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Publicado el 02 de diciembre, 2018

Ignacio Arteaga: Responsabilidad Familiar Empresarial (RFE)

Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos Ignacio Arteaga
La empresa es responsable de crear las condiciones adecuadas para la vida familiar de sus colaboradores ya que la empresa está al servicio de las familias y no al revés.
Ignacio Arteaga Presidente de USEC - Unión Social de Empresarios, Ejecutivos y Emprendedores Cristianos
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La semana pasada en la ciudad de Lisboa se realizó el encuentro mundial de UNIAPAC, la organización internacional que agrupa a todas las instituciones hermanas de USEC repartidas alrededor del mundo. Fueron tres días de intensas presentaciones, testimonios y reflexiones de hombres y mujeres de empresa que compartimos una misma fe y una misma vocación empresarial. De entre los temas abordados, me llamó la atención uno que se planteó de modo insistente y urgente entre los representantes latinoamericanos: la necesidad de tener “empresas familiarmente responsables”.

 

La Responsabilidad Familiar Empresarial (RFE) no es una mutación o una variación de la llamada Responsabilidad Social Empresarial. Tampoco es un añadido o algo “extra”, sino que está en lo que debiera ser la esencia de las empresas: poner a las personas y sus familias en el centro de las decisiones. El acento de la RFE está en la “F”. La empresa es responsable de crear las condiciones adecuadas para la vida familiar de sus colaboradores ya que la empresa está al servicio de las familias y no al revés. Desarrollar empresas familiarmente responsables forma parte de la noble vocación empresarial que USEC promueve decididamente.

 

Quizás hoy en día no hay otro tipo de institución que sea tan decisiva para el bienestar de las familias como la empresa; y al mismo tiempo no existe otra institución tan decisiva para la sociedad como las familias. Por eso, las empresas deben ser promotoras de familias. Las empresas necesitan del trabajo del hombre y de la mujer; papás y mamás necesitan trabajar; los niños necesitan de la presencia –en cantidad y calidad– de ambos padres; el alma de Chile con las actuales tasas de natalidad regresivas añora que haya más niños. ¿Cómo enfrentamos todas estas necesidades?

 

De modo inconsciente, cuando se habla de prácticas empresariales, primero se piensa en beneficios y flexibilidades para la mujer, cuando es justo al revés. Deberíamos partir por cambiar el rol del hombre tanto en la empresa como en el hogar para así permitir que el rol de la mujer se despliegue en todo su potencial.

 

Tanto la legislación como las prácticas empresariales deben promover de manera equilibrada, conjunta y simultánea tres bienes superiores: la maternidad, la paternidad y la natalidad. Debemos recordar que antiguamente hombres y mujeres trabajaban conjuntamente en el hogar, luego como consecuencia de la revolución industrial el hombre salió del hogar para trabajar. Es así como por razones históricas la empresa fue pensada y liderada por nosotros los hombres. Esa estructura mental y empresarial es la que ahora debemos cambiar para que la empresa sea pensada y liderada por hombres y mujeres. Esto implica permitir y fomentar el genuino rol maternal y también el rol paternal. Debemos incentivar la participación de la madre en la vida laboral y la implicación del padre en la vida familiar; de lo contrario, bajo la estructura actual, el costo en la vida laboral lo seguirán asumiendo las mujeres y el costo en la vida familiar lo seguirán asumiendo los hijos.

 

Existen muchas y muy buenas prácticas empresariales que favorecen modelos de trabajo con flexibilidad horaria, que permiten el trabajo desde lugares alternativos y que evitan largos desplazamientos, que fomentan el cuidado de la familia y que apoyan a la persona para que ella también cuide a su familia. De modo inconsciente, cuando se habla de esto, primero se piensa en beneficios y flexibilidades para la mujer, cuando es justo al revés. Deberíamos partir por cambiar el rol del hombre tanto en la empresa como en el hogar para así permitir que el rol de la mujer se despliegue en todo su potencial. Estas iniciativas requieren que los empresarios, ejecutivos y emprendedores aprendamos a ejercer un liderazgo atento a estos desafíos y, al mismo tiempo, fomentemos la creación de una verdadera cultura de promoción de la familia en la empresa. Poner el foco en la familia implica flexibilidad y creatividad para acoger las necesidades de las múltiples realidades familiares: mono y biparentales; sin hijos, con hijos o con muchos hijos; familias extendidas y ampliadas, así como aquellas en la que alguno de sus miembros tiene alguna forma de discapacidad.

 

El trabajo en la empresa –sea que lo realice un hombre o una mujer– en definitiva está al servicio de la familia, más que del individuo que lo realiza. La RFE implica recuperar el significado genuino de la economía -cuidado y gobierno del hogar- de la empresa y del trabajo, orientándolos a la familia, fuente de felicidad.

 

 

 

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