El domingo recién pasado una atrevida convencional osó cuestionar el carácter paritario del futuro órgano constituyente, suponiendo que ganara el Rechazo, que continuara el proceso constituyente y que se llamara a una Convención 2.0.

Indignadas, las feministas defensoras de tan justo principio democrático señalaron que “el derecho de que la exconvencional hace uso para expresarse, se lo debe a millones de mujeres y feministas que corrieron los límites para lograr cambios”. Es decir, gracias al feminismo, y solo gracias a él, la mujer podría expresarse en el mundo de hoy (claro, como si Isabel la Católica, Hildegarda von Bingen, o Leonor de Aquitania hubiesen sido hombres). Simplificaciones tan burdas de la realidad son propias de las ideologías, y el feminismo no es la excepción. Hoy se suele hablar de “ideologías” para significar simple pensamiento político, pero lo cierto es que una ideología es algo mucho más determinado que eso… y más terrible. 

Como señala Juan Antonio Widow, la ideología es un sistema cerrado de ideas que se convierte en la fuente de toda verdad y de la rectitud práctica y moral. Así, no importa tanto lo que la persona y la sociedad sea, sino lo que deben ser, amoldados por la ideología, que sabe cuál es su verdadero ser. Por ello, los conceptos ya no se ocupan para entender la realidad sino para volver a crearla. Para los defensores de una ideología, afirma dicho autor, ella es verdadera “porque es la única interpretación completa y cabal de la realidad, y no puede haber de esta otra interpretación válida, pues no es admitida por la ideología”. Quien se aparta de la doctrina ideológica, es asistido por esta para que vuelva al estado de alienación lo antes posible. Igualmente, la ideología se caracteriza por promover la afirmación de una absoluta autonomía de la persona. Para lograrlo, la ideología “debe estar en constante proceso de imposición de las formas en que se inspira, tanto en el interior de las personas como en el seno de sus organizaciones”.

También es común que la ideología prometa un futuro mejor, pero que se define por la ausencia de los males que busca erradicar. Por ello, no es un futuro justo, sino de inexistencia de lo que actualmente se considera injusto. Para lograrlo, sus promotores necesitan que la ideología se haga del poder político, pues aspira al totalitarismo. 

Veamos algunas características del feminismo

Para las principales corrientes y autoras feministas, el hombre es, por naturaleza, un machista opresor que debe ser deconstruido. En este sentido, el control de la educación es clave. Los patrones socioculturales que le dan vida a los estereotipos de género que imperan en la sociedad deben ser eliminados, y los órganos del Estado deben colaborar en esta tarea.

Que la violencia la sufra una mujer por parte de otra mujer, que un hombre la sufra de una mujer o la violencia que existe entre hombres, para el feminismo, no es relevante. Así, en su variante de teorías de género, los conceptos de sexo y género diluyen las diferencias naturales entre el hombre y la mujer. Lo anterior provoca divisiones internas. Así, es común escuchar que los hombres no pueden opinar sobre el aborto porque no tienen útero. Pero los hombres, conforme a las teorías de género, sí pueden ser mujeres, aunque no tengan útero, porque es una fobia (una de las tantas) exigir una coherencia biológica externa con su autopercepción interna. La contradicción salta a la vista.

Ante el diagnóstico de una realidad que afecta en algunos aspectos a las mujeres (un sistema estructural machista que oprime a la mujer), la interpretación feminista surge como la única capaz de entregar una solución. Sin perjuicio de que pueden existir ciertos elementos verdaderos en su diagnóstico, ello no quita al feminismo su carácter ideológico. Por ello, a la disidencia se la trata con tono paternalista: o puedes estar en desacuerdo con nosotras, porque la posibilidad de estar en desacuerdo es un logro nuestro, o solo tu ignorancia justifica tu atrevimiento. Para los hombres: al macho se le educa, porque el machismo mata y se debe promover una masculinidad libre de violencia.

El fundamento de las principales causas del feminismo -los derechos sexuales y reproductivos (art. 61), del derecho al libre desarrollo de la personalidad (art. 64) y del derecho a la identidad (art, 62) consagrados en el borrador constitucional– es la autonomía ilimitada, el derecho a decidir.

Así esta libertad negativa sería, como señala Julio Alvear, una libertad de adherirse a un proyecto cualquiera, que no se traduce en otro fundamento que el propio querer. De forma resumida se podría decir que los objetivos buscados por el feminismo se plasman en el borrador constitucional a través de (i) una serie de derechos y garantías que tienen por fundamento y elemento común una autonomía ilimitada, y por (ii) un conjunto de mecanismos, principios e instituciones que buscan asegurar el ejercicio de esos derechos y eliminar los obstáculos que lo impidan.

El Chile del futuro que la marea verde y morada nos promete no será más justo para todos, pues su fin no es el bien común, sino resolver la desigualdad sustantiva de género, aun si ello significa sacrificar a la justicia.

Basta revisar que el nombramiento de las principales carteras de Estado obedeció al principio de paridad, no al de idoneidad. Los resultados saltan a la vista. En el borrador constitucional se refleja en que el enfoque de género sea transversal en el “diseño institucional, de política fiscal y presupuestaria” en todo los poderes y órganos del Estado (art. 6); que la igualdad o enfoque de género sea un principio en el derecho a la educación, salud, cuidado, etc.; que la función jurisdiccional y la función pública deban regirse por la perspectiva de género (arts. 165 y 310), y que todos los órganos autónomos se rijan por el principio de paridad (art. 350).  

El feminismo logró la constitucionalización de su ideología totalitaria. Cuando asumió Gabriel Boric como Presidente de Chile, llamó particularmente a los hombres a tomarse en serio que su gobierno sería uno feminista, “que significa cambiar la manera en la cual nos relacionamos, con la cual vemos el mundo”. ¿Nos tomamos en serio la constitución feminista?

*Roberto Astaburuaga Briseño – Abogado Comunidad y Justicia

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