Vivo con temor a encontrarme con Manouchehri en el baño, disfrazado de planta, viendo exactamente cuánto jabón uso. O en el casino, vestido de condimento, calculando los exactos mililitros de aceite que le vaya a poner a la ensalada. Estoy 70% segura de que la contralora en el fondo de su corazón querría bloquearlo, ghostearlo, clavarle el visto. Es que esa ha sido la oferta, inspiradora, épica del Inspector Gadget de Temu y su fiel compañera, la senadora Cicardini, que, a ratos de tan consumida por su rol, parece olvidar parpadear; ya no conformes con pedir explicaciones por la ausencia de guantes, malla capilar y mascarilla de la primera dama sirviendo almuerzos en La Moneda, ahora se alborotaron porque el Presidente Kast invitó a su generación universitaria a almorzar a su casa. Sip, en esa estamos. Y digamos también que, por extensión y omisión, un poco ha sido la excelente oferta del Partido Socialista, porque uno promueve lo que permite. Una oferta que solo hace que la gente entorne los ojos y añore tiempos y socialistas mejores.

Ya hay gente que está con aquello de que no hay que jugar al empate ni culpar de todo al gobierno anterior. Siempre con esta idea de ser mejores personas, de no tratar al prójimo como nos trataron. Mmmm, sí, pero como que empate, así como empate no hay, no hay empate posible con el gobierno anterior y esta moralina express supone un nivel de amnesia forzada, porque literalmente hace dos meses estábamos disfrutando del paraíso Boriciano. Entonces no, esta columna de sátira no se va a plegar a esos llamados porque yo al menos recuerdo claramente cuánto gastábamos en arredrar el palacete de Yungay, abandonado en aquellas noches en que nuestro Presidente sentía los tambores del amor y había que desplazarlo con todo y escoltas. Sí, porque yo sé que muchos creen que andaba caminando solito, pero no ¿cómo eran los carretes en Château Yungay?, ¿cómo se financiaban? ¿O en Cerro Castillo? ¿O cuanto nos costaba su afán de votar en Magallanes? Tantas preguntas… ¡Diputado Manouchehri, haga algo! Y con esto doy por cerrado el tema porque parafraseando a la gran Martita Larraechea de Frei, cortémosla con esta rotería sin nombre. No se jugó en ese almuerzo el destino económico de Chile, como sí lo hizo en el gobierno anterior, por lo demás.

Vamos con lo mas importante de esta semana, la primera cadena nacional del presidente Kast. Enumeró los logros en sus escasos primeros treinta días; zanja, primer avión con inmigrantes expulsados, avanza el proyecto de seguridad en las aulas, eso en seguridad. Pero lo enjundioso vino cuando anunció su paquete de medidas para la reconstrucción y el crecimiento. Un vuelco, algo distinto a lo que hemos visto desde Bachelet 2 en adelante, ¿Se acuerdan? Esa retroexcavadora que quería pitiarse al neoliberalismo. Esos humos de opio que terminaron con generaciones de chilenos creyendo que existen las cosas gratis. Total, alguien más, los malvados ricos, estaban ahí para pagarlo todo. Y claro, nos pegamos un frenazo que fue el vientecillo que cosechó las tempestades de 2019, hasta culminar con el inefable (por exceso no por falta de adjetivos) gobierno de Boric. Es en ese sentido, este anuncio, más allá de lo concreto y lo técnico un sismo cultural. Y si no me creen, vean las reacciones y los discursos con lo que nos ha deleitado la izquierda y sus adalides en todos los ámbitos, ¡oye! Parece una escena de El Exorcista, de verdad. Pero pasados los chillidos iniciales al discurso se le caen como cinco bolas de naftalina y tres cadáveres de polillas “¡Esto beneficia a los ricooooos! Ggggggggghhhhh, somos legiones!”, etc. En serio, hay entrevistas que hay que ver con dos padrenuestros en el cuerpo.

Este paquete de medidas de reconstrucción y desarrollo económico al que le han hecho bullying duro aun antes de presentarse, busca sacudir al Estado, hacerlo menos burocrático y devolverle la plata a los ciudadanos para que hagan que Chile entero crezca, ese es mi resumen. Imagínate el cambio de paradigma, después su buena década repitiendo como loros que hay que asfixiar a los que mueven las cosas y a los viejos estrujarlos como un limón y cuando ya no puedan pagar más, que dejen su vida, sus logros y sus recuerdos y se compren algo más chiquitito pero que les permita pagarle al Estado puntualmente y con la carita llena de risa hasta su último suspiro. No sé fíjate, puede ser mi lado anarcocapitalista hablando, pero jamás le he visto tanta justicia a obligar a pagar a los que tienen más, que son los que más mueven las cosas y menos servicios reciben del Estado. Y no, no me da envidia ni rabia que alguien sea más rico que yo mientras yo tenga para vivir la vida que quiero. Y ese es justamente el punto. Tan anacrónico y poco estético que es el odio a los ricos, más aún viniendo de otros ricos, como los que pululan por el Congreso o los estudios de radio y televisión. Porque a la base uno intuye que es eso y exclusivamente lo que los mueve. Más que lograr que más chilenos se alejen de la pobreza, sí, con otros haciéndose más ricos, prefieren nivelar para abajo con tal de aniquilar al cuco y meterle a la gente el estado hasta debajo de la lengua. El Estado y sus muchos gastos y sus muchísimos sueldos y su muchísima displicencia a la hora de gastar, a eso me refiero, no a un almuerzo, diputado M.

Por cierto, que falta mucha conversación, mucho pulir, muchos votos y sí, amigos libertarios, sé lo que piensan: era tirar el tejo más pasao. Los veo, los siento. Pero la política es para seres humanos no más y después de los últimos 15 años, esto es monumental. Y en términos culturales, si se explica bien, es una tremenda oportunidad. Porque la gente esta esperanzada y quiere intentar con estas ideas nuevas tan exóticas.

Esta pitonisa ve y siente una disposición distinta. Entre los gritos y los pacíficos manifestantes capaces de agredir a una ministra, entre las acusaciones por faltas a la higiene y los almuerzos, entre los discursos de odio a los ricos y los chillidos por el agua bendita, entre medio de todo eso hay un mandato de una mayoría de chilenos que quiere que volvamos a preocuparnos de lo importante, de sacar al Estado de nuestras conversaciones para retomar nuestros proyectos y anhelos libremente. Allá lejos, al fondo se escucha, fuerte y claro, un Chile que se pregunta cuánto mejor podría ser su vida. Se pregunta por las posibilidades que se abren ante sus ojos, se pregunta con ilusión, ¿te cachai, si resulta?

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