Ocho sillas dispuestas en un salón del Congreso, en Santiago, la tarde del 1 de julio. Ahí llegó Jorge Quiroz, el ministro de Hacienda que llevaba semanas repitiendo que la negociación tenía un solo cauce —la Comisión de Hacienda— y ninguno más. Ahí llegó también Paulina Núñez, presidenta del Senado, que lo convocó, lo presionó y terminó sentándolo junto a senadores de oposición que pedían esa mesa desde hacía meses. La escena es pequeña, casi de trámite, pero deja ver algo más grande: en Chile, en julio de 2026, quien conduce la política no es siempre quien ocupa el cargo hecho para eso.
La megarreforma de reconstrucción y reactivación de José Antonio Kast se aprobó en general con 26 votos a favor, 23 en contra y una abstención. Un margen que alcanza, pero no sobra un solo voto. Con ese resultado pasó a discusión en particular, con plazo para indicaciones hasta este lunes 6 de julio. Ahí entra Núñez, con una tesis que es política antes que técnica: un proyecto que reordena desde la reconstrucción hasta el sistema tributario completo no se sostiene en el tiempo con una mayoría de ocasión. Necesita, ha dicho, mínimos comunes que excedan los votos del oficialismo.
Quiroz opera con otra lógica, casi contable: ganar por un voto o construir consenso amplio le da lo mismo. Lo que importa es despachar el proyecto, y despacharlo dentro de julio. Es una postura defendible como pura gestión legislativa. Es también, probablemente, un cálculo corto sobre lo que la reforma necesitará para sobrevivir su propia implementación, que es un terreno bastante más largo que el de una votación.
Porque el momento en que esto se tramita no perdona cálculos cortos. El Banco Central acaba de confirmar que la economía chilena tuvo su peor primer trimestre desde la crisis subprime, una contracción de 0,5% que el propio Quiroz atribuye sin dudar a la administración anterior —lo que no cambia el hecho de que es la que él debe revertir—. Abril y mayo profundizaron la tendencia: el Imacec acumula cinco meses seguidos en rojo. El Banco Central ya recortó su proyección de crecimiento para el año a un rango de apenas 1% a 1,75%. Y la minería, el sector que durante veinte años amortiguó cualquier turbulencia doméstica, cae ahora por el simple agotamiento de las minas, no por un shock externo pasajero.
En ese escenario, la pregunta que Núñez plantea sin decirla del todo es si Chile puede darse el lujo de una reforma tributaria y de reconstrucción que nazca con el respaldo justo, en medio de una economía que ya viene golpeada. Una ley aprobada por el margen mínimo queda expuesta a cualquier cambio de mayoría, a cualquier ofensiva fiscalizadora, al eslogan de la próxima campaña que prometa derogarla apenas cambien los números en el Congreso. Una ley con respaldo transversal, en cambio, gana algo parecido a blindaje. Es exactamente el tipo de cálculo que un ministro apurado por el calendario tiende a subestimar, y que una presidenta de Senado con proyección propia —en Renovación Nacional ya la miran como carta presidencial— tiende a cuidar.
Hay algo revelador en que esta lectura venga de RN y no de La Moneda. Núñez ha cultivado, con método, el papel de conductora institucional: llamó tanto a senadores oficialistas como a figuras de oposición —Paulina Vodanovic, Yasna Provoste, Claudia Pascual— para tender puentes que el propio Ejecutivo se negaba a construir. El senador Diego Ibáñez lo dijo sin rodeos: la invitación de la presidenta del Senado llega tarde, porque la oposición ya había pedido tres veces esa mesa técnica y las tres veces se la negaron. Que termine siendo una figura de derecha —y no el gobierno de derecha— quien finalmente abra ese espacio dice bastante sobre dónde vive hoy el instinto de conservación institucional dentro de la propia coalición gobernante.
Los márgenes que ofrece Hacienda son, en todo caso, de detalle: los años de invariabilidad tributaria, el crédito al empleo, la franquicia Sence que la Cámara ya había rechazado. Nada que toque la arquitectura del proyecto. La oposición, mientras tanto, insiste en que el verdadero centro de gravedad no está en lo tributario sino en la permisología ambiental, un frente que corre el riesgo de quedar completamente fuera de foco mientras todos pelean por la reintegración del sistema tributario y la rebaja al impuesto corporativo. Un senador opositor lo resumió sin ánimo de suavizarlo: la oposición pisó el palito.
Lo que falta ver, entre este lunes y lo que queda de julio, es si la mesa que armó Núñez produce algo más que una fotografía de buena voluntad. El gobierno ya trazó su horizonte: quiere la reforma despachada este mes, con los votos que tenga a mano. Núñez apuesta a que ese apuro es justamente el riesgo. Entre la urgencia de un cronograma y la fragilidad de una economía que acumula cinco meses cayendo, alguien va a tener que ceder. Las próximas semanas dirán si en Chile todavía es posible construir un acuerdo amplio antes de que la necesidad de aprobar algo —cualquier cosa— termine pesando más que la calidad de lo que se aprueba.

De lo más imparcial y objetivo el artículo………..y muy convincente….faltó firmar FA/PS
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La gran soberbia que se vive actualmente por algunos actores es la que impide que el gobierno actual, sin necesariamente catalogarlo así a ellos, es lo que produce la desconfianza actual ….