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Publicado el 13 de agosto, 2019

Arturo Herrera: No basta con meter más maquinas

Socio y gerente general de INNSPIRAL Arturo Herrera

En Chile, debemos seguir siendo cada vez más productivos en las industrias en las que actualmente participamos. Pero, al mismo tiempo, debemos generar nuevas industrias basadas en conocimiento, innovación y desarrollo tecnológico. En palabras simples: producir y exportar cosas de mayor valor con las mismas horas trabajadas. Y para lograrlo se requiere invertir más en ciencia y tecnología.

 

Arturo Herrera Socio y gerente general de INNSPIRAL
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Entre 1811 y 1816 Inglaterra vivió tiempos difíciles. Los Luditas, movimiento encabezado por artesanos ingleses, protestaron contra las nuevas máquinas que destruían el empleo. Telares y máquinas de hilar industriales amenazaban reemplazar artesanos con trabajadores menos cualificados (cobraban salarios más bajos), dejándolos sin empleo. Era el comienzo de la Revolución Industrial.

Hoy, la historia se repite. La Revolución Digital, que comenzó a fines de los 90 está mostrando sus primeros efectos. Recientemente vimos cómo sindicatos de una cadena de supermercados paralizaron en protesta por la implementación de tecnología en las salas de venta.

Un estudio publicado en 2018 por The Economist analizó en los países OCDE el porcentaje de trabajos en riesgo de automatizarse vs su PIB per cápita. El resultado para Chile: en 20 años más, el 50% de los trabajos está en riesgo de ser automatizado. Tal vez este estudio es alarmista y exagerado. Y en realidad el problema de Chile puede ser que nos faltan más máquinas, como señalaba en una columna sobre este tema el economista Raphael Bergoeing.

Según datos de la OCDE, nuestra productividad laboral (PIB por hora trabajada) era de US$29 por hora en 2018. Menos de la mitad de lo que muestran países como Suecia, Finlandia y Dinamarca. Según el mismo estudio publicado en The Economist, en dichos países sólo el 30-35% de sus trabajos está en riesgo de ser automatizado. De todas formas, un número significativo. ¿Cuál es la diferencia? Estos últimos son países con un  PIB per cápita 3 veces superior al nuestro. Invierten entre 8 y 10 veces más que nosotros en I+D. Producen tecnología.

Me tocó visitar en Dinamarca la empresa Haldor Topsoe, líder global en catalizadores únicos y específicos utilizados en industrias como la petrolera. Invierten el 10% de su facturación en I+D, el VP de Innovación reporta directo al directorio de la empresa y además estaban directamente conectados –literalmente- con DTU, la universidad más importante de Dinamarca y una de las más avanzadas en desarrollo tecnológico en el mundo. Esa es la gran diferencia y la gran preocupación. En Chile, debemos seguir siendo cada vez más productivos en las industrias en las que actualmente participamos. Pero, al mismo tiempo, debemos generar nuevas industrias basadas en conocimiento, innovación y desarrollo tecnológico. En palabras simples: producir y exportar cosas de mayor valor con las mismas horas trabajadas. Y para lograrlo no basta con sólo meter más maquinas.

Países desarrollados producen bienes de mayor valor y demanda en el mundo. Cuentan con recursos para apoyar la reconversión en masa de su fuerza laboral, o apoyar a quienes inevitablemente queden fuera. Economías basadas en conocimiento y en desarrollo de tecnología van a ganar en esta nueva era. Las que no, quedaremos atrás.

Aplaudo la decisión del SENCE de abrir un programa de reconversión laboral para potenciar habilidades digitales. Es un buen comienzo. Sin embargo, este desafío es mucho mayor y va a requerir el esfuerzo de las empresas, universidades y del Estado. ¿Qué podemos hacer?

Algunos experimentos se han llevado a cabo en diferentes lugares del mundo. Estonia, luego de su independencia en 1991, tomó la decisión de transformarse en la primera e-nation del mundo. Apostaron todas sus fichas a lo digital con políticas como declarar el acceso a Internet un derecho humano fundamental. Hoy, el 99% de los servicios públicos de ese país están online. Además, tiene un sistema de visa electrónica para atraer talento emprendedor digital desde todo el mundo. Skype y StartShip Robot (delivery) son algunas de las startups digitales que llenan de orgullo a Estonia. Otro ejemplo es el de República Checa. La nueva Estrategia de Innovación, definida a 2030, cuenta con destinar en 2019 más de €1.400 millones del presupuesto nacional a programas de desarrollo científico-técnico, lo que representa un 1.79% del Producto Interno Bruto (PIB). En 2025 los recursos destinados a ciencia deberían alcanzar 2.5% del PIB y, en 2030, el 3%. Prácticamente duplicar la inversión en I+D como porcentaje del PIB en 10 años. Los checos también definieron que a partir de este año la asignatura de tecnología será obligatoria en todos los colegios del país.

Está en duda si en Chile seremos capaces de crear nuevos empleos a la misma velocidad con que se destruyen. La automatización no sólo le pegará a “los nuevos Luditas”, sino que a la sociedad por completo. Debemos invertir aún más en ciencia y tecnología, y prepararnos para que esta transición sea una oportunidad para Chile y no el fin de décadas de crecimiento y prosperidad.

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