“…Hoy, cuando estamos próximos a conmemorar 50 años, hay otros que mueren de manera cobarde para no enfrentar a la justicia”. Ibi habes eam, el socialdemócrata. Ese fue el remate que nuestro Presidente estimó pertinente al ir a rendir sus homenajes póstumos a Guillermo Teillier, para con una sinuosidad reptiliana referirse al suicidio, del brigadier en retiro Hernán Chacón Soto, condenado por la muerte de Víctor Jara.
En esta columna no celebramos muertes, de nadie, nunca. No porque yo sea especialmente buenita, el Pulento sabe que no lo soy, sino que por dos motivos; primero, ¿qué hay que celebrar? No los quiero spoilear por si hay un arbolito súper perdido leyendo esta columna, pero memento mori poh, papito; todos vamos pa allá. El que algunos lleguen antes, no es motivo de celebración, no es un triunfo. La muerte nunca es un triunfo de los vivos. Y segundo, porque ¿a quién agravia esa celebración? ¿Al que acaba de hacer el check out terrenal? No poh, a los que lo lloran. Y las responsabilidades no son heredables. O, dicho de otro modo, los pecados de los padres, que los paguen los padres.
Venganza y justicia son primas lejanas, no hermanas, y son bien distintas por no decir que una es la prima super fea de la otra. Restregar una celebración o un slogan o meter una cuñita cuando hay una familia que sufre me resulta cruel y bastante cuma, pero como del alma.
Entonces, como decía mi tata “que en paz descanse será, poh”.
Puchas y justo que ya estaban los esbirros del Presidente diciéndonos que es tan pero tan socialdemócrata, que chita que ha cambiado, que no, que te fijas tú, que como tenía de orejero a don Guillermo no era capaz de expresar la grandeza de su alma, etc. ¿Pudor? ¿Alguien?
Se imaginan alguien de derecha hubiera dicho algo apenas similar a lo que dijo el bienamado líder, ¡ppfff! De “extremo” se va, mínimo, ultraderesha, ¡agáchate que viene la ultraderesha! En fin, la hipotenusa.
Sus arranques de honestidad en realidad debiéramos agradecerlos. Como baby Lenin dejó vacante el pony de la superioridad moral, tuvo que saltar S.E., pero no nos confundamos, es excelente jinete también.
En este punto, salgamos un segundo de la crítica política, que por supuesto que cabe hacérsela a alguien que convenció a Chile de que su gracia máxima eran las archimanoseadas habilidades blandas. Que tan empático, tan cercano, tan como uno y esa supuesta bonhomía que alguna gente le atribuye a los barbones (tengo un par de ex que puedo exhibir como prueba de lo contrario). Nos dijo también, con ese egocentrismo tan propio de la progresía, que el haber transitado el camino de las enfermedades mentales lo convierte en un experto. Nos dijo que votar por él era votar por la salud mental de Chile.
Bueno, también nos ha dicho hasta el hartazgo que es un gobierno feminista… ¿y? Los estafaron arbolitos, que lo sigan defendiendo los hace ver súper mal. Pero más allá de estos cobros políticos, ¿qué clase de persona dice algo cómo eso? ¿De qué oscuro rincón del alma de una persona tiene que salir algo así?
El suicidio es el escape de los cobardes (¿en serio?, ¿todos los suicidios, Presidente?), la venganza es más importante que la justicia y las familias deben pagar por pecados que no cometieron y sufrir el escarnio y el dolor de escuchar algo semejante de parte del Presidente del 30% de Chile.
En esta lógica abyecta de sacar a pelear a tus muertos y los míos, tus dolores y agravios y los míos, tus rencores y los míos, ¿cuándo podría un país de enemigos encontrarse? Como es posible que sea ni más ni menos que el Presidente el que se permita algo así y que su vocero de Justicia le salga prestar el closet completo de una manera tan indecorosa. Qué grande le quedó el cargo al niño rico revolucionario. Exacerbar las rencillas, reavivar fuegos que arrasaron con todo, esos son los afanes de nuestro presidente que no es nuestro.
En contraste, no pude evitar recordar lo distinto que somos cuando nos unimos de verdad. ¿Se acuerdan? Ese glorioso 4 de septiembre. Ese Chile era bonito, porque tenía mucho más de nuestro que de tuyos y míos. No es así el Chile del Presidente atrincherado en su barra brava.
Pucha que está difícil encontrar la sátira con lo luctuoso que se ha puesto Chile, curiosamente, a medida que nos acercamos a la primavera. La estación con que la naturaleza nos recuerda que siempre se puede renacer. Como renació Chile el 4 de septiembre hace casi casi un año. Debiera ser un día de celebración, un día que nos une porque en las puertas del abismo Chile, con un papelito y un lápiz, derrotó a la izquierda radical que quería refundarlo. Yo prefiero ese sentimiento, Presidente, porque si usted elige hablarle a los suyos, el 4S nos demostró que Chile elige pensar en los nuestros. Y hoy esta pitonisa sigue rechazando la división y destrucción del alma de Chile.
¡Feliz 4 de septiembre, querido Chile nuestro!
