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Publicado el 14 de marzo, 2019

Smart Media, la columna de Fernanda Demaria: ¿Es posible admirar a un pedófilo?

Autor:

Fernanda Demaria

En el documental “Leaving Neverland” –que se estrena este fin de semana por HBO en Chile- aparece el lado más oscuro de Michael Jackson. Los testimonios de dos de sus supuestas víctimas hacen difícil creer que el Rey del Pop no fuera un abusador sexual. Un trabajo de gran calidad que tiene a su música vetada en varias emisoras, medida que pone en tela de juicio la opción de separar o no al artista de su obra.

Autor:

Fernanda Demaria

Sin duda el documental más polémico y controversial estrenado en el último tiempo es “Leaving Neverland”. En cerca de 4 horas cae el mito de Michael Jackson. Los desgarradores testimonios de dos de sus supuestas víctimas lo develan como un pedófilo capaz de abusar sexualmente por años de menores de edad. Si bien hace más de una década ellos mismos habían negado cualquier tipo de excesos por parte del artista, ahora comparten detalles y descripciones explícitas que pueden resultar bastante perturbadoras. Un documental de factura delicada que no deja a nadie indiferente y otorga poco espacio para poner en duda las palabras de estos hombres. Y que será emitido en Chile el sábado 16 de marzo y el domingo 17 a las 20:00 horas por HBO y HBO Go.

Si bien Wade Robson -36 años- y James Safechuck -41- no guardaban ninguna relación entre ellos, sus historias son impresionantemente similares. El primero conoció al cantante tras un concurso y el segundo en un comercial de Pepsi, cuando ambos tenían menos de 10 años. Los dos estaban interesados en ser artistas y supuestamente los prepararon y luego abusaron de ellos durante un período de tiempo prolongado.

James -quien aparece en la foto de esta columna- detalla cómo una inocente amistad fue poco a poco convirtiéndose en una relación sexual frente a los ojos de su ingenua madre, la que incluso le permitía dormir en la misma habitación con su ídolo. De acuerdo con Safechuck, el artista le decía que los encuentros eran una “manera aceptable de experimentar el amor” e incluso organizó una suerte de “boda simulada”, con anillo incluído, joya que James aún conserva y que sostiene en sus manos mientras afima: “Todavía es difícil para mí no culparme”.

La producción profundiza en la historia de las familias y de por qué los padres fueron incapaces de ver lo que sucedía frente a sus propios ojos.

Safechuck comenzó a beber y Robson, con solo 7 años, fue expuesto a películas pornográficas. Los excesos no se detienen ahí y continúan hasta que los jóvenes son “desechados” cuando el artista pierde interés en ellos, remplazándolos por niños más pequeños.

La producción profundiza en la historia de las familias y de por qué los padres fueron incapaces de ver lo que sucedía frente a sus propios ojos. Felices de ser invitados privilegiados en Neverland, desconocían lo que pasaba en la habitación de al lado, la cual estaba protegida por un sistema secreto de campanas para avisar cuando otros adultos se acercaban.

Wade y James también explican la razón por la que callaron durante tantos años, que incluso llevó a Wade a declarar en el juicio del 2005, asegurando bajo juramento que el cantante no era un abusador. “Quiero decir la verdad tan fuerte como dije la mentira”, dice Wade, decidido a dejar atrás años de silencio y angustia alimentados por un fuerte sentimiento de culpabilidad.

“Leaving Neverland” se estrenó en el Festival Sundance y posteriormente fue emitido por HBO y Channel 4 (Reino Unido) con excelentes críticas y alta sintonía. Los defensores del artista salieron a las calles de importantes ciudades para apoyar a la ahora estrella caída mientras los familiares de Jackson demandaron a HBO por más de USD 100 millones e incluso el día de la emisión del documental contraprogramaron dos de sus conciertos en YouTube.

¿Es válido considerar o no un  trabajo artístico dependiendo de la características morales de su creador? ¿Es posible aislar la obra del autor?

“Leaving Neverland” es tema obligado y abre un debate que involucra a muchos actores. ¿Qué pasará con la música de Michael Jackson? ¿Debe ésta tener presencia en las radios, siendo que es obra de un pedófilo? De acuerdo con The Wall Street Journal, emisoras de Canadá, Nueva Zelanda e Inglaterra optaron por dejar de ponerla. Otras bajaron drásticamente su presencia mientras que, paradójicamente, en sitios como Spotify, su trabajo ha despertado más interés que nunca. Sigue en las listas elaboradas por la empresa de servicio de streaming e incluso su imagen permanece como portada de “All Time Greatest” mientras permanecen activos otros dos registros dedicados al cantante.

¿Es válido considerar o no un  trabajo artístico dependiendo de la características morales de su creador? ¿Es posible aislar la obra del autor? Opiniones hay muchas. Si nos enfrentamos a las letras de las canciones como lo hacemos con una obra literaria, podríamos seguir al filósofo francés Roland Barthes y el famoso ensayo “La muerte del autor”. Para él probablemente sería un error juzgar la discografía de Jackson a la luz de la biografía de su autor ya que si cada vez que leemos un libro nos basamos en aspectos de la vida de su creador para comprenderlo, dejamos de ver que “el texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura” y que nosotros, como seres subjetivos, somos los que les damos el sentido final.

En el otro extremo están quienes consideran que seguir ofreciendo la discografía de un abusador como Jackson es algo impensado, menos aún en una sociedad donde estos temas han cobrado especial relevancia. Son tan graves las acusaciones en su contra que hacer oído sordo y bailar “Billie Jean” constituye una suerte de sacrilegio. Pero, aunque lo deseen e incluso logren que Spotify o Apple Music lo eliminen, en el mundo hay más de 60 millones de copias de “Thriller”, de acuerdo con The Guardian. Exterminarlo resulta, por decir lo menos, utópico.

Según el crítico Alexis Petridis, “no puedes erradicar a Michael Jackson de la historia ya que demasiadas personas tienen gran parte de su vida ligada a su música. Y tal vez no deberías. Quizás está bien que su música siga siendo escuchada, siempre que tenga una advertencia: nos recuerda que las personas terribles pueden hacer un gran arte, que el talento puede armarse de la manera más espantosa, que creer que un artista encarna automáticamente la bondad porque nos gusta su trabajo es un error terrible que puede tener consecuencias terribles”.

Independientemente de la opinión que se tenga respecto de Michael Jackson  y de la eventualidad de separar al artista de su trabajo, lo que no puede quedar fuera del debate es la posibilidad de elegir. Quizás se hará una lectura distinta de la letra de sus canciones y varias de éstas serán reinterpretadas a la luz de este “nuevo Michael”, pero está en manos de cada uno el querer enfrentarse a la propuesta. Su música no puede desaparecer y el oírla o no es una decisión personal. Quizás no deba ser “cabeza de góndola”, pero sí debe estar dentro de las opciones. Negarla es negar parte de la realidad. Una realidad en la que el caso de Michael Jackson está lejos de ser una excepción.

FOTO: CORTESIA DE ALAN LIGHT (QUIEN ADEMAS APARECE EN ELLA, 1988)

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