Yo a veces siento que como que no entiendo el mundo. No, no es que esté pasando por una tardía etapa papeluchezca o que venga aquí a declarar que no entiendo bien cómo funciona la Thermomix (no lo entiendo, pero lo agradezco). Es en realidad que no entiendo cómo funciona Chile, pero en serio ¿Cómo así? Así como lo leen, porque desde que estalló el así llamado caso Monsalve, a lo Fito, me declaro incompetente en todas las materias, en este caso del país. Porque si fuéramos un país serio, este gobierno estaría acabado y no es así.

Pa’ qué los voy a marear con detalles que hemos visto hasta el hartazgo, es imposible estar al día con cada nuevo dato, uno más asqueroso que el anterior y a ratos se parece mucho a una de esas pesadillas en las que uno se concentra en despertar, pero no puede. Esta semana, el ahora sí detenido exsubsecretario Monsalve enfrentó a la justicia y pese a un desmayo que haría pasar vergüenzas a las teleseries turcas que ve mi mamá, terminó en prisión preventiva, por ser un riesgo para la sociedad. El mismísimo segundo de a bordo del Ministerio del Interior y durante los viajes, derechamente del país, preso. Entre medio la vocera-vocera, siempre disciplinada y gélida, nos mandó a sosegarnos con el «aprovechamiento político» de la situación… y ni se arrugó.

Esto de tener buena memoria oh, mi papá tenía razón, se sufre. Dan muchas ganas de buscar el rouge más rouge de todos y decirle a la siempre bella Camila, que, si hay alguien en Chile, onda en toda la historia de Chile que se aprovechó políticamente de una insurrección y luego de una pandemia es su coalición. Busque un espejo, reina.

Por otra parte, SE insistió con aquello de que nadie está por sobre la ley, cosa fácil de decir muy pero muy ex post, ah y también lloró por su precioso presupuesto para las culturas. Déjame adivinar, no se van a poder hacer 567 películas sobre Pinochet este año, solo 563…tremendo, realmente conmueve cómo el Presidente está conectado con Chile y sus necesidades.

Yo debería cerrar la columna aquí, declararme en huelga de sátira caída, o algo así. Porque en un país que se convirtió en una triste parodia de sí mismo, qué más queda por hacer. Descorchar la cepa favorita, poner música y como en el Titanic, hundirnos como caballeros, o en mi caso, lady.

Esta banalización de la decadencia moral en el corazón del gobierno, les juro que me tiene mal. Como que no logro superar lo grave que es, por una parte y por otra que no pase nada. Pero nada. Déjenme ver si puedo resumirlo. Aparentemente, resulta que todos sabían que Monsalve pertenecía a esa larga tradición de socialistas, buenos pa’ la empaná, el vino tinto, el pisco sour y el hueveo (me perdonan que elija un chilenismo, por su precisión). De esos mujeriegos que creen que, porque les encantan las mujeres, el sentimiento es recíproco (puaj) y de esos que, por su apariencia inofensiva, nadie ve venir. Además, tendríamos que señalar que, en un gobierno entre penca y muy penca, alguien que usaba corbata y parecía más adulto, más maduro y que daba la impresión de estar siempre resolviendo los pastelazos de la coalición gobernante, se ganó al menos el respeto de todos.

Sip, habrá que reconocer que fuimos engañados. Porque pese a jurarnos pasar en horas en vela pensando en cómo resolver los problemas de seguridad que aquejan a Chile, nuestro protagonista parece que pasaba muchas más horas utilizando los recursos del Estado para sus intereses, cuyo adjetivo dejo a vuestro criterio y agrado. Y esto es lo que a mí me resulta más perturbador; porque parece que Monsalve era el líder de una banda, que contrataba, ascendía y subía sueldos a discreción y por motivos espurios, ofrecía cursos y solicitaba servicios de geisha a subordinadas en particular, a vista y paciencia de todos. Uno puede intuir que facilitado por todos. Inquieta también esta cosa de andar como encubierto, deshaciéndose de la escolta, pagando en efectivo, con una cantidad de recursos impresionantes, por cierto. Y todo esto es antes de ese día en el hotel panamericano. Porque es cierto, ni usted ni yo estábamos ahí, gracias a Dios, pero ya conociendo los testimonios del taxista, la gente del hotel, las grabaciones, sí podemos decir algunas cosas; ella no sabía ni quien era, él estaba mejor y ella no quería estar con él.

Uno puede concluir que las acciones del subsecretario y sus amigues, están pasadas a modus operandi siono. Porque es raro que alguien debute con estas conductas a sus tiernos 60 añitos y me tengo que preguntar ¿Por qué no supimos antes? Tranqui Vocera, calmación, no estoy hablando de pactos de silencio como lo imagina usted, o pretende que lo imaginemos, sino más bien de algo mucho más pedestre, algo más en la línea de ¨es que él es así¨. Curiosa tolerancia para un gobierno feminista. Porque de otro modo no se explica, la confianza y seguridad con la que actuaba el subsecretario.

¿Cómo vamos hasta aquí? Yo, descompuesta. Pero quizás lo que más me acongoja respecto del país es el actuar de tanta gente que supo. Y en lugar de hacer lo que nos han machacado, trataron el asunto como un cahuín de oficina, o peor aún con amenazas, para mi gusto bastante claras. Revisando cámaras, aunque la guinda de la torta es la PDI visitando a la denunciante disfrazados de repartidores… ¿eso es habitual? ¿A eso se dedica la PDI ¿Cuántas veces lo han hecho y por encargo de quién? Sincerémonos, porque yo estoy al borde de los antidepresivos con este puro resumen, super tosco, e imagino que ustedes también; acá hubo una intención de proteger a Monsalve, no porque lo amen con locura sino por la proximidad de las elecciones y la prensa les guaneó el plan. El poder de Monsalve parece haber sido total y el alcance de usar a la PDI como policía personal, no queda resuelto sacando a la jefa de inteligencia. Por cierto, a mí me habían dicho que en Chile no hay inteligencia… pero parece que hay pa ciertos eventos.

Lo que más molesta es el doble estándar y el descaro de además decirnos que nadie está por sobre la ley, pero yo al menos no había visto a alguien con una denuncia por violación con tantas garantías y tanto poder. Y tampoco había visto a un gobierno con las manos metidas hasta los codos haciendo tanto esfuerzo por salvarse de la responsabilidad política, como si este se tratara solamente de un caso judicial. No poh, ustedes se metieron solitos ahí.

Si este fuera un país serio, el Ministerio del Interior al menos, debiera estar descabezado, dejando quizás solo al señor de las fotocopias, que existe en toda oficina. Al menos. El problema y esta es la verdad es que no hay una oposición que entienda lo que tiene que hacer y se dejan acoquinar por las bravatas de la vocera, que, digámoslo, anda brígida. Y si nos sinceramos más todavía y nos atrevemos a decirlo en voz alta, si se va Tohá y la bandita de Interior, ¿quién va a gobernar? Te lo digo, ya no quedan cuadros y los que quedan figuran corriendo por los pasillos con chaleco salvavidas.

Esta pitonisa está considerando seriamente una moción para cambiar el flúor por antidepresivos en el agua. Porque ya es mucho, es todo muy agobiante, muy asqueroso, mucha impunidad, mucho descaro, mucho todo. Es probable que todo haya sido una ilusión y la verdad es que jamás fuimos un país serio.

K-Sandra

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