En cuatro semanas, la inexperiencia en administración, gobernanza y manejo político del gobierno lo ha llevado a cometer tantos errores no forzados, que ya su popularidad ha caído a niveles que no experimentaron ninguno de los siete gobiernos anteriores en igual período.   

Los hechos acontecidos en 30 días así lo demuestran. Comenzó con la desafortunada crítica al Rey de España; continuó con el beneficio carcelario a los primos Tralcal condenados a 18 años por el crimen del matrimonio Luchsinger Mackay. Enseguida, la urgencia al proyecto de amnistía a los presos de octubre y la seguidilla de errores de la ministra del Interior que comenzaron en Temucuicui; su declaración que en Chile hay presos políticos; sus disculpas obligadas a Argentina por hablar de Wallmapu; la inicial crítica al Carabinero que disparó al piso porque lo estaban masacrando; sus controvertidas declaraciones en Icare sobre el Sistema judicial y las platas de los trabajadores en las AFP y el broche de oro con sus dichos en la comisión de seguridad ciudadana de la Cámara de Diputados el miércoles pasado.  

Resulta que la ministra Siches declaró el viernes 1 de abril en una entrevista en el diario de Atacama exactamente lo mismo que dijo en el Congreso el miércoles 6. O sea, tuvo cinco días para confirmar si sus aseveraciones eran verdaderas o no. Como no lo hizo, se dio el gustito de criticar al gobierno saliente, con información falsa, declarando que un avión con expulsados a Venezuela volvió con los mismos que se fueron, calificando el hecho como gravísimo y preguntando dónde están esas personas que tienen indicación judicial de expulsión, todo lo cual nunca ocurrió. 

Que un ministro del Interior, el primus inter pares del gabinete ministerial, concurra al Congreso y se atreva a decir públicamente lo que dijo, sin confirmar previamente si su información era verdadera, es inaceptable. Y lo es porque, al precipitarse a hablar con información falsa, denostó a diversas instituciones, como la Presidencia y el Ministerio del Interior anterior, a la PDI, Carabineros, la Dirección de Aeronáutica, Policía Internacional y al Poder Judicial, lo que compromete el éxito de su gestión y por cierto la del Gobierno, porque ha perdido credibilidad. 

Pero el Presidente también comete errores. En entrevista al diario Clarín de Buenos Aires, le preguntaron si los ciudadanos seguirán siendo dueños de las pensiones y él contestó: “Los ciudadanos son dueños del derecho a tener una pensión digna y de seguridad social”, no respondiendo claramente la pregunta. Estas constantes declaraciones ambiguas sobre la propiedad de los fondos de los trabajadores -no solo de él- generan serias dudas en la ciudadanía sobre el destino de sus ahorros que mantienen en las AFP. 

Y cómo no comentar el quinto retiro. Cuando Gabriel Boric era diputado, votó a favor de los tres retiros y también en el fracasado cuarto intento, a pesar de que en ese entonces, Mario Marcel, siendo Presidente del Banco Central, advertía de los mismos peligros que advierte hoy como ministro. 

¿Cómo explica Gabriel Boric, ahora Presidente, su giro en 180 grados, declarándose en contra del quinto retiro porque lo considera una pésima política pública? ¿Será que, siendo parlamentario, aprobar los retiros le era instrumental para acceder al poder, no importándole que con su voto y el de sus compañeros de AD le causarían un serio daño a la economía del país? ¿Y cómo explicar los nombramientos en cargos del Estado y Embajadas, donde también renegó de sus propios dichos? 

Finalmente, el Presidente apoya decididamente a la CC, como lo declaró en sendas entrevistas en Argentina, pues necesita la nueva Constitución para generar los cambios prometidos. De lograrlo, sería el fin del más exitoso modelo de desarrollo y fructífero ciclo económico-político de nuestra historia. 

Todo esto, en tan solo un mes.

*Jaime Jankelevich es bioquímico, consultor.

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