Mientras los ucranianos muestran al mundo su unidad, en Chile la Convención Constitucional se ha empeñado en lo contrario: aprobó un artículo que define a nuestro país como un Estado regional, plurinacional e intercultural conformado por entidades territoriales autónomas y esta semana le siguió otro sobre el pluralismo jurídico. Sin embargo, en toda esta discusión se está olvidando un dato no menor: desde nuestros orígenes existe plena consciencia de la inclusión de todos quienes forman a Chile. El mejor ejemplo, nuestra bandera y el sello de O´Higgins.

Se ha instalado en la opinión pública que el pabellón nacional no representa a todos. Le han cambiado el color y en su reemplazo han izado el símbolo mapuche creado en 1992.  Sin embargo, la franja tricolor acompañada de la estrella solitaria no es casualidad. La unidad en la diversidad es el mensaje y, al igual que hace más de dos siglos, debería marcar la pauta en la discusión pública de hoy.

Bernardo O´Higgins conocía muy bien la cultura mapuche. Durante sus estudios en Chillán compartió aulas con hijos de caciques que le mostraron de primera fuente su estilo de vida y, con esos conocimientos en mente, diseñó una bandera que incluyera a todas las culturas y firmó un decreto donde definía el ser chileno. Nada fue al azar. El amarillo de la primera bandera fue reemplazado por el rojo y luego se incluyó a la estrella solitaria. “Por los pechos al sesgo atravesadas bandas azules, blancas y encarnadas”, escribía Alonso de Ercilla en el canto XXI de La Araucana. Los mismos colores usados por los mapuches se incorporaban a nuestra bandera. Pero eso no fue todo. En su afán por mostrar unidad sin olvidar la diversidad, O´Higgins rescata la estrella, esa que representaba al planeta Venus, o Wünelfe como lo llamaban los araucanos, y la misma que esos pueblos utilizaron en sus pendones de batalla.

Sí. Nuestra bandera, esa azul, roja y blanca decorada por una estrella, representa la diversidad cultural que desde los orígenes ha marcado el desarrollo de nuestro país. Podrán pintarla de negro y pisarla a modo de insulto, pero no podrán separarla del concepto de diversidad. Insultar el pabellón nacional es insultar a los chilenos, esos que obtienen su denominación en 1818 mediante el decreto del 3 de julio que afirma que “el español natural de tal parte, que hasta hoy se ha usado, se sustituya por lo de chileno de tal parte”. Además, en 1819 se extiende la ciudadanía chilena y, pensando en los indígenas, el decreto reza que “para lo sucesivo deben ser llamados ciudadanos chilenos, y libres como los demás habitantes del Estado con quienes tendrán igual voz y representación (…)”.

El 18 de octubre es una fecha importante en el desarrollo de Chile: en 1817 se crea la bandera como símbolo que representará la unión de la cultura Occidental y Mapuche y en 2019 se inicia un proceso que mediante la violencia ha insistido en separar esa unión.

Somos un Estado unitario que nace de la diversidad y se nutre de ella. No forcemos por ideología separar algo que se origina en el profundo conocimiento de las distintas culturas y que nos ha representado siempre. Somos unión en la diversidad. Una estrella, una bandera, un solo Chile. No olvidemos esto al momento de debatir la nueva Constitución.

*Pilar Lizana es investigadora AthenaLab

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