Martes 12 de septiembre de 2023, algún café ondero del centro de Santiago.

-Es que estos fachos han hecho memes, gifs, hasta stickers.

-No te creo… ¡utas, de nuevo!

-Te voy a mandar.

-¿Por qué tení tantos? Ja, ja, ja, ja, este con la cara de Giorgio está bueno igual.

-YO NO VOY A RENUNCIAR.

-Ja, ja, ja, ja, ja.

-Wena.

-Oie, pero qué hacemos.

-¡Ya sé! Que cuando los milicos (sic) estén cantando esa que les gusta, no me acuerdo, pero está en yutub, enfocan al Gabriel y él la canta.

-Oh… wena, te pasaste.

-Así queda en cero, ¿cachai?

-Wena, wena.

-Win-win.

-Mándale un guasap a Gabriel… con los stickers.

-Ja, ja, ja, ja.

Y así, cuando todos emocionados cantábamos Los Viejos Estandartes, que ¡chita que es linda! La cámara se posó casualmente sobre nuestro presidente y él con su boquita emocionada coreó un pedacito de la letra dejando a un país completo en el asombro total. A lo largo y ancho del territorio nacional, cayeron las mandíbulas, empanadas y choripanes veganos, unidos esta vez en otro coro; “¡¿Khé?!”

No sé ustedes, pero mi whatsapp estalló, los memes y recuerdos twitteros no se hicieron esperar. Y es que en el caso de nuestro niño emperador, no hay que ir tan atrás para conocer su sentir respecto de las FF.AA., otrora, fuente de fantasías miccionales y gritos destemplados, porque, efectivamente, portan armas. De guerra. Pero no este nuevo Gabriel, no, este socialdemócrata, muy carnívoro que quiere tomar de la manito a la oposición para caminar al nirvana de los acuerdos, no, este nuevo hombre se sabe Los Viejos Estandartes. No sé ustedes, si yo hubiera tenido que poner plata arriba de la mesa, hubiera apostado porque nadie de la coalición gobernante se la sabía. Prejuiciosa que es uno.

Para mi sorpresa y, debo confesar, dicha, esta vez los exegetas del Presidente no corrieron a decirnos lo maduro, cambiado y socialdemócrata que está, siempre con la candidez de un tata chocho con el nieto que protege por sobre todas las cosas ¿por qué? Por pudor, esperemos, otseah, se han quemado tanto y tan vistosamente las manitos que uno esperaba hace rato ya que sobreviniera algún grado de pudor. Pero también, porque el octubrismo, ya cercano a celebrar un año más de su pasión, es cada vez más visto como lo que es; extremista, refundacional y de nicho, de élite, para ser más precisa. Y no se ganan elecciones con eso, no con voto obligatorio y sin locura pandémica, al menos.

Parece que al fin es ineludible que se trata de un gobierno performático, con un Presidente cuyo principal talento es el de ser un camaleón. ¿Es ornamental? Bastante, pero ¿ustedes se imaginan al alcalde Jadue cantando Los viejos Estandartes? No poh, ese candidato no servía a estos propósitos. Capaz cancela la parada o invita a Venezuela a desfilar… no, mejor salgamos de esa distopia, la actual es más descafeinada. Parecida, pero más descafeinada.

El problema, es que queda mucho gobierno y no tenemos más que lo que vemos. Este es el repertorio y si bien la falta de pudor e infantilismo de los asesores comunicacionales nos va a mantener entretenidos, este gobierno y coalición están acabados; hay proyecto pero no es viable y ha sido rechazado por la real mayoría dos veces (y contando). Además ya sabemos que son completamente incapaces de encargarse de las cosas que entendíamos como más sencillas, que el modelo de financiamiento español en cruza con la muy criolla autodonación nos ha dejado esa cría despreciable que son las fundaciones.

Y como si todo eso no fuera suficiente el Presidente ya no es creíble, no sólo para los fachos desalmados de siempre, sino que para sus propios y leales arbóreos seguidores. No me reiré con encono de ustedes, arbolitos, porque yo alguna vez también sufrí por un hombre que me hizo creer cosas que no eran y en eso puedo empatizar (quien lo diría) con el llanto identitario de los animalistas veganos ciclistas ñuñoínes progres+. Esos son algunos de los nuevos estandartes identitarios con los que marcharon y derramaron sangre ajena para llegar al poder y que hoy, desechan porque no les sirven y los creen (con alguna razón) leales a todo evento.

¿Hay aquí un aprendizaje? Porque es malo que a uno le mientan, pero peor es andar de pavo y mentirse uno mismo; más vivitos pa’ la otra, ustedes han querido creerle cosas que evidentemente no son verdad. Que esta coalición era y sentía como ustedes, pero no. Era poder, era plata.

Esta pitonisa prefiere, respeta y se siente orgullosa de verdad de esa identidad grande que es ser chileno, que incluye, desde luego, y agradece a esos viejos estandartes que forjaron nuestra nación con hartas más dificultades de las que somos capaces de imaginar. Me inclino ante lo que es verdadero y celebro que estos nuevos estandartes y quienes los han portado, vayan quedando atrás, como lo que han sido; un paréntesis delirante y frívolo en la historia de Chile. 

K-Sandra

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