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Publicado el 16 de mayo, 2019

Renace Normandie, la primera brasserie de Providencia

Autor:

Rodrigo Martínez

Uno siempre vuelve a aquellos lugares donde fue feliz y por lo mismo volví al Normandie para descubrir que tras el incendio por su salón inicial nada ha cambiado en su carta. Ni siquiera los precios, que parecen calcados a los de hace más de una década.

Autor:

Rodrigo Martínez

Hace un mes, un desperfecto eléctrico generó la chispa que dio paso al fuego de uno de los salones de este emblemático restaurante capitalino. Por suerte pudieron salvar el salón contiguo para seguir operando y despachando sus sempiternos platillos, que no se mueven un ápice de la tradición campesina francesa, la misma que han desarrollado desde sus orígenes. Ni el fuego puede transformar la oferta de este lugar donde las buenas noticias son que, precisamente, nada ha cambiado.

Permítaseme un anécdota personal. Durante años viví en un edificio que fue demolido por la voracidad de la industria inmobiliaria. Av. Providencia 1232 fue mi dirección durante cerca de 5 años en un departamento demasiado grande para un par de recién casados. Entonces, por cercanía y por comodidad, el Normandie se transformó en oficina, café, bar, comedor de almuerzo y lo visitamos en soledad, en compañía, en son de paz, con ánimo de camaradería y fue sede de buenos momentos. Uno siempre vuelve a aquellos lugares donde fue feliz y por lo mismo volví al Normandie para descubrir que tras el incendio por su salón inicial nada ha cambiado en su carta. Ni siquiera los precios, que parecen calcados a los de hace más de una década.

El emprendimiento de Jorge Cordero y ahora a cargo de su nieto explica la génesis de otros bistrós en la comuna de Providencia. No por nada, el Normandie es la primera brasserie de Providencia, con su ambiente parisino, con aires de café de artistas e intelectuales, refugio idóneo para cualquier hora del día, para una pausa, para beber una copa, para almorzar, cenar, comer algo después de una función en el teatro cercano. El servicio, casi un clon del elenco inicial. Este activo es parte del “inventario” de un restaurante que tiene un sello literalmente incombustible.

Decenas de veces pude ver allí a Raúl Ruiz, que permanecía observando el devenir y el pasar del ser chileno, con un actuar colectivo que siempre lo llenaba de lo que él llamaba “dilemas visuales”. Más joven, tuve el atrevimiento de acercarme un par de veces a su mesa, saludarlo, conversar brevemente con él, casi con reverencia, con miedo de interrumpirlo.

Visitar el Normandie es volver al pasado culinario de la ciudad. Lo circundante ha cambiado muchísimo, los cocineros cambian sus cartas con pasmosa vertiginosidad, pero acá todo se detiene, sobre todo en horario valle (entre el almuerzo y la cena) es un remanso, una querida guarida, que no falla, que no cambia. Ergo, no hay nostalgia. Sigue firme su Plat de Jour ($3.700), la Sopa de cebollas ($4.800), los Roll Mops ($7.700), los emblemáticos Mules au Vin Blanc ($9.500) que son los choritos con papas fritas más fragantes de la ciudad y que llegan a la mesa en una marmita humeante de la que comen y se reconfortan desde dos hasta tres almas. Este reducto enarbola con orgullo una cocina sencilla, pero directa al paladar. Celebremos entonces con esas cosas que ni el fuego ni el tiempo logran cambiar.

Normandie. Av. Providencia 1234, Providencia (ver mapa). Teléfono 2 2236 3011. Abierto de lunes a sábado de 10.00 a 0.00 horas. www.normandie1234.cl

 

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