“Hace muchos años, llegó al gobierno el compañero Allende. Del pueblo y para el pueblo, era un santo lleno de bondad que sólo quería un mundo mejor. Todo era hermoso en los albores de esta nación, el pueblo impoluto vivía en la contemplación, en la apreciación de las artes que florecían, rodaban desnudos por los prados, llenos de fe y esperanza. Sin embargo, los malvados de siempre, los ricos, los poderosos, no pudieron soportar tanta bondad, belleza y justicia. Se coludieron con la CIA para aumentar la inflación, escondieron hasta el último paquetito de galletas y las señoras pitucas fueron a cacerolear y lanzar maíz a los regimientos, porque imperialismo. De modo tal que los perversos militares sedientos de poder, organizaron un golpe de Estado que no contaba con apoyo más que de ellos. Tras años de un gobierno militar como nunca se vio en la historia humana, los artistas perseguidos (salvo cuando estaban en la tele) y los estudiantes que siempre saben lo que es mejor, lograron forzar un plebiscito que restauró la democracia. Lamentablemente, los aviesos de siempre, no hicieron nada bien y por eso los años de transición han sido tan nefastos que el pueblo motivado por los estudiantes, se vio obligado a continuar con la posta de la revolución de los años 70 en octubre de 2019”.

Con ustedes amiguitos, la historia oficial. 

¿Too soon pa’ hacer sátira? Solo han pasado 50 añitos. 

Una de las cosas que me pudre del wokeísmo es esta suerte de presentismo, en que los hechos del pasado se juzgan con la moral del presente, en la comodidad absoluta de indignarse en las redes sociales con un chai latte venti en la manito (con leche de almendra, obvio). El desparpajo es tal que han venido a juzgar a vivos y muertos con una falta de empatía que sería evidente incluso para ellos, de no ser porque también tienen el monopolio de la empatía. Entonces hemos visto la destrucción y vejación de figuras históricas, como Colón, Pedro de Valdivia, Churchill, etc, porque ellos, puestos en otro siglo, con otras circunstancias, desde luego que lo hubieran hecho mejor.

Hubieran estado en un podio de la moralidad, claro, jugando como juegan, con las cartas marcadas. Entonces evidentemente que pueden juzgar lo que pasó en Chile hace 50 años. “Porque nunca más…”. Dale, pero ¿cuál “nunca más”? ¿“Nunca más llevar a un país completo a una crisis institucional, política, económica y moral tan profunda que un gobierno sea declarado inconstitucional y luego la política se haya declarado sin herramientas y hayan recurrido a una salida militar”? ¡Chita! Fíjate que no se me había ocurrido… Es de una obviedad tremenda que nadie quiere ni guerras ni quiebres institucionales, pero ocurrieron, ocurren y (spoiler alert!) seguirán ocurriendo, porque basta asomarse un poquito a la historia, incluso del propio Chile que no partió en 1970 para darse cuenta que esa es la naturaleza humana. Resulta de una soberbia espantosa pensar que sólo con utilizar ciertas frases, como si de un Martillo de las Brujas se tratara, se pudiera exorcizar la ocurrencia de ciertas cosas. Y es justamente ahí donde me parece importante sumergirnos en la historia, en toda la historia, escuchar todas las voces, entender que explicar y justificar no son lo mismo y que para tener una opinión e incluso un juicio correcto necesitamos desmadejarlo todo y no quedarse solo con los museos de la mitad de la memoria. 

Otra fuente de putrefacción del wokeismo, es que se trata de una ideología que apela a la enemistad cívica. Es la vieja confiable lucha de clases remasterizada. En este siglo no son aceptables ni los matices ni que, como suele ocurrir en la historia humana, dos cosas puedan ser ciertas al mismo tiempo. Hay que repetir bien ordenaditos siempre lo mismo y escupir en los logros de la gente del pasado. Porque, ¿me van a decir que el problema de Cuba y Venezuela es que están protestando mal y por eso no han recuperado su democracia? ¿O que a quienes vivieron esa época, se les presentó la dicotomía entre violaciones de los DD.HH. y construcción de carreteras de primer mundo y Chile en su infinita maldad y fascismo eligió lo segundo? No parece justo.

Me he acordado harto de la profesora Arendt, Hannah, que imagino, de vivir en estos convulsos tiempos estaría canceladisima, funada. Porque, una cosa es que a las víctimas, a todas , uno no pueda exigirles perdonar, pero a una sociedad que apoya un “ni perdón y olvido”, ¿ qué le puede esperar si no vivir en bucle de rencillas y aprovechamiento político? No sería mejor cultivar como sociedad el perdón y la gratitud. Sí, gratitud, porque tanto al Presidente, a mí y a la mayoría de los chilenos que hoy estamos aquí no habíamos nacido en el 73 y usufructuamos de los esfuerzos de lado y lado por restituir la democracia y llevar a cabo una transición pacífica y justa. No fueron pocos esos esfuerzos y resulta físicamente desagradable el contraste con Apruebo Dignidad y sus esbirros. Para empezar todas las izquierdas (democrática y no), miraron al techo en 2019, sinceremos eso.

Quienes hoy están en el gobierno pese a negarlo hoy, participaron de avivar los fuegos de la violencia, celebrarla, ampararon mentiras, las difundieron, y aunque lo nieguen, sí quisieron que Piñera renunciara o fuera eliminado de su cargo. Hasta una performance con guillotina hubo por ahí, ¿o no? Luego trataron de consolidar su revolución setentera mediante una Constitución delirante. Pero claro, esos “nunca más” parece que se olvidan rápido.

Hoy, pese a los esfuerzos del Presidente que se ha permitido hasta tratar de cobarde a un suicida octogenario (y pidió disculpas a lo frenteamplista, o sea, not disculpas), las encuestas dicen que a la gente esta conmemoración no le interesa. Los reyes de la deconstrucción parecen haber olvidado que a veces repetir algo mucho, deja de tener sentido e incluso puede convertirse en una caricatura. Eso es lo que pasa con su “nunca más” que resulta frívolo, oportunista y derechamente feo, porque usa los dolores de Chile. 

Al igual que el ex Presidente Frei, esta pitonisa piensa que pasarán muchos años antes de que podamos enfrentar nuestra historia con paz. Sin embargo, hago votos, porque nunca más exista una historia oficial y nunca más un sector se arrogue la superioridad moral para venir a sacrificar nuevas generaciones de chilenos en el altar de los réditos políticos. Ojalá que nunca nunca más.

K-Sandra

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