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Publicado el 15 de abril, 2021

“Made You Look”: Un engaño sospechosamente fácil

Periodista Virginia Araya

Un documental que aborda la falsificación de obras de arte que afectó en los 90 a la prestigiosa galería Knoedler de Nueva York. Un caso que aún genera suspicacias.

Virginia Araya Periodista

Con este sofisticado título -“Made You Look” (algo así como “Te hizo mirar”)- se nos presenta este documental de Berry Avrich sobre algo “escandaloso”, pero la verdad es que es un escándalo de súper elite que sólo afectó a unos pocos, poquísimos. Lo asombroso es cómo esta elite cayó redondita y cómo el caso se cerró sin dilucidar lo primordial: estuvo o no involucrada Ann Freedman. La duda quedará por siempre.

Freedman, inmutable, respetada y venerada dealer o marchante de arte, con más de 20 años al mando de la prestigiosa galería Knoedler de Nueva York, la más antigua de la ciudad (en la icónica calle 57) sucumbe a un cuento del tío siete estrellas.

Esta nueva historia en el mundo de la falsificación de arte es así: a mediados de los noventa, la mexicana Glafira Rosales (un personaje) llega a la exclusiva galería Knoedler en Manhattan para ofrecer unos cuadros que llevaba en “la maleta de su auto”, de grandísimos pintores del expresionismo abstracto de los 50: ni más ni menos que de Robert Motherwell, Jackson Pollock y Mark Rothko, entre otros. Ann la recibe sin mucho cuestionamiento y cae obnubilada ante magna oferta, y si bien pide opiniones que avalen su autenticidad (como la de David Anfam, experto británico en Rothko), ninguno de los involucrados se explica por qué se lo creyó todo. Tan sospechoso resulta que varios la señalan como la intrigante y responsable detrás.

Las obras maestras inéditas a precios millonarios no tienen problema para encontrar compradores y obviamente las finanzas de la Knoedler Gallery, propiedad del bronceado y frívolo millonario Armand Hammer (a la sazón padre del actor Armie Hammer, caído recientemente en desgracia por abusos de violación y maltratos con sus parejas) se vieron gratamente incrementadas. Entre 1994 y 2009, cuando estalló el fraude y Freedman renunció, se habían vendido 60 cuadros por un monto de U$80,7 millones de dólares (la comisión recibida por Ann se estima en U$10 millones de dólares).

Los cuestionamientos a la autenticidad de las obras comenzaron cuando el coleccionista (y presidente de Sotheby’s) Domenico de Sole llevó uno de sus cuadros a un examen forense y reveló que los pigmentos usados en el lienzo eran posteriores a la muerte del autor. Había comprado un Rothko por U$8,3 millones y resulta que lo había pintado un chino en un garaje de  una simple casa en Queens. Explotó de indignación (junto a su vengativa esposa que lloró en la corte) y demandó a la galería, a la que se sumaron otras diez. No fue fácil llegar a tribunales y como en otros tantos emblemáticos juicios en Estados Unidos, “agarraron” a Hammer y su galería a través de los impuestos (¿se acuerdan de Al Capone?).

Comenzó la investigación del FBI y descubrieron que en realidad el autor era Pei-Shen Qian, un inmigrante chino, pintor, contratado por la pareja de Glafira, un singular “chanta” llamado José Carlos Bergantiños (de Lugo, España), cuyo testimonio/negación es lo más freak del documental. Qian trató de vivir de su arte en la Gran Manzana, pero como no tuvo éxito, ejercía de profesor de matemáticas hasta que fue contratado por Bergantiños.

Su trabajo era tan prolijo –untaba té verde y polvo de la aspiradora para darle a los lienzos un look gastado- que hasta el hijo de Rothko, Mark, se emocionó al ver el supuesto cuadro de su padre. Y es que, como apunta el documental, en el lejano oriente la copia es aplaudida como un homenaje a la obra original, a diferencia de occidente. Antes de que pudieran arrestarlo, regresó a China.

Hammer tuvo una actitud de lavado de manos, llegó a acuerdos extrajudiciales y antes de que pudiera quedar en cero, cerró la galería en 2011 dejando la posibilidad de reabrirla. Y Freedman, sin vergüenza pero estupefacta hasta el final, sigue como art dealer.

Todo muy bizarro. Poco creíble que a ninguno de los connoisseurs, que habían escrito libros y catalogado obras de los artistas falsificados, les haya “caído la chaucha”. Por ejemplo, en uno de los cuadros de Pollock, se descubrió que la pintura amarilla utilizada se empezó a vender en los 70 pero Pollock murió ¡el 56!

Para coleccionistas de arte y buenos pintores aficionados. 1 hr 30 min. En Netflix.

Tráiler aquí.

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