Daniel Daccarett no es un teórico del emprendimiento; es un hombre de terreno que lleva tres décadas “tomándole el pulso” al mercado chileno. Desde la gestión de Vendomática hasta la creación de Emprende tu Mente (EtM) Day, el evento de conexión para emprendedores más grande del país, Daccarett ha visto la transformación de un sector que en los años 90 ni siquiera tenía nombre -se hablaba simplemente de “pequeña empresa”- y que hoy es un pilar de la narrativa económica nacional.

En conversación con Libre Mercado, Daccarett analizó el estado actual de la industria, las lecciones que vienen en su nuevo libro escrito a dúo con Leonardo Ljubetic, y los desafíos de un ecosistema que, aunque maduro, enfrenta una competencia externa cada vez más agresiva.

«Está bien visto ser emprendedor, y eso es lo bonito«

Para Daccarett, el momento actual de Chile es ambivalente. Por un lado, destacó que el país vive una “ebullición” donde ser emprendedor es bien visto por la sociedad. Sin embargo, reconoció que los últimos años han sido de una dureza inédita.

“Actualmente está difícil, pero si uno mira los últimos 30 años, que es lo que yo llevo, en realidad está en ebullición. Está bien visto ser emprendedor, y eso es lo bonito”, explica. Por otra parte, valoró la política de Estado que, a través de la Corporación de Fomento (Corfo), ha mantenido una línea constante y disciplinada durante décadas, independientemente del color político de turno.

No obstante, lanzó una advertencia sobre la posición de Chile en el vecindario: “Hace 10 años, Colombia y México estaban muy atrás, no hablaban de emprendimiento. Hoy nos están pillando”. Según Daccarett, la solidez de la institucionalidad chilena ha permitido un crecimiento constante y el empuje del Estado ha sido fundamental.

El desafío social

Ante el panorama político, Daccarett reflexionó sobre los focos que deberían priorizarse en pos del emprendimiento.

Lamentó que el sector siga estando concentrado en círculos cerrados. “Este país es súper clasista. Los unicornios vienen de dos colegios y una universidad. Tenemos que cambiar eso», advirtió. Por ello, defendió el emprendimiento como la herramienta de movilidad social más potente, pero insistió en que para que esto funcione, quienes han tenido éxito deben “devolver la mano”.

“Dar de vuelta significa abrirle la puerta a alguien que no tiene los contactos. Si le logras abrir una puerta a una empresa a un gallo que viene de región y logra vender, le cambias la vida a él y a todo su ecosistema”, agregó.

Sobre el perfil del emprendedor promedio hoy, Daccarett fue tajante. Identificó una falta de disciplina y foco. Por un lado, criticó el jactarse por tener tres emprendimientos diferentes: “Tienes que tener foco. Esto no es Windows, no voy a tener abierto PowerPoint y Excel; y esto no es ‘taquilla’, es súper serio”.

Por otra parte, afirmó que la disciplina es clave, ya que un buen piloto puede cambiar completamente la calidad de un proyecto.

La recomendación fue clara: poner el foco en el EBITDA (Earnings Before Interest, Taxes, Depreciation, and Amortization), no ser “Corfo-dependiente” y no mantenerse como pyme. “Uno tiene que crecer y crecer con la plata más rentable, que es la de tus clientes. Para eso tienes que salir a vender un producto y hay que partir de a poco”, añadió.

“Rumbo a Emprender”: Dos caminos, un mismo destino

Daccarett contó además sobre el lanzamiento de su libro “Rumbo a Emprender: Dos caminos, mismo destino” (Editorial Zig-Zag), escrito junto a Leonardo Ljubetic, gerente de la División de Desarrollo de Copec. Es la segunda edición del libro lanzado hace un año (“Rumbo a Emprender: El gran viaje de la vida”) y plantea una dicotomía interesante: el camino corporativo frente al camino del emprendimiento puro.

“Las grandes empresas son como un portaaviones con un rumbo claro, y los emprendedores son los jets que salen a misiones arriesgadas y vuelven a cargar combustible. Se complementan”, afirmó Daccarett.

El libro busca, por medio de una serie de historias personales, dar luces de ambos caminos para quien busca decidir entre una gran compañía y un emprendimiento. Utiliza una estructura narrativa singular, entablando un diálogo con El Principito para cuestionar el propósito detrás de los negocios. Para Daccarett, el diferenciador de esta obra es la honestidad sobre el fracaso, como cuando relata su propia experiencia fallida en una empresa cosmética: “Nos fue pésimo porque nos enamoramos del producto y no del problema”. También invita a entender la importancia de la familia: “El emprendimiento más importante está dentro de la casa”.

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