La crisis laboral en Chile se ha hecho sentir fuerte. Según la última encuesta del INE, se registró un 9,4% de desempleo durante el trimestre móvil marzo-mayo de 2026, la cifra más alta de los últimos cinco años.
En este contexto, esta semana el ministro del Trabajo, Tomás Rau, anunció el envío de un proyecto de ley que acoge una de las medidas recomendadas por la Mesa de Reactivación Laboral, compuesta por 22 expertos, y que busca ampliar el ciclo de cálculo de la jornada de trabajo entre 15 a 16 semanas como régimen general, dejando atrás el cálculo de cuatro semanas que se realiza actualmente.
En Libre Mercado conversamos con David Bravo, economista UC y expresidente de la Mesa de Reactivación Laboral impulsada por el actual gobierno, quien señaló que esta iniciativa “está bien orientada”, pero que en el Ejecutivo “tiene que haber un sentido de urgencia mayor todavía”.
-¿La emergencia laboral, es reciente o viene ya de larga data? ¿Nos recuperamos alguna vez de la pandemia?
-Es de larga data y no, no nos recuperamos de la pandemia. En estricto rigor, nunca nos recuperamos de la crisis de la pandemia. Debemos ser el único país de América Latina que está en esta situación. Yo empecé a hablar de emergencia laboral a finales del gobierno del Presidente Piñera y cuando ya teníamos el nuevo presidente electo, en el caso del Presidente Boric, precisamente porque tenía el temor de que se fuera a quitar la vista sobre la importancia del tema del mercado laboral.
¿Y por qué ocurre eso? Bueno, obviamente porque había otros temas que estaban dominando la discusión pública, pero también porque a los gobiernos en general y a los analistas les gusta mirar esto en 12 meses. Y si vienes recuperándote, el empleo viene creciendo, y miras para atrás, ves que se aumentaron en 200 mil empleos, 220 mil empleos. Entonces, tienes la sensación de que estás bien. Tenía el temor de que efectivamente eso ocurriera, y es lo que yo creo que ocurrió. Se empezó a decir, por ejemplo, ‘creamos 700 mil empleos’. En estricto rigor no crearon ningún empleo, no recuperamos los empleos perdidos de la pandemia, pero así funciona la política.
-¿Dirías que Chile es el único caso de América Latina que nunca se recuperó completamente de la crisis ocurrida en pandemia?
-América Latina, como un todo, recuperó su tasa de ocupación pre-pandemia y su tasa de desempleo hace por lo menos un par de años. Es un caso extraño que Chile hoy día tenga una tasa de desocupación mucho más alta que en los países de la OCDE. En general, los países de la OCDE también volvieron a sus tasas de desocupación previas a la pandemia, recuperaron su tasa de ocupación, no es el caso de Chile.
Esto yo lo venía diciendo cuatro años atrás. Era el momento de tomar medidas pro empleo y también de dejar de tomar medidas que fueran anti empleo. Y ambas cosas no ocurrieron. Y hoy día tenemos un problema que tal vez es más difícil de abordar precisamente porque no se tomaron las medidas oportunamente. O bien porque ahora estamos, por ejemplo, en una situación donde se ha puesto todo más complejo porque tenemos este incremento en costos laborales que se generó con el aumento fuerte del salario mínimo, las 40 horas que quedó programado, la reforma de pensiones, que también está poniendo presión. Y en ese contexto, claro, se hace todo más difícil.
-¿Ves posibilidades de poder volver a tasas inferiores al 7%, como estábamos acostumbrados, o deberíamos ya acostumbrarnos a un estadio sobre el 7,5%-8% permanentemente?
-Como digo, hemos hecho todo lo posible para que sea más difícil volver. Yo no habría hablado de desempleo estructural a este nivel cuatro años atrás, porque creo que era algo que era endógeno, o sea, dependía de las políticas que adoptáramos. Hoy día, con los obstáculos que nos pusimos, esto se vuelve aún más complejo.
Lo que uno esperaría es que sobre materia del trabajo, del empleo, este fuera un objetivo común. Me cuesta pensar que hay una barrera ideológica, o sea, al final parece que la hay, pero para la ideología más de izquierda el trabajo tiene un rol fundamental. Entonces, a mí me ha costado siempre entender por qué no hubo suficiente empatía con la falta de empleo, con las personas que no tenían empleo, porque me parece a mí que es como esencial para el sustento más ideológico.
Me parece que esto debería ser un objetivo común, que no debería tener barrera ideológica, porque ahí está la fuente de los ingresos, está el objetivo de calidad de vida que queremos con las personas. Lo básico es tener autonomía e ingreso, y eso depende del empleo. Entonces, me cuesta mucho entender esas lógicas. No deberíamos descansar hasta que logremos salir de esta situación.
Nosotros identificamos un conjunto de medidas que tienen que ver con el diagnóstico que hay detrás de por qué tenemos esta tasa de desocupación alta. Y uno esperaría que eso fuera más prioritario que otras cosas para el gobierno, para la oposición, pero nos enredamos en cuestiones que son más como de nicho o de grupo.
-¿Crees que este desempleo del 9,4% es un desempleo estructural, o es un desempleo natural?
-Lo que pasa es que yo me niego a eso, como cuando decimos, ‘mira, ya prácticamente no vamos a crecer más, nos vamos a quedar en la mediocridad’, ¿cierto? Esas son las cosas que creo que se pueden cambiar. Habría sido mejor si las hubiéramos cambiado antes, si hubiéramos tomado las medidas antes, pero para eso se requiere un cierto consenso.
–Las 40 horas, el incremento del salario mínimo a tasas de un 50%-60% sin un correlato de incremento en la productividad, ¿crees que esos son los factores que explican el aumento del desempleo?
-Claro, y obviamente el crecimiento, o sea, tenemos un crecimiento que post pandemia ha sido bajo, pero al mismo tiempo, si hubiéramos tomado la relación que había entre crecimiento en el PIB antes y crecimiento en el empleo, veríamos que el empleo se ha desacoplado. Vale decir, hemos generado menos empleo del que habíamos generado antes por cada punto de actividad económica. Aun cuando la actividad económica es baja, el crecimiento del empleo ha estado más flojo todavía.
Eso tiene que ver con las cosas que hemos hecho mal y con las cosas que no hemos hecho bien. Cuando se decía que estábamos en una emergencia laboral, no había reacción. Ahora me parece que es bastante más evidente que sí estamos en una emergencia laboral. Me parece que no se tomó bien el tema en las autoridades anteriores, porque hay que recordar que a pesar de todas las advertencias, igual se mandó el proyecto de negociación por rama, por ejemplo, al final, aunque fuera simbólico. Es casi como decir, ‘bueno, nos da lo mismo que esto genere malas expectativas’.
-¿Una aprobación de ese tipo de regulaciones es un tiro en la nuca a cualquier posibilidad de recuperación del empleo?
-Esa y todas las otras. Quisiera recordar que organizaciones muy respetables y que deberían estar defendiendo a los trabajadores, seguían insistiendo con empujar el salario mínimo sobre 650 mil pesos. Y efectivamente podríamos haber estado peor. De hecho, una de las primeras medidas pro empleo que tomó este gobierno fue bajar el proyecto de negociación por rama. Obviamente, no había ninguna credibilidad en que esto se iba a continuar.
Creo que todos podríamos más o menos dejar afuera la carga de las decisiones que se hayan tomado, las malas decisiones, y concentrarnos hoy día en el presente, y tendríamos mucho trabajo que hacer. Pero seguir pensando que la mejor forma de subir las condiciones de trabajo es simplemente empezar a decretar incrementos en el salario mínimo y no atender a los datos, yo considero que realmente llega a un punto de ser muy peligroso.
Hoy día tenemos que movernos hacia adelante, tratar de atender esta emergencia. En las autoridades, por supuesto que hay atención al tema, pero me parece que tiene que haber un sentido de urgencia mayor todavía.
-¿Te parece bien la bajada que hizo el gobierno respecto a la propuesta del cálculo de 40 horas, va en la línea correcta?
Me parece bien orientado. Nosotros no entramos en más detalle, tuvimos solamente un mes, un mes y medio para poder generar una priorización de medidas, pero en este caso me parece que lo que el gobierno está planteando va en la línea, definitivamente.
Con el aumento del periodo que se usa para llegar al promedio de la jornada a la que apuntamos, que son 40 horas a 16 semanas, eso primero es bueno porque es la norma que típicamente hay en la OCDE, y permite que entonces esta camisa de fuerza, que es la camisa de talla única, que se la tiene que poner una empresa de 20.000 trabajadores, así como una empresa que tiene tres personas, o una de 20, permite cierto grado de flexibilidad.
Pero también es útil porque nosotros estamos en medio de la baja hacia las 40 horas, y recién pasamos en abril la baja de 44 a 42 horas, y eso es un incremento en costo laboral de 4,8%. Entonces la única posibilidad para compensar a empresas más pequeñas es darle alguna capacidad de flexibilizar para organizar la jornada, para controlar algo de ese mayor costo laboral que lamentablemente igual está golpeando a las empresas.
-¿Te parece que esto llega a precarizar el empleo o es una falacia completa lo que se está planteando?
-Es que el concepto de precarización está equivocado acá, porque está pensado para un trabajador ideal, un trabajador clásico, que tiene una jornada típicamente de un sector industrial. Y ese traje único es el que está acostumbrado a poner en general el derecho laboral. Y hoy día tenemos necesidad de muchos trajes distintos, y el tema es que la legislación se tiene que adecuar a eso. Entonces, miremos los países desarrollados, sigamos algunos buenos ejemplos y luego vamos a ver cómo efectivamente mejora la situación.
Para mí, la mayor precarización está dada por la proporción de personas que hoy día no tienen empleo, por las personas que están pasando por esta tasa de desocupación alta, grupos que yo creo que no están en los titulares, las mujeres, los jóvenes, esa es la parte que me preocupa, que creo que tendríamos que estar todos un poco detrás de eso.
Pero bueno, primero pongamos en orden la casa, volvamos a las tasas de desocupación que teníamos antes, y ahí podemos seguir discutiendo sobre qué es lo que se necesita adicionalmente. El tema más central es que podamos tener a más personas con empleo, por supuesto con empleo de calidad, porque también eso es lo otro, se ha hablado de que se crearon empleos y por otro lado se aumentó la formalidad, pero cuando tú miras el único dato más duro que tenemos de empleo formal, que es el número de cotizantes, cuando toma los últimos cuatro años, marzo del 2022 hasta ahora, el número de cotizantes en Chile cayó en 70 mil personas. O sea, tenemos menos empleo formal que el que teníamos hace cuatro años. Y eso contradice totalmente el aumento en el empleo formal que, tomando el mismo periodo, muestran los datos del INE.
Nosotros pusimos la propuesta 21 que está dirigida al INE, porque pensamos que el INE tiene que pronunciarse sobre cuáles son los problemas de su encuesta, que se traduce en esta distorsión. De acuerdo a los datos administrativos, los cotizantes cayeron en 70.000, pero cuando uno toma los cotizantes dentro de la encuesta del INE, subieron en 360.000. Esas dos cosas no pueden ser ciertas y los registros administrativos son bastante ciertos, son cotizaciones pagadas.
-¿Qué tan urgente es la aplicación del subsidio unificado al empleo?
-Yo creo que es muy importante. Mi expectativa era que, habiendo el gobierno sacado el crédito tributario al empleo del proyecto de Reconstrucción, 1.400 millones de dólares, no solamente se mejorara la posición fiscal, sino que una parte de eso, que pudieran ser 300 millones de dólares, destinarlo a programas de subsidios directos, o bien incluso podía ser una suerte de crédito, algo que fuera rápido para las empresas, para nuevos empleos.
Nosotros tenemos el subsidio unificado al empleo, que es una alternativa que en teoría empieza en octubre. Entonces uno dice, bueno, habría que adelantarlo y probablemente hacerle algunos cambios. Nosotros hacemos algunas sugerencias ahí, pero lo importante es que hay que hacer algo ahora, y no en cuatro meses más, porque la economía va a retomar crecimiento, sí, el segundo semestre.
El proyecto de Reconstrucción, si se aprueba, va a gatillar crecimiento, buenas expectativas, pero no va a ser suficiente. Tenemos que llenar este espacio, mientras empiezan a hacer efecto estas otras medidas y la recuperación económica. Hay que hacer algo más masivo y creo que hay que hacerlo todo de una vez.

Hoy la izquierda es una chapa política que utiliza un grupo para sus propios intereses. Lo importante para ellos es tener pobre a la gente para cosechar votos de la miseria.