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Publicado el 19 de diciembre, 2018

Entrevista a Javier Milei, economista libertario: Camino a la pobreza

Acádemica Universidad Autónoma Vanessa Kaiser
El economista argentino estuvo de paso por Chile para dictar una charla en el Centro de Estudios Libertarios. Polémico e irreverente, no cabía un alfiler en la sala, donde no escondió su ira contra la clase política de su país y los desalentadores índices de pobreza que ha alcanzado en el último tiempo.
Vanessa Kaiser Acádemica Universidad Autónoma
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Dice el famoso Friedrich Nietzsche que: “Allí donde hay esclavitud, los individuos escasean y tienen en contra los instintos del rebaño y la conciencia.” Esta reflexión representa de manera fidedigna la historia de Javier Milei, quien visitó nuestro país la semana recién pasada invitado por el Centro de Estudios Libertarios. ¿El objetivo? Dictar una charla en la que explica las diferencias sustanciales entre el libertarianismo y el socialismo, fundada en la superioridad moral de las ideas del libre mercado.

Famoso por su modo enfático y, en ocasiones, insolente de tratar a sus interlocutores, pocos pueden entender el trasfondo de su rabia. Una rabia que nos habla de Argentina, su país, hoy al borde de un nuevo colapso económico, asfixiado por regulaciones excesivas, impuestos y barreras arancelarias que sepultan toda posibilidad de emprendimiento. Pero eso no es todo. Esa indignación que chispea en el azul corrosivo de su mirada y se manifiesta en expresiones que quiebran con los cánones formales del diálogo civilizado, tiene a la base la furia provocada por la multiplicación de los pobres e indigentes que hoy llegan a ser 11 millones de personas. Todas ellas condenadas por políticas que, en términos del economista jefe de la Fundación Acordar, también asesor del G20 en el diseño de políticas económicas y miembro del World Economic Forum, castigan el capital.

No hay políticos pobres, todos son ricos, afirma Javier Milei.

Una síntesis de la enconada batalla de este rockstar de la economía podría expresarse en tres ideas fundamentales. La primera, mientras Argentina abrazó el liberalismo, fue uno de los países más ricos del mundo. Con la segunda se explica que le apoden “el demoledor de keynesianos”. Puesto que Milei afirma que en Keynes los políticos demagogos encuentran una teoría económica que destruye el bienestar presente y futuro de todo país en el que se implementen. Finalmente, la idea que ocasiona sus desmadres más radicales pone énfasis en una observación empírica, cual es que no hay políticos pobres, todos son ricos (lo que no sería un problema si no fuese porque ese dinero viene de los bolsillos de otros, víctimas de la coerción estatal).

Y aunque muchos rasguen vestiduras por sus arrebatos, Milei convoca y Chile no fue una excepción. Decenas de interesados quedaron fuera del atiborrado auditorio de la Facultad de Economía de la Universidad Diego Portales. ¿Cómo explicar tanto entusiasmo? Quizás se deba a que Milei es honesto hasta la médula, ha estudiado la economía con profundo amor por los datos y desde las distintas escuelas teóricas para terminar declarándose anarcocapitalista rothbardiano, muy amigo de la escuela austríaca y con ciertas simpatías por los Chicago. Así, a pesar de las irreverencias que causan tantos estragos en sus interlocutores, este miembro del B20 evita las falacias, los discursos políticamente correctos y todos aquellos aspectos que, en términos de Nietzsche, se fundan en los instintos del rebaño y la buena consciencia colectiva. De ahí que tantos le perdonen sus desmadres.

Pero, además, es posible que a Milei no le queden muchas opciones. Ello, dado que Argentina se parece al Titanic, pero en lugar de un iceberg se ha estrellado con un déficit fiscal que supera el 60% del PIB. Lo más trágico es que, mientras seres humanos se congelan y caen por la borda, hay una sala donde unos pocos siguen en fiesta. Son los que tienen el poder de reparar las máquinas, tapar los agujeros y evitar el dolor de tantos. Pero no oyen porque en su sala parlamentaria la música y el baile jamás cesan. Si usted estuviese en el lugar de Javier Milei, ¿conservaría la calma? En esta entrevista podemos ver a través de sus ojos, desde una perspectiva incómoda pero distinta, bien informada y movida por la pasión.

¿Qué piensas sobre la necesidad de dar una lucha por las llamadas ideas de la libertad como lo está haciendo el Centro de Estudios Libertarios en Chile?

Me parece una excelente iniciativa lo que está haciendo el Centro de Estudios Libertarios, porque lo más importante es que la sociedad esté convencida de las ideas. Hay que dar la batalla cultural, simplemente porque con los resultados no basta. Si vos no lográs que las personas comprendan la lógica de por qué ir por las ideas de la libertad y no por otro camino, esos resultados después se desvanecen. El mejor ejemplo es Argentina; la coyuntura de fines de los ochentas con una hiperinflación permitió que existiera un lugar para hacer reformas promercado y después cuando vino otra crisis volvimos a las ideas que destrozaron al país. Y es que no es solamente una cuestión de resultados. Es decir, no alcanza con los resultados si los socialistas se siguen arrogando la superioridad en el plano moral. De hecho, la discusión no sólo debería incluir los resultados, sino que además debería contener el debate en cuanto a la superioridad de lo ético y moral.

¿Cuál es la superioridad que tú observas en el libertarianismo cuando el socialismo se plantea como una doctrina cuya preocupación central es el prójimo en el marco del colectivo que, amparado en el Estado, sostiene a las personas más desvalidas?

En principio ya el mero planteo de poner el colectivo sobre el individuo termina masacrando al individuo. Ello porque pretende resultados que son verdaderamente horrorosos. Pretender la igualdad entre los que somos distintos es un acto que conlleva un nivel de violencia tremenda. Suponé que vos tenés una sociedad y querés que todos sean igualmente inteligentes. Entonces tenés el individuo promedio y a los que están por encima de la media, cada vez que tienen un pensamiento elevado reciben una descarga eléctrica. Entonces si vos te encontraras con alguien con la inteligencia de Einstein, los socialistas lo condenarían a la silla eléctrica. El problema está en creer que los valores que se arrogan los socialistas están fuera del ser humano; que corresponden al colectivo y no al individuo. Esa es una incoherencia en sí misma. ¿Qué es la sociedad y el colectivo? Vos negás al individuo, pero después, ¿quién es el que va a instrumentar en el colectivo?

Para avanzar hay que enfocarse en los valores de un lado y del otro. En los valores morales socialistas ves la envidia, el odio, el resentimiento, el trato desigual frente a la ley, el robo y, sobre todo, el asesinato. No hay que olvidarse que esta idea estúpida le costó la vida a más de cien millones de seres humanos. Además, fijáte, a pesar de todos los fracasos del socialismo, no hay un solo país donde haya funcionado, y la excusa siempre es que no se aplicó al límite. ¡Claro que se aplicó al límite! Lo que sucede es que el socialismo se funda en una teoría económica falsa, la teoría del valor trabajo.

Pero los socialdemócratas no creen en la teoría del valor trabajo…

Bueno porque, en realidad, son bastante ignorantes. Son socialistas berretas… de baja calidad. Un keynesiano es un socialista berreta… Entra en la lógica de esa dinámica que uno infiere de Camino de Servidumbre. Donde hay algún político que no le gusta un resultado (ni lo entiende), lo quiere corregir violentamente y utiliza el aparato represivo del Estado. Las consecuencias terminan por empeorar la situación original y ese nuevo escenario genera mayor demanda por más intervención. Por eso, no existen las situaciones intermedias. De esto podés leer en un libro de Von Mises que se llama El Mito de la tercera vía. Cualquier solución intermedia es inestable porque tiende a más socialismo.

En la aspiración hacia Estados benefactores que no son socialistas parece haber un camino intermedio… incluso Hayek en Camino de Servidumbre plantea que un mínimo de red social tendría que haber para enfrentar las vicisitudes de la vida. También podemos citar a Smith quien dice que, si los privados no cumplen con ofrecer la educación, el Estado tendría que proveerla…

Suecia es un buen ejemplo. Pero lo revisas y, contrariamente a lo que plantean los políticos de izquierda, el socialismo quebró a ese país por el nivel de presión fiscal que tenía y para salir a flote tuvo que liberalizar. Hoy Suecia está entre los países con mayor libertad económica. De hecho, la educación trabaja con el sistema de vouchers que evita suceda lo que en Argentina, donde quedás condenado a las instituciones públicas que son centros de adoctrinamiento marxista. La misión de los profesores es defender la religión del Estado, porque ellos son parte de ese Estado y así se aseguran su continuidad. Ahora ojo que con los vouchers solos no alcanza. Porque si el Estado va a estar regulando los contenidos…

Hay políticos que plantean que es necesario redistribuir para mantener la paz social; es decir, la paz social sería el resultado de la redistribución. ¿Qué opinas de eso?

Me parece que es convalidar la existencia de la envidia. O sea, que si soy un inadaptado que no puedo soportar el bienestar de ustedes y como consecuencia de ello me voy a poner loquito y puedo llegar a matar, entonces ustedes tienen que agarrar y entregarme sus bienes para calmarme. Eso es un disparate. Salvo que seas anarcocapitalista o anarquista, le reconcés al prójimo por lo menos la seguridad y la justicia. O sea, lo que vos me estás diciendo es que que querés Estado y no te hacés cargo de la seguridad y la justicia. Lo cual es una contradicción en sus términos. Entonces para qué te quiero Estado; no te pago nada y me defiendo solo del loquito que me quiere robar. Y vas a ver que cuando el resultado de ser loquito le sea adverso, va a dejar de ser loquito, porque la gente responde a los incentivos. Si no está el Estado en el medio, los incentivos que genera el orden espontáneo son los correctos. Porque vos en el capitalismo no podés ser exitoso si no servís al prójimo con bienes de mejor calidad y mejor precio.

Lo curioso es que tenga más resonancia el discurso del Estado paternalista que el de las ideas del mercado libre, sobre todo teniendo a la vista la evidencia empírica que muestra que no existe un país socialista donde no acampe la pobreza.

El problema es que cuando vos presentás los resultados, la izquierda ataca con la cuestión de la desigualdad. Entonces vos tenés que entrar a ver cuál es la lógica de la desigualdad o bajo qué contexto se puede hablar de desigualdad, si el resultado es justo o no y entonces, eso también implica conocer sobre la teoría de la distribución y volvés al tema de los valores. O sea, a mí me parece que robar está mal y al socialista le parece que robar está bien y eso hay que discutirlo. Mis valores son: el ahorro, trabajar duro, esforzarse, servir a otros con bienes de mejor calidad a un mejor precio, y el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo.

¿Estado de Derecho, igualdad política?

Claro y con instituciones tales como la propiedad privada, los mercados libres, la competencia, la cooperación social y la división del trabajo.

¿Todo eso se puede pensar fuera del marco del Estado? Porque hasta el momento no tenemos experiencias empíricas de un anarcocapitalismo exitoso.

No, bueno, está bien, no tenemos… pero sí tenemos evidencia empírica de las aberraciones del socialismo llevado a la práctica. Y la pregunta es por qué esa asimetría de permitirte esa utopía y no la otra; eso, suponiendo que es una utopía. El punto es: discutamos esos equilibrios utópicos y vamos a ver que la superioridad moral y los buenos valores están por el lado del anarcocapitalismo. De hecho, desde mi punto de vista, el ideal de la sociedad es el anarcocapitalismo, aunque haya un largo camino hasta llegar a ese ideal. Pero también es cierto que el progreso tecnológico va ayudando a que estas cosas puedan tomar lugar y que se reduzca el tamaño del Estado. Por eso los grandes enemigos del progreso tecnológico son los políticos.

¿Todos los políticos?

Sí, yo no tengo valoración positiva sobre la política como actividad…

¿Y no crees que haya que pasar por un estadio en que las ideas liberales, sobre todo si vivimos en democracia, deban ser representadas y encarnadas desde la política para poder avanzar hacia la utopía anarcocapitalista?

No haría una idealización de la democracia, la democracia tiene problemas de consistencia, el teorema de la imposibilidad de Arrow, tiene vicios como el populismo, con lo cual tendría mis fuertes reparos sobre cuál es el mecanismo por el que ordenar la sociedad. En especial, siendo anarcocapitalista…

En ese caso el orden es espontáneo…

Claro, porque en la medida que el Estado se financia con impuestos es sinónimo de violencia. Los impuestos son un robo y si la sociedad tiene consciencia de ello va a entender que el Estado debería ser minimizado, llevado a su mínima expresión, donde el cero es parte del conjunto de elección.

El Inquisidor en Los Hermanos Karamazov plantea que los seres humanos sólo queremos tres cosas: repartija igualitaria de panes, un líder al que seguir que represente a amplios grupos humanos y, por último, deshacernos de esa miserable libertad con la que nacemos, entregando la responsabilidad de nuestras vidas a la autoridad de turno.

O sea que prefieren el infierno…

Hay personas que habiendo estado allí, luego justifican lo vivido con razones orwellianas. Es la seducción del discurso. Hannah Arendt nos dice que en los antiguos griegos la igualdad jamás fue de condiciones materiales, sino que era una igual libertad entre ciudadanos con iguales derechos políticos. Sin embargo, hoy el único modo en que se concibe la igualdad es desde la repartija de panes.

¿Increíble no? Es un gran contrasentido. Sobre todo, cuando vemos que la condición de extrema pobreza en los últimos doscientos años pasó del 95% con mil millones de habitantes en el planeta y hoy, con una población de siete mil doscientos cincuenta millones, la extrema pobreza es de 5%. En un contexto donde además el PIB per cápita en los últimos doscientos años se multiplicó por más de nueve veces, mientras a lo largo de los mil ochocientos años anteriores, el PIB per cápita sólo subió 40% como resultado del descubrimiento de América.

Bueno, tú mismo dices que los resultados no darán la victoria a la libertad que tenemos que hacer algo más.

Yo creo que el gran problema de los defensores de la libertad fue siempre creer que la evidencia empírica es tan contundente que ni siquiera tengo que perder el tiempo en discutir contigo. Y me parece que eso les permitió a los socialistas arrogarse una bandera que no tienen. Por eso creo que la discusión tiene que ser dada sobre los valores de los sistemas.

Lo que está establecido es que el malo es el egoísmo y el bueno, que los egoístas son los liberales. Pero hay otro punto que creo ha pasado desapercibido. Cuando el mercado genera un bien nadie puede decir, “a mí me va bien porque tal señor o partido político me han beneficiado.” Es el mercado anónimo, a través de la demanda, el que vota por aquellos bienes que el sujeto ofrece. En cambio, por mucho que el Estado despilfarre, extraiga dinero a través de políticas monetarias e impuestos expropiatorios, basta que dé educación a niños que, de lo contrario no la tendrían, para que gane a su favor muchos adeptos. O sea, el Estado es visible, mientras el mercado es invisible. De ahí que pueda arrogarse el fruto de su siembra.

El problema quizás es esta coordinación del orden disperso que genera el sistema de mercado. Lo que hay que entender es que el mercado somos nosotros. En general se habla del mercado como si fuera un ser mítico, pero el mercado somos nosotros. Por eso muchas veces hay gente que ataca el mercado, pero cómo atacás el mercado si vos estás ahí adentro. El segundo punto está en comprender la lógica del orden espontáneo y que el sistema de precios. Y aquellos que tienen más entrenamiento debieran de tratar de explicarlo de mejor manera a los demás.

Finalmente hay que preguntar: si vos socialista y tenés este sentimiento de caridad, ¿yo no lo puedo tener por ser liberal? A lo que cabe agregar que la caridad no puede ser a punta de pistola. Y si vos lo hacés desde el Estado es a punta de pistola. Eso no es caridad, eso es robo. Si no entendemos la diferencia entre caridad y robo, tenemos un problema. Además, los socialistas son muy generosos con el dinero ajeno y no con el propio. Entonces ese es el problema. Es infinitamente más grande el nivel de generosidad que podés mostrar en una situación cuando la cuenta la va a pagar otro.

Si tuvieras una varita mágica y pudieras hacer magia por una sola vez. ¿Qué elegirías: eliminar el Banco Central o cambiar los fundamentos ideológicos de la educación?

Haría la transformación cultural, el resto vendría por añadidura; sola la gente eliminaría el Banco Central.

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