Muchas veces me han leído cantando mis loas a San votito obligatorio (por favor, nunca nos abandones). Y es que cualquiera que no haya estado idiotizado los últimos cinco años, tendrá que reconocer que el Chile del voto voluntario y el del voto obligatorio son muy distintos.
El Chile del voto voluntario es sectario, voluble, no le gusta que voten los viejitos, apunta al miedo y la violencia como parte del repertorio legítimo de la política y encuentra súper lógico y razonable elegir corpóreos para escribir una Constitución. Y soy generosa citando sólo eso.
Ahora, ¿cómo es el Chile del voto obligatorio? Esa es la pregunta que algunos nos hicimos, aunque por muy diferentes motivos y con respuestas profundamente distintas. Esta semana, el espectáculo permanente que es el Congreso nacional tuvo a bien ofrecernos una de sus mejores instalaciones hasta ahora. Digamos que han sido semanas, meses (¿años?) bastante prolíficos en surrealismo y los recuerdos de peces mediocampistas vivirán en mi memoria rent free, como dicen mis amigos gringos. Pero esta semana, nuestros honorables se dedicaron a tratar el tema de las elecciones en dos días a pedido del Servel y para sorpresa de nadie, el paquetito venía con troyanos adentro. Gentilicio, no virus. Era súper obvio que en algún momento le iban a entrar a San votito obligatorio (en serio, por favor, nunca nos abandones) digo, pa’que sigamos con el casandrismo acá.
Cabe recordar, que no hace tanto, los genios de la ingeniería política nos dijeron que el voto voluntario nos llevaría galopando al Walhalla, porque, claro, nada nos distingue idiosincráticamente del norte de Europa. Es fácil confundirse. Bueno, también nos dijeron que el binominal era la cosa más espantosa y antidemocrática que se haya visto jamás, y aquí estamos, tres doritos después, infestados de nanoidentidades delirantes en el Legislativo y con más viudos del binominal que de Bielsa (son caleta).
Pero bueno, ya presentado el espectáculo, vamos con la eterna diva y lumbrera del Frente amplio, ese lucero que tras la noche doctrinaria que dejó la salida (con elástico, se los dije aquí) de Giorgio, ha asumido el rol de sacerdote y exégeta de la fe; el diputado Gonzalo Winter. Y es que si otros cuadros de Apruebo Dignidad han canalizado en el último tiempo a personajes de la talla de Sócrates y Mandela, el pegaso de la superioridad moral, el paternalismo y la condescendencia, llevó a nuestro buen diputado a personificar los atributos de Martin Luther King. Así declaró, con su voz llena de emoción:
“¿Quiénes son los que no votan? A los que quieren obligar, forzar, a ir a votar, son los pobres, por eso es que este proyecto es antipobres. Es castigar a los pobres por no participar de nuestra fiesta, a los que menos dinero tienen, a los adultos mayores, a los que se niegan a subirle la pensión”.
Con todo respeto diputado, los pobres no votan por sus ideas bobas, ese parece ser el problema. Por supuesto que siguió:
“Están diciendo que no votan por flojos (¿quién?). Me van a disculpar, pero si uno va a las cinco y media de la mañana desde Visviri hasta Puerto Williams son justamente los pobres los que se levantan más temprano a trabajar. Por lo tanto, en este país los pobres no son flojos, ese no es el problema y lo grave no es que no voten, lo es que no quieran votar”. Lo grave es la pésima oferta de candidatos…». Seguimos: “Eso no se soluciona obligándolos ni quitándoles su dinero, amenazando a los adultos mayores (¿broma? ¡Ustedes los corretearon durante la pandemia! Porque tampoco votan por sus ideas fúngicas). El problema es que el modelo neoliberal centra la riqueza y el poder, y la concentración es lo contrario a la democracia que justamente la distribución del poder (¿Khé?). El problema de Chile y de esta democracia no es la flojera de los pobres, sino que es el problema es el capitalismo” ¡Tate! Si no es el chavo del 8, loh pacoh, Piñera, Pinochet, es el capitalismo, fijo.
Lejos de mi afán, armar una hoguera y hacernos un asaíto con el diputado, tranquila ministra Tohá. Además, los que saben armar fuegos, son los suyos, le confieso que no sabría hacer una barricada, capaz necesite una pasantía en radio Villa Francia. Pero no, o sea, sí. Winter es una fuente inagotable de autoparodia y desde esta columna de sátira lo agradecemos. Pero, más allá de la anécdota, yo creo que tenemos que agradecerles la honestidad a estos, los más cándidos en su delirio, por recordarnos que todo lo que vimos en el engendro constitucional, el octubrismo filosófico del que tanto hemos hablado sigue más vivo que nunca. Ellos de verdad son ecogenocidas y les gustan todos los animales, menos los humanos. De verdad son frívolos y terminan por perjudicar a quienes pretenden proteger. De verdad, no le atribuyen a la vida humana ni un valor ni una dignidad particulares. De verdad estos niñitos ricos, quieren hablar por los pobres, pero sólo si votan bien. Esas “amplias mayorías” que sólo existen cuando votan menos personas, les acomodan perfectamente. Porque saben que sólo los más ideologizados votan en esas circunstancias. Y sí, a mí también me gustaría que la gente en total libertad fuera a votar porque entiende la importancia, pero, fan como soy de la realidad, no estamos o no somo eso. Pero al revés de Winter, yo quiero que todos, la mayor cantidad de personas participe en igualdad de condiciones a la hora de tomar decisiones que nos afectan a todos. Y frente a la urna, todos somos un voto.
Te lo digo que estos progres van a terminar proponiendo un voto censitario en que van a terminar votando sólo en Santiago y especialmente ciertas comunas con “ñ”… Oh wait, pero si eso ya lo hicimos y casi perdimos Chile. Y recordemos cómo estos mismos progres trataron a los pobres que tanto aman el 5 de septiembre; ¡ay, si yo lo hacía por ustedes, rotos malagradecidos! Ese sería el resumen. Recuerden cómo se ensañaron con la gente de Petorca que nos salió bastante facha… Son tan burdos y explícitos en que su revolución es de arriba pa’abajo y que la imposición de su moralina los vuelve tiranillos, rápidamente.
No, Gonzalito, no. “Los pobres”, esos suyos imaginarios, que construyó en su mente mientras pateaba piedras en el patio del colegio y luego en el patio de la U, no existen. Los reales, sólo han sido perjudicados por el FA y por eso ahora los quieren borrar de la ecuación. Porque no se confundan, eso quieren y no hay acuerdo posible, con un sector que sigue, por el costado, queriendo refundar todo.
Esta pitonisa es muy fan de Game of Thrones (se las recomiendo, es mejor verla en invierno) y ahí, se prevenía de la amenaza de un invierno, oscuro, mágico y brutal que sumía a la tierra en la desolación con la frase “Winter is coming”. Era una advertencia, un llamado a prepararse. Yo me temo que debemos estar atentos a quienes controlan el relato hegemónico. Si usted no piensa como estas joyas del FA, dígalo, ríase no más, si son absurdos, no les deje pasar una, porque con estas ideas, aquí, en Chile, ya, Winter is here.
A mi tío Alex. Gringo caminador, abogado, pero más poeta, lector voraz, melómano, compañero de juegos infantiles, conversador, confesor, consejero, apoyo permanente, Uber, compañero de viajes y fiel seguidor de esta columna. Flota ahora en mi recuerdo, el amor duradero y la gratitud. Hasta siempre, mi querido tío.
