Que el morbo o fisgoneo a los ricos y famosos funciona, y que la familia afectada desmienta y se sienta decepcionada, son clichés que se dan en House of Gucci (La Casa Gucci), obvio. Es cierto también que el guion queda al debe en profundizar emocional y psicológicamente el comportamiento de los personajes, pero, aún así, entretiene en sus casi tres horas de duración. Con un elenco rimbombante y bajo la dirección del laureado Ridley Scott (Blade Runner, Gladiador, Thelma & Louise), la película se basa en el libro The House of Gucci: A Sensational Story of Murder, Madness, Glamour, and Greed de Sara Gay Forden, con una potente producción en vestuario (54 atuendos solo para Gaga, sin repetir ni los accesorios) y locaciones en Roma, Milán, Florencia, Lago di Como, los Alpes, Nueva York. Es como ver una serie de televisión de un round, algo así como revivir “Dinastía”, ¿se acuerdan?

House of Gucci cuenta la historia de la mítica familia italiana entre 1970 y 1995, una época en la que la moda cambió drásticamente y debieron hacer frente a problemas financieros, decaimiento de la marca, falsificaciones, cambio generacional, innovación, etc. Complejos desafíos para mantener la impronta de este sello de lujo, fundada por Guccio Gucci hace cien años en Florencia y que se convirtió con sus “G” entrelazadas en sinónimo de lujo por la calidad de su marroquinería y vestuario.

Al ritmo de Donna Summer comienza el romance forzado entre Patrizia Reggiani (Lady Gaga, soberbia) y Maurizio Gucci (Adam Driver). Ella, curvilínea y astuta demás, no le da tregua, y él -ganso e inseguro estudiante de leyes- cae redondo, a pesar de las advertencias de su severo y aristocrático padre Rodolfo (Jeremy Irons). Para Maurizio el amor es más fuerte, deja todo por Patrizia y se casan en 1973 ante la ausencia de familiares Gucci. Ella, hija adoptiva de un empresario camionero -trepadora, ambiciosa, ostentosa y con look Elizabeth Taylor-, de a poco, va aprovechando las oportunidades para insertarse en la familia y lograr que su maridito tome el poder Gucci. Clave para lograr su objetivo es el tío Aldo (Al Pacino, encantador chapurreando japonés), opuesto en carácter a su hermano Rodolfo, alegre y vividor, a cargo de la división de la tienda en Nueva York. Pero nada es fácil y pasan muchas cosas entretanto, especialmente los reclamos por participar y ser respetado del hijo de Aldo, Paolo (Jared Letho, irreconocible y en exceso histriónico). Hasta su propio padre lo reconoce como un “inútil”, pero aporta una frase notable: “no confundir la mierda con el chocolate, parecen lo mismo pero no lo son y tampoco saben igual”.

Traiciones y cárcel de por medio en la lucha por el control de la empresa, se va ensuciando todo y también se van abriendo los ojos de Maurizio sobre la manipulación de Patrizia. En mayo de 1985, tras 12 años de matrimonio y dos hijas (aunque en la película solo aparece una), Maurizio la abandona e inicia una relación con Paola Franchie (Camille Cottin). Paralelamente, la compañía se afirma, contratan al entonces prometedor joven diseñador estadounidense Tom Ford, y disfrutan una vida de súper lujo.

Patrizia no acepta la ruptura, la invade el resentimiento y la venganza, tanto, que acude nuevamente a su “gurú” Pina (Salma Hayek) en busca de un conjuro más radical. Ella es el puente a los sicarios que finalmente contrata para asesinar a Maurizio (46) la mañana del 27 de marzo de 1995, cuando entraba a su oficina, en lo que se convirtió en un escándalo pasional de proporciones.

Esta frialdad -y no solo sus llamativos accesorios- llevó a que la prensa italiana la apodara la «Joan Collins de Monte Napoleone» (la calle más elegante en Milán), y su famosa frase «es mejor llorar en un Rolls-Royce que ser feliz en una bicicleta», lo subrayó.

«Estoy bastante molesta por el hecho de que Lady Gaga me interprete en la nueva película de Ridley Scott sin haber tenido la consideración y sensibilidad para venir a conocerme», declaró Raggiani sobre la producción.

Casi dos años después del asesinato de Maurizio, la arrestaron en la puerta de la famosa casa en Corso Venezia. La policía tenía pruebas de que había ordenado matar a su exmarido pagando a un sicario US$375.000 para cometer el crimen. Fue condenada a 29 años de prisión, en el 2000 se le redujo a 26 y en 2016, tras 18 años encarcelada, fue liberada por buen comportamiento. Desde su salida, vive en Milán, donde ha sido vista con su loro-mascota sobre el hombro. Según informes de prensa, gracias a un acuerdo firmado en 1993, Patrizia cobra más de US$1 millón al año de la herencia de Gucci.

Referencia glamorosa: la visita de Sophia Loren a la tienda milanesa de Vía Condotti.

Para fanáticos de Lady Gaga y la moda. Muy buena banda sonora matizada con arias operáticas. 155 min. +14. En todos los cines.

Tráiler aquí.