Por si usted no lo sabía, este domingo hay elecciones. Sí, suena un poco absurdo tener que recordarlo -especialmente en un medio como El Líbero– pero la elocución tiene que ver con el poco espíritu electoral que se vive por estos días. A pesar de la franja, de los buenos programas de debates y de las proyecciones de una alta participación, hoy se vive un momento de “bajo interés político”. Es como si la elección del domingo fuera la madre de ninguna de las batallas.
¿A qué se debe esto? Los fenómenos sociales son siempre multicausales, y aunque sería necesario mirar el proceso con mayor detención, desde ya se pueden ofrecer algunas conjeturas: primero, se nota un tedio de la sociedad civil en relación a los temas electorales. Y no es para menos; la democracia representativa nació por algo. La gente no quiere estar decidiendo cada cosa. Para eso tenemos a los políticos ¿no?
Dicho de otro modo, podríamos decir que “después de la tormenta siempre viene la calma”. Luego de varios años de mucho ajetreo social, la gente no quiere más movimientos telúricos. Prefiere encerrarse a ver Netflix o trotar, o no hacer nada. No deja de ser curioso que, en la actualidad, el mundo público es visto como una carga, mientras que para los antiguos era un privilegio. Pero bueno, la cosa es que después de tantos años de movilización, hoy muchos no quieren movilizarse más. Y esto no es un hecho aislado en Chile. De hecho, es cosa de darse una vuelta por Cuba y reparar en los tremendos esfuerzos que debe hacer el régimen castrista para “mantener viva la revolución, chico” (sobre este tema, recomiendo una columna publicada por Abraham Jiménez en el Washington Post).
Pero hay más: a lo anterior debiéramos sumar el hecho que, después del circo constituyente, hay poca esperanza en lo que pueda resultar de este proceso. La ciudadanía está desafectada, y hasta desesperanzada (más del 60% declara no tener nada de confianza en el nuevo proceso, según una reciente encuesta Pulso Ciudadano, de Activa Research). Mucha gente declara que va a rechazar lo que venga, da lo mismo lo que sea. Y lamentablemente, los extremos -en la izquierda y en la derecha- han ayudado poco a revertir ese ambiente.
En tercer lugar, el poco interés puede deberse a las reglas del nuevo proceso. Precisamente con el fin de evitar un nuevo desastre, el Congreso acordó reglas procedimentales bastante más serias y acotadas. Y por lo mismo, más fomes. Los pueblos originarios no tendrán la sobrerrepresentación que tuvieron en la Convención y los líderes activistas de movimientos sociales que intentaron continuamente llevarse la pelota para la cosa deberán mirar el debate por Youtube. Y si consideramos que estos agitadores son motores de bastante crispación social, era esperable que hubiera menos interés por parte de la opinión pública.
Theodore Lowi dijo alguna vez que la política es movida por el conflicto, y aunque sería ingenuo decir que los tiempos actuales carecen de conflicto, es verdad que éste ha sido trasladado al terreno de la seguridad, el orden público y la migración. No hacia los asuntos políticos o las definiciones país, que son el alimento para un movimiento social por una nueva Constitución.
Pese a lo anterior, no podemos engañarnos. Que hoy no haya tanto interés en la votación del domingo, o que no se note la fiebre social que se notó en los últimos años, no significa que haya que echar bajo la alfombra todo lo aprendido en los últimos años, esperando sentados el siguiente estallido social. Al contrario, tenemos que tomar ventaja de esta marea baja, para alcanzar los consensos necesarios que nos permitan darle estabilidad al país por los próximos 30 o 40 años. De eso se trata, al final del día, gran parte de la discusión política.
Por ende, en tal sentido, puede que esta elección sí sea la madre de al menos alguna batalla. Sin ir más lejos, implicará un rebaraje del poder político. Como toda mid-term election, será apreciada como un plebiscito a la gestión del Presidente Boric, y es muy probable que la oposición supere en escaños al oficialismo.
A su vez, dentro de la oposición, todos tendrán algo que celebrar: el PDG -que hoy no tiene senadores- asomará como una fuerza nueva y potente, ya que más de algún escaño conseguirá; los Republicanos quizás se conviertan en el partido más votado; y Chile Seguro podrá decir que será la coalición con más representación en el nuevo órgano constitucional. Luego, puede que el domingo 7 sea un día fome, pero sin lugar a dudas el lunes 8, día de análisis y de cuchillos largos, será muy entretenido.
