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Publicado el 11 de diciembre, 2015

House of Cards: la pérdida de la inocencia política

La narración en primera persona que realiza Frank Underwood hacia el espectador nos convierte en testigos y confidentes de sus maniobras para desestabilizar al Presidente, dejándonos con el sabor amargo de presenciar el triunfo del interés privado en su máxima expresión.

Un amigo me enseñaba que la construcción del “espectáculo” político requiere un antagonismo de ideas: el “bueno” y el “malo” se necesitan mutuamente. Para quienes crecimos viendo The West Wing –la serie transmitida en Chile por Warner– era imposible no empatizar con la figura del Presidente de los Estados Unidos, el demócrata Jeff Bartlet, y su equipo de asesores que día a día luchaban contra la burocracia del Capitolio para desarrollar un programa de gobierno en beneficio de todo el pueblo americano.

House of Cards –la serie de Netflix que va en su tercera temporada– no se trata de la política como interés público. La política es un juego de poder, uno en el cual el demócrata y congresista Francis “Frank” Underwood fue traicionado. El Presidente electo le ha prometido a Frank nominarlo como Secretario de Estado. Sin embargo, decide no cumplir su promesa. Así, House of Cards se inicia como la narración de la historia de la venganza de Frank Underwood contra el Presidente electo de los Estados Unidos. Un enemigo poderoso de vencer, pero Frank tiene la receta: las ballenas se devoran “de un mordisco a la vez”.

La narración en primera persona que realiza Frank Underwood hacia el espectador nos convierte en testigos y confidentes de sus maniobras para desestabilizar al Presidente, dejándonos con el sabor amargo de presenciar el triunfo del interés privado en su máxima expresión: en la política, Frank sólo busca aumentar su poder y llegar a la punta de la cadena alimenticia. Los lobistas -como Remy Danton– sólo quieren regulaciones beneficiosas para sus empresas. Las ONG –como la que lidera Claire Underwood, mujer de Frank– buscan dinero para sobrevivir, no importa de dónde venga. Los medios de comunicación –encarnados en Zoe Barnes– sólo quieren obtener la exclusiva para sobresalir del montón, cueste lo que cueste.

La empatía que se genera con Frank y su jefe de gabinete, Doug Stamper, se transforma en culposa complicidad a lo largo de tres temporadas. Aprendemos que la mejor forma de no registrar reuniones con lobistas es, simplemente, encontrarse casualmente en restaurantes o pasillos. Nos muestra que es imposible respetar a alguien que no ve diferencia entre el dinero y el poder: “El dinero es el palacio en Sarasota que comienza a derrumbarse después de diez años. El poder es el antiguo edificio de piedra que se mantiene en pie por siglos”. Los medios de comunicación son necesarios para filtrar proyectos de ley, posicionar candidatos propios o destruir a los rivales. Cuando dejan de ser útiles –o al contrario, comienzan a hacer demasiadas preguntas– es mejor desecharlos.

El desprecio de Frank Underwood por el dinero se convierte en su peor enemigo mientras avanza la serie, y lo vemos desesperado al no encontrar financiamiento para su próxima campaña electoral.  Ni la adversidad política, ni la espalda de sus colegas, ni su matrimonio, ni el Presidente de Rusia, logran exponer la debilidad de Frank como lo hace rogarle a “millonarios veinteañeros” que apoyen su campaña política. Aquel hombre “eficiente sin piedad”, como lo definió el Presidente Obama, que no lloró ni con la muerte de su padre, termina llorando en su oficina por dinero.

House of Cards es una serie que incentiva la pérdida de la inocencia; que ayuda a  cuestionarse el rol del interés privado, pero que no puede capturarnos en la suspicacia de sospechar todo en contra de la política. No necesitamos más desconfianza, pero sí menos candidez, y la actual conciencia contralora de la ciudadanía sobre la política es la mejor receta –a mi parecer- para convertir a House of Cards en una entretenidísima serie de ficción, y mantenerla como ficción.

 

Felipe Bravo Alliende, abogado.

 

House of Cards

Temporadas: 3
Capítulos: 39
Creador: Beau Willimon
Dónde verla: Netflix
Calificación en IMDb: 9
Trailer:

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