Estuvo llena de noticias, más o menos vistosas, esta semana que nos deja cada vez más cerca de las elecciones. Y es que partimos con esa gran opereta de la Enade, en que Dorothy Pérez fue elevada a los (merecidos) altares de la patria, el Presidente dio un triste espectáculo desde Italia sin poder conectarse y bueno, en realidad ahí no se perdió mucho, pa’qué estamos con cosas. Mención aparte al viaje de SE al Vaticano que ha sorprendido a tantas personas. Onda que porqué se va a meter pa’allá, el muy filocomunista cuyas creencias, nos consta, no deben tener una sola intersección con las de León XIV. A mí, la verdad, me sorprende que les sorprenda, otseah, ya con cuatro años de este calvario, me parecen evidentes dos cosas; no ha habido viaje al cual el Presidente no se haya querido sumar, al hombre le gusta viajar y segundo, conocer al Papa igual es conocer al Papa, obvio que es una experiencia que el niño poeta va a contar en los asados y en sus próximas memorias. Sí, a mí también me dio un tiritón, pero es evidente que el primer histrión de la república va a seguir explotando su personaje ¡pppfff! Fácil te saca dos o tres memorias antes de los 60 años y por lo menos una antología poética, inserte foto con boina, toda esa chaya. No tengo pruebas, tampoco dudas.
Aparte de eso, la candidata Matthei hizo eso que mi abuelita llamaba “doble trabajo”; enojarse y desenojarse sola, y perdonó a Kast por todo aquello de los bots. Que dizque el mentado Kast le había pedido perdón en una radio… Perdón así como perdón y exactamente por qué tendría que hacerlo, nada de eso me convenció mucho, la verdad. Pero el rusio, lampareado como conejo y sin la chispeza que nos ha dado el mestizaje, le dijo algo así como que lamentaba su dolor… Todo muy melodramático, pero muy mal actuado. Te lo digo que Pimpinela esto lo hacía mejor. Con todo respeto, a nadie le interesa, no estamos pa’andar consolando a nuestros políticos, pónganse serios. Chile tiene dolores de verdad, corte la tontera, la una y consígase asesores más víos, el otro. Bechito.
Hasta ahí íbamos cuando se le vino un nuevo blackout al gobierno con el tema de las cuentas de la luz. Una vez más las matemáticas burguesas, heteropatriarcales y colonialistas, los atacaron y resulta que estaban calculando mal lo que se nos cobra. O sea, no mal, pésimo en realidad y de más, siempre de más, por supuesto, o en mi mejor castizo; nos estaban guaneando. Porque no es solo que pagáramos de más por la luz, pensemos en todos los otros precios e indicadores que van de la manito de la luz. Y pa’más, resulta que el ministro de Energía lo sabía hace un mes. Como habrá sido de impactante e insalvable, que este gobierno que no echa a nadie tuvo que saber echar a Dieguito Pardow pese a sus aleteos y al clásico gaslighting de la vocera, Camila, la bella, que ya es un meme de sí misma, o una de estas muñequitas que repiten una frase, en este caso “es culpa del gobierno anterior”. No dio, no alcanzó y aquí estamos a menos de un mes de las elecciones con este pastelillo excrementicio en el corazón del gobierno.
A mí me pareció poético que esto ocurriera justo cuando se cumplen seis años de ese 18 de octubre que lo cambió todo, ¿pueden creerlo? Ya seis años de este octubrismo que en su versión violenta y pirómana está latente como una garrapata en la tierra esperando vientos más cálidos. Pero que en su vertiente filosófica ha estado aleteando en algunos corazoncitos como antes, como siempre.
Habrán notado igual que yo, que ya no se habla de octubrismo, tampoco parece haber interés en las marchas conmemorativas de la gran efeméride que depositó, en un eructo histórico, a la coalición que hoy nos gobierna (o algo así) en La Moneda. Si uno fuera mal pensada, diría que lo quieren esconder, fíjate, que ya no es tan sexy. Pero no, no puede ser eso. Si le deben todo al fuego, la destrucción, la mugre, la violencia y las mentiras de esos días. Saludos vocera, le manda la estación Baquedano. No puede ser que ahora renieguen de su mitología, ¿se acuerdan? De esa foto fantástica de las llamas envolviendo a la ciudad y un montón de bárbaros sobre la estatua del general Baquedano, del carro de Carabineros rodeado de delincuentes tratando de voltearlo, de quemarlos, de los camiones con escombros llegando a la plaza que rebautizaron con el sugerente nombre de “dignidad”, de la marcha del millón de cursis conscientes, golpeando sus Thermomix y demostrando lo bondadosos que eran, tan tan buenos que protegieron y fueron cómplices de la primera línea, de los espectáculos de las feministas, de la cancioncita esa que duró menos que La Macarena, porque en realidad era una performance y ya sabemos que solo les interesan las víctimas cuando el violador es el correcto, del perro matapacos, de la partusa permanente, del fuego y los espectáculos degradantes a toda hora del día, de los saqueos y del metro. ¿Quién lo quemó?
Se acuerdan de esa sensación de abandono, de la abdicación de la política y los adultos, de la complicidad y cobardía de la academia, los artishtash y mucha prensa que nos llamaba a no creer lo que veían nuestros ojitos porque todo se trataba de una gran manifestación cultural con incidentes aislados mientras veíamos como lo quemaban todo y solo nos separaba del caos una delgada línea verde de carabineros destruidos físicamente, pero jamás moralmente. Todo, eso y mucho más fue hace solo seis octubres. Me sigue pareciendo espeluznante. Todavía más, porque fue la pandemia y solo la pandemia la que evitó que nos destruyeran Chile. Porque entregar la Constitución no fue, ah, cortémosla con las vueltas largas. Fue por la pandemia que se entraron los violentos y le tocó el turno a los revolucionarios de chalet. Claro, compañero, no podíamos permitir que la revolución se nos apagara, que el gobierno de Piñera levantara cabeza, había que seguir pateándolo en el suelo y no iban a dejar que alguna consideración moral respecto a la utilización política de una pandemia los detuviera. Sabemos que ellos siempre están dispuestos al sacrificio por la revolución…ajeno sosi poh.
Y aquí llegamos al punto que quería hacer; en esos aciagos días de fuegos y mentiras, de ver como destruían Chile, nos humillaban y nos trataban de convencer de que éramos el peor país del mundo, en esos días espantosos, de injusticias, de falsos profetas, yo solo rogué por una cosa; que un día la Verdad y la Justicia, así con mayúscula, volvieran a aparecerse sobre esta tierra. Y aquí estamos seis octubres después con estos niños ricos revolucionarios mediocres, verborreicos y chantas, puestos en su lugar por sus propias acciones. Hoy esto lo encarna Diego Pardow, pero antes fueron Izkia y Giorgio, entre otros. Dieguito no tuvo compasión con el gobierno de Piñera y a caballo de unos modelos matemáticos fúngicos desde su tank (me tomé la libertad de quitarle el “think”) se convirtió en una especie de duende del apocalipsis pandémico. Hoy, tras este pésimo desempeño en el ministerio de Energía, se va sumido en el descrédito y (ojalá) el olvido como antes lo hicieron los otros, ¿y el resto, qué pasó con los cuadros de APRUEBO dignidad? Karol, Catalina, Toti, Dieguito, Gonzalo, Maite… ¡chita! Mejor no sigo, parece que como dicen mis amigos gringos, efectivamente Karma is a bitch, only if you are one.
Cabe señalar que por motivos que aún investigo, el Presidente parece ser inmune al fracaso de su generación. No me rindo, lo seguiré investigando.
Esta pitonisa ve al octubrismo herido, pero pataleando, siempre esperando el momento propicio, la chispita correcta para volver a prenderse. Me preocupa la memoria de pez de algunos y lo bravos que son pa’l relato otros. Creo que los que recordamos tenemos la obligación de mantener vivo este recuerdo porque casi perdemos Chile y si usted piensa por un segundo que estamos a salvo, que no lo van a volver a intentar o que no siguen abrigando las mismas pésimas ideas que casi nos desbarrancan, no ha estado poniendo atención a estos cuatro años de gobierno octubrista. Es eso y no otra cosa lo que han encarnado. Por eso, por la verdad y la justicia no podemos olvidar, aunque nos parezca ya lejano, porque solo pasó hace seis octubres.
