¿Se acuerdan cuando teníamos la ilusión de ser un país serio? No lo somos, pero eran bonitos esos tiempos. Claro, no éramos los más nada del continente; la naturaleza no nos había sido tan generosa como a nuestros vecinos, más bien por el contrario, cada cierto tiempo se acordaba de tratar de destruirnos. Tampoco éramos especialmente bellos y capaz nuestra cocina no era aclamada en el mundo y siendo sinceros si el amigo gringo buscaba aprender a menear las caderas en Latinoamérica, este no era el lugar. Solemos ser más tiesos, pálidos y fomes de lo que en el norte del continente imaginan, es cierto. Pero, había en nosotros una inclinación hacia la seriedad con todo lo que eso implica, una suerte de valoración de las tradiciones y un cierto orgullo de roto y chileno ¿Era todo eso una ilusión? No lo sé, yo solo sé que no conocía la vergüenza ajena, no realmente hasta que esta generación de políticos llegó al poder.
No hablaremos esta semana de los intentos del gobierno por distraernos de su obscena anuencia hacia Venezuela, haciéndose los ofendidos con Argentina, porque yo creo que ese chanchito va a dar mucha más manteca. Solo diré una cosa y es una pregunta seria, para una tarea; si lo que se está pensando es que “desde Caracas” se ordenó el asesinato del teniente Ojeda, ¿cómo se pretende que sea el mismo Caracas el que colabore con la entrega de sus asesinos? Incluso, ya, si nos entregaran un plumífero, algo así como “ya, ahí tienen, pa’que se dejen de jorobar”, toda lógica me indicaría, que no se trata del autor intelectual, sino más bien de un esbirro muy reemplazable para el régimen. Pero claro, debemos hacer como que no notamos que este gobierno es el mocito de Venezuela, ¿por qué? Ah, también hay que hacer como que no sabemos. Dale. Después de todo, la lógica entiendo que ya no vive en Chile, se fue a vivir a Paris en noviembre del 2019.
Dejemos eso quieto un rato, esta semana me quiero concentrar en la nueva mesa de la Cámara de Diputados que nuestros distinguidos congresales tuvieron a bien elegir esta semana. Se supone que tenemos que emocionarnos mucho mucho porque por primera vez en más de 100 años, la presidencia la ocupará una comunista. Y mujer más encima… ¡Histórico! Una lagrima corrió por mi mejilla; era alergia. Aparentemente soy alérgica al comunismo, voy a tener que empezar a ponerlo como respuesta en los modernos partes de novios; “ostras, erizos, comunismo”. Como su hidalgo vicepresidente, nuestra histórica Dulcinea, lleva del brazo a Gaspar Rivas una figura que de hecho me da lata mencionar, porque es demasiada sátira, demasiado fácil. Bueno, el mundo se nos ha vuelto un poco parodia de sí mismo, prueba de ello es lo difícil que está distinguir las cuentas parodia de las reales en Twitter (Don Elon, please, stop trying to make X happen). Pero más que de estos personajes paródicos, histriónicos, narcisos, lo que me impactó fueron dos cosas. La primera es la tremenda decepción que resultó ser el PDG. Pudo ser (y les confieso que me entusiasmó) el partido de la clase media, del fachopobrismo, del mérito. Todo aquello tan perseguido y correteado por la izquierda progre estos años, aunque no crean, también un poco por la derecha. Hay que decir que el clasismo y el nepotismo son bastante transversales en nuestra política. Tuvieron la oportunidad de ser una brisa de aire fresco y en cambio prefirieron ser un infomercial. Una lástima. La segunda cosa que me impactó, no porque no lo supiera, pero como que me cayó la chaucha cósmica un día en la ducha; “¡tate!” El casting de nuestra política es podrido de malo.
No sé ustedes, pero yo me crié escuchando los cuentos de mi tata sobre diputados y senadores brillantes, gente que inspiraba respeto, aun cuando uno estuviera en desacuerdo con ellos. Una política de gente elegante, distinguida, con modales y al menos patologías psiquiátricas menos evidentes o vistosas. Hablo de la forma, además, por cierto, o sea, nuestro diputado Boric jamás comprendió que los adultos nos vestimos también por respeto al prójimo. El Presidente no lo hace mejor, aunque agradezcamos que ha dejado el mohicano y las poleritas de asesinatos. Es un upgrade.
El fondo es peor y ni siquiera creo, por lo manoseado y mal definido que está, que el término “populista” alcance. Desde alcaldes hasta parlamentarios me da la impresión de que se ha optado por personalidades que den con la nota histriónica y seductora, sin mucho más que ofrecer, persiguiendo el esquivo voto popular ¿eso es todo? Se lavan las manos después los partidos políticos, aquí no ha pasado nada y vamos a la siguiente. Nota aparte lo increíblemente incapaces de la oposición en esta pasada y ya sé que llevo como tres semanas de corrido a charchazo literario limpio, pero es que, en serio, ¿cómo pueden ser tan incapaces? ¿Cómo no pueden adelantarse a nada? Y sí, convengamos que lo del gobierno también es medio pateticón, o sea, arrastrarse de guata sólo para conseguir el votito del señor Rivas a cambio de bancárselo en la vicepresidencia…me acordé de ese video viral antiguo; “¡Nancy, sé digna, párate!”
Volviendo al tema del casting y la responsabilidad de los partidos en él, tenemos tantos ejemplos en este último tiempo. De corrupción, es cierto, pero además de una falta de principios, de propuestas que resulta indignante, porque más allá de que tengan precio, indigna más todavía lo baratos que son. Esta descomposición que es también y primariamente moral, sólo logra que la gente sienta una desesperanza profunda y ¿cómo se reconstruye un país así?
Esta pitonisa se declara una vez más impactada con la indolencia de toda la clase política, de los partidos, de su incapacidad para generar una selección decente de personas competentes y con algún apego a eso que llamábamos principios. Si no son capaces de ganarle a un gobierno derrotado, incompetente, en total bancarrota moral, no se quejen después si los mismos votantes que salvaron Chile empiecen solitos a mejorar el casting y les digan a todos ustedes “gracias por venir, te llamamos”.
