completo -llegó a tener más de 250- y en los últimos tres años las pérdidas superan los 90 millones de dólares. El mail enviado a los empleados al momento de anunciar los despidos señalaba: “Las decisiones que se anuncian hoy reflejan la realidad de nuestro negocio y la necesidad de adaptarnos a un entorno de medios en constante cambio”.

<b>Sin duda un duro golpe para el periodismo de calidad. </b>Difícil imaginar con un equipo así la realización de reportajes como el que destapó la forma en que el Departamento de Policía de Nueva York abusó de leyes para desalojar de sus casas a cientos de personas, por el cual The News compartió un Premio Pulitzer con ProPublica en 2017; o el relato que reveló los problemas de salud de los socorristas tras el colapso de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, el que también les entregó el máximo galardón de los premios anuales para periódicos, revistas y coberturas digitales. Lamentablemente, en esta nueva etapa los ejecutivos ya anunciaron que la cobertura se reorientaría a “noticias de última hora, especialmente en áreas de crimen, justicia civil y responsabilidad pública”.
<blockquote>¿Cómo lo hizo The Guardian para salir de la crisis? El punto fuerte estuvo en la implementación a partir del 2016 de un nuevo modelo que se apoya en un sistema de contribuciones en línea, membresías y filatropía.</blockquote>
<b>También resulta complejo pensar en cómo este medio podrá continuar siendo contraparte del New York Post, periódico que, a diferencia de The News, tiene un claro sesgo pro gobierno. </b>Durante los últimos meses, las portadas del Daily News han sido una importante tribuna para criticar a Donald Trump. Sin ir más lejos, la semana pasada calificaron la reunión del Presidente de Estados Unidos con Vladimir Putin como “Traición abierta”. Bajo esas palabras, la caricatura que ocupaba la primera página mostraba a Trump tomando con una de sus manos la del Presidente de Rusia, mientras con la otra sostenía una pistola frente a la cabeza del Tío Sam. “Si odias la democracia y piensas que los gobiernos locales deben operar sin control y en la oscuridad, entonces hoy es un buen día para ti”, tuiteó Jim Rich, el despedido director, quien ahora se describe en twitter como “un hombre sentado en su casa viendo cómo el periodismo se estrangula en la extinción”.

Pero afortunadamente hay otras salidas. Guardian Media Group -dueño de los periódicos The Guardian y The Observer- anunció que está alcanzando el punto de equilibrio tras reducir sus pérdidas a la mitad.<b> ¿Cómo lo hizo? Tomando una serie de medidas, entre ellas el cambio a un formato más económico y un arduo trabajo en internet. </b>Sin embargo, <b>el punto fuerte estuvo en la implementación a partir del 2016 de un nuevo modelo que se apoya en un sistema de contribuciones en línea, membresías y filatropía.</b> De acuerdo con el director ejecutivo David Pensel, con esto GMC creó una “tercera forma de pagar por el periodismo de calidad”. Según él, gracias al éxito de las diversas estrategias implementadas pasaron de ser “el noveno periódico más grande en el Reino Unido al tercero más grande en el mundo”. Un mundo en el que la forma tradicional de enfrentar el negocio editorial no tiene cabida. Y donde el desarrollo de nuevas estrategias permitirán que baluartes de la prensa sigan desarrollando un periodismo de calidad, ese que requiere tiempo e investigación y que permite al “cuarto poder” jugar un rol clave en el funcionamiento de la democracia.

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