El economista jefe del Banco de Chile, Rodrigo Aravena, no le quita gravedad a la situación fiscal que vive Chile en la actualidad, pero sí es cauto con los calificativos. “Es muy preocupante, pero no es crítica, en el sentido de que nos urja realizar un ajuste fiscal a la Argentina. Pero sí es sumamente preocupante”, sostuvo.
A mediados de febrero, el Gobierno sinceró que el déficit estructural en 2025 será de 3,6% del PIB, más de tres veces superior al que estimaban al inicio de su gestión (1,1%). En paralelo, el déficit fiscal efectivo bordearía el 2,8% del PIB.
“Los desvíos fiscales de los últimos años lo que dejaron evidencia es que, en la práctica, en los últimos años no tuvimos un cumplimiento de regla fiscal. En gran medida se perdió la regla fiscal”, dijo el economista en entrevista con Libre Mercado de El Líbero.
A juicio de Aravena, hay tres consideraciones que se deben tener en cuenta para entender por qué se llegó a esta situación fiscal, la que ha despertado cuestionamientos no sólo desde la oposición y de destacados economistas, sino una mirada muy crítica de los integrantes del Consejo Fiscal Autónomo (CFA).
La primera es que durante los últimos años las autoridades han estado estimando un PIB tendencial más alto del que realmente muestra la economía chilena. “Esa es una primera fuente de problema y eso hay que revisarlo”, explicó.
La segunda es que estructuralmente el Gobierno se estacionó de manera permanente en un nivel de gasto más alto como porcentaje del PIB, precisamente por una sobreestimación de los ingresos, en parte motivado por la primera causa. Aravena sostuvo que se venía de niveles de gasto equivalente a 23% o 24% del PIB y se pasó a rangos de 26% del PIB.
“El problema, al final del día, es de gasto más que de ingresos. No nos podemos perder en eso”, advirtió. Y agregó: “El presupuesto total va sujeto al nivel de ingresos que se estima. Cuando existe una mayor estimación de ingresos, por la razón que sea, vamos a tener un mayor espacio para gastar. Y lo que tenemos en concreto, y no nos podemos perder en eso, es que la economía se quedó con un nivel de gasto en torno al 26% del PIB”.
El experto incluso lo explicó de otra manera. “La economía creció los últimos dos años por sobre la estimación de PIB tendencial. Por tanto, la pregunta aquí sería cómo podemos justificar que hemos tenido un problema de ingresos cuando todas las variables cíclicas nos están ayudando (…) si la economía creció un poco más, si la tendencia del precio del cobre fue un poco más alta, es difícil pensar que la principal causa sean los ingresos”.
Y hay un tercer punto que para Aravena es muy relevante de considerar: las nulas consecuencias que hay para las autoridades cuando existen este tipo de descalces fiscales. Así, afirmó que “cuando existe un desvío fiscal de un año, uno podría pensar que hay un error de estimación de un año, pero tiene que existir algún tipo de cláusula o algo institucional para compensar en los años siguientes, con el fin de cumplir el objetivo que te propusiste para el término de gobierno”.
Foco en lograr un nivel de deuda sostenible
Aravena apuntó que el foco central del gobierno entrante debe ser sincerar muy bien cuál es la situación fiscal real, incluyendo los más diversos aspectos (gastos bajo la línea, CAE, provisiones, capitalización necesaria para empresas públicas) y definir un nivel de deuda sostenible al que llegar a mediano plazo.
¿Qué condiciones deben cumplirse para que el nivel de deuda sea sostenible? El economista jefe del Banco de Chile aseguró que son dos grandes cosas. “Primero, que sea estable por debajo del 45% del PIB. Y segundo, y lo más importante, que el déficit fiscal sea más bajo. Chile puede vivir con un déficit fiscal de 1%, dado que la economía va creciendo. Un déficit de 1% no sería problema. Por eso, creo que lo urgente es poner sobre la mesa un plan gradual y creíble de reducción del déficit, porque después de tres años de incumplimiento, claramente la credibilidad de la regla fiscal se ha visto erosionada”, concluyó.

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