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Publicado el 05 de noviembre, 2020

Libro/Película: Una Rebecca estilosa… pero no misteriosa

Periodista Ana María Gálmez

Ocho décadas después que Alfred Hitchcock ganará el Oscar a la mejor película con su versión cinematográfica de este clásico de la literatura, Netflix estrena su adaptación de la novela de Daphne du Maurier. Un relato gótico que perturbó a miles de adolescentes desde su lanzamiento en 1938. Un drama psicológico/romántico que esperábamos con ansias quienes leímos y nos desvelamos con la misteriosa casa de Manderley y sus fantasmas.

Ana María Gálmez Periodista

La nueva versión de Rebecca, dirigida por Ben Weathley y protagonizada por Lily James y Armie Hammer es bastante más deslavada, que la cinta que produjo hace 80 años Alfred Hitchcock y que hizo millonaria a su autora, poniendo de manifiesto los miedos y fantasías de Daphne du Maurier. Relación que persistió cuando el director británico también llevó a la gran pantalla dos de sus relatos, La posada de Jamaica (1939) y Los pájaros (1963), imperdibles en lectura y cine.

Pero vámonos a la actual Rebecca y a la nueva señora de Winter; a Maxim, el viudo acongojado que vuelve a encontrar el amor en Mónaco y a la maligna ama de llaves, Mrs. Danvers, protagonizada por Kristin Scott Thomas.

La película comienza con el encuentro entre una joven asistente (de la cual nunca sabremos su nombre) de una horrorosa millonaria norteamericana y Max de Winter, el acongojado viudo que se supone llora las penas de su viudez en hoteles y panoramas de lujo en Mónaco y vestido de lino dorado. Allí, entre paseos en un Bentley descapotable, desayunos con ostras, picnics con caviar y champagne y unas tenidas de la mejor producción en modo Vogue de la protagonista, la joven contrae un matrimonio exprés, convirtiéndose en la nueva señora de Winter.

Después de una romántica luna de miel por Europa se instalan en la mansión heredada por generaciones de Winters, bautizada como Manderley y situada en Cornualles, Inglaterra, al borde de una playa que está a los pies de los acantilados y con una costa donde han naufragado numerosas embarcaciones. En la playa, una pequeña casa de botes, que también es un cofre de misterios. Lo que la pobre recién casada no sabe, es que junto con poner un pie en su nueva casa, entrará de su mano el fantasma de Rebeca (la primera mujer de Maxim), que la rodeará como una sombra perniciosa día y noche y que literalmente convertirá su vida en un drama.

La casa está tal como la dejó su anterior dueña. Su dormitorio principal intacto, sus lujosas ropas colgadas en sus armarios, su papelería en los cajones, los cuadernos que dan cuenta de lujosas fiestas y listas de invitados… Todo huele a su antigua dueña, una mujer al parecer de una belleza infartante y de un gusto exquisito. Pero su misteriosa muerte y los recuerdos de Max de su anterior vida conyugal es otro armario inexpugnable.

La crítica en general ha sido dura con esta versión. Naturalmente todos comparan este remake con la premiada versión de Alfred Hitchcock. En esta Rebecca los protagonistas están más cercanos en edad; en el caso del cineasta británico, Maxim (encarnado por Laurence Olivier) era 20 años mayor que su mujer (Joan Fontaine) y un hombre amargado. El nuevo señor de Winter es un tipo amable, estiloso, un poco plano psicológicamente, pero más vulnerable y traumado.

Tal vez la gracia que aporta la apuesta Netflix es que transforma a la protagonista, una joven mujer pueblerina, que poco a poco se empodera en el rol de heroína y que se pone como objetivo rescatar a su enamorado de los fantasmas que lo tienen encarcelado.

Notable es la fiesta de disfraces, un gran baile que organiza la nueva señora de Winter para devolverle a la época de oro a la mansión y donde mal aconsejada por la funesta y retorcida ama de llaves se viste, sin saberlo, con un traje de Rebeca, lo que causa una gran crisis en la pareja por la violenta reacción de Maxim.

Una de las fortalezas de la cinta -que la diferencian de la novela y de su adaptación original- es que se guarda casi hasta el final las causas de la muerte de Rebecca, lo que mantiene la intriga hasta último momento. En el caso de la novela y en la primera película esto se desvela desde un comienzo.

Como thriller es perfecta; es tensa, intrigante y macabra. Lo mejor son los primeros momentos, donde comienza el romance, porque hay mucho encanto, paisajes de ensueño, una protagonista estilosa a la que uno le robaría su armario completo y un viudo guapo, encantador y dueño de un sarcasmo que enamoraría a cualquiera.

Pero a partir de la llegada a Manderley, la película comienza a hacerse larga, monótona, cansadora en su intrigante misterio y,  por qué no decirlo, por momentos aburrida. Creo que el punto más débil es el papel que hace Armie Hammer; no logra trasmitir las emociones y sufrimientos que corroen el interior de Maxim de Winter. Incluso Kristin Scott Thomas, tremenda actriz, construye un personaje acartonado que no logra enganchar con el espectador.

Recomiendo quedarse con la novela original, que es un imperdible, y con la versión de Hitchcock que tiene los méritos un Oscar por mejor película, porque realmente, a quienes gustan del suspenso, hace saltar de temor con todo lo que encierra Manderley y su guion tiene la misma fuerza que el relato de Daphne du Maurier.

Dos horas que podrían dedicarse a mejores series y/o películas.

Una oportunidad que Netflix se farreó.

Puedes ver el trailer aquí.

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