-Asumo que todos ustedes son republicanos.
-El día de hoy, todos somos republicanos, señor Presidente.
Ese fue el diálogo entre Ronald Reagan y el cirujano que lo atendió justo antes de operarlo tras su atentado en 1981. Se suspendió la ceremonia de los Oscar y de todos los sectores de la sociedad y del mundo se hizo sentir el apoyo al Presidente de los EE.UU. Ustedes se preguntarán ¿cómo recórcholis llegamos en sólo 43 años a un estado tan distinto de las cosas?
Bueno, permítanme esta semana mirar bien pa’l norte mis queridos lectores, yo sé que están pasando muchas cosas en nuestro querido y cada vez más violento Chile, pero, y aquí afírmense los buenistas, esto lo digo no por cínica, sino por realista; no va a pasar nada. Mesas de trabajo, anuncios que no son anuncios porque ya fueron anunciados, los fatuos llamados a un gran acuerdo que por supuesto incluye la varita mágica 2023 que es el pacto fiscal y/o la varita mágica 2024 que es el levantamiento del secreto bancario. SE desde luego diciendo que “los perseguiremos sin descanso y los encerraremos” o alguna variante de aquello y sus amigues aportando la cuota de autoparodia, con esos humoristas involuntarios que son los diputados Winter, Ibáñez, etc. Pero aparte de eso, nada. Este gobierno no puede restituir la seguridad que ellos contribuyeron a destruir, punto. Hay que sacarlos de todo espacio de poder porque ya han archidemostrado su incapacidad y pese a sus extensos conocimientos del léxico, yo no le confiara a Gabriel Boric ni la gestión de un asado. No gastemos más caracteres en esto.
Esta semana en cambio, me gustaría hablarles del jobi que tuve que adoptar luego que se hizo innecesario mi jobi anterior de derecho constitucional. Volqué mi interés hacia la política gringa. Principalmente porque lo que vivimos en Chile es un fiel reflejo de lo que sucede en todo occidente, pero más de atrasito y con menos presupuesto. Si quieren saber cómo caen las sociedades occidentales frente a la locura woke, les recomiendo que le peguen su repasaíta a lo que les pasa a nuestros amigos gringos. Además, es bien entretenido, por la manera en que ellos ven el mundo. En fin, me di cuenta por ejemplo que mis altas expectativas en la vida no son culpa de Disney, son porque cuando yo nací estaban en el poder, Thatcher, Reagan y desde luego la reina Isabel II. Entenderán la zozobra que siento… Lamentablemente mi generación, que incluye al FA, no siente lo mismo. En particular la figura de Reagan me ha interesado mucho este tiempo, ¡era un bacán! Viene una película, no soy la única que se ha dado cuenta que hubo una época y hubo figuras que sí encarnaron valores, virtudes e ideales super distintos.
El atentado al ex Presidente Trump durante un rally en Pensilvania, no fue más que la culminación de una lenta pero segura decadencia que me parece es, ante todo moral, del mismo modo en que me lo pareció ese 18 de octubre de 2019 en Chile. Primero, porque su ocurrencia fue impactante y aterradora, pero no sorprendente. Es más, muchos sentimos que era raro que no hubiera pasado antes. La izquierda de EE.UU., igual a la nuestra, lleva años diciendo 24/7 que se trata de un Hitler gringo, que con él vendrá el fin de la democracia, atacándolo legalmente de una manera en que tácitamente se entendía que no se hace con los expresidentes, y un largo etc., en que adivinarán se mezcla política, medios de comunicación, cultura, academia y élites de toda estofa. No puede sorprender entonces que alguien quisiera despacharse al Hitler de este siglo, es más, alguien podría decir que está moralmente justificado. No a baby Hitler, pero sí a la versión adulta y naranja. A uno no le tiene que gustar Trump, pero sí tendría que respetar y tratar de entender a los electores de EE.UU. Aplica también para el Brexit y para cualquier resultado electoral que la progresía de izquierdas y derechas quiera denostar. Y en el caso particular de Trump, tenemos la evidencia de su primer mandato para juzgar, que debieran acercarnos más al fenómeno que sus flamboyantes posteos. Porque parece que, si le quitamos las excentricidades y alguien le esconde el celular, la vida bajo sus políticas era mejor para los estadounidenses de a pie. Nadie podría decir que Trump es inocente de andar caldeando el ambiente, pero al que le van a decir “el taza” es a él.
Mientras, al frente, queda al descubierto el complot de años por ocultar el verdadero estado de Joe Biden y la prensa y sus cercanos se hacen los indignados, cuando ellos mismos llamaron a la verdad, cheap fakes de la ultraderesha y que no se nos ocurriera creerles a nuestros mentirosos ojitos cuando, por ejemplo, la pobre Giorgia lo tuvo que arrear de vuelta a la foto en Italia… ¿les resulta familiar? Saludos vocera.
Lo que vino, literalmente minutos después del atentado, fueron los titulares de una prensa sesgada hasta lo partisano, mofas, incredulidad y derechamente a algunos lamentando que no le hubieran volado los sesos a Trump en vivo y en directo. Algunos desalmados incluso festinaron con la muerte de un buen hombre que murió protegiendo a su familia. Su imperdonable pecado, fue apoyar a Trump. El rocambolesco desempeño del Servicio Secreto, más preocupado de cuotas por sexo y de una incompetencia que levanta sospechas, hizo que todas mis ilusiones joligudescas estallaran en pedazos ¡Donde estaba Gerard Butler cuando uno lo necesitaba! Te lo digo que el wokismo anexó EE.UU. a Latinoamérica y no nos habíamos dado cuenta. No hay que atribuir a maldad lo que se puede explicar por estupidez, es cierto, pero tampoco son excluyentes. Y tampoco a veces son conscientes. A veces basta con crear un clima político que permita cierta licencia, cierta laxitud, cierto laissez faire cuando uno ve un hombre que, por la pura cara dan ganas de arrestarlo, pasar con un arma a subirse a un techo. Seguro era un entusiasta de la ornitología…
En la base está la deshumanización del adversario transformado en enemigo. Ese es el pecado de la izquierda radical y woke. Es el problema que tengo hace fácil una década con las funas. La cultura de la funa, que está en el corazón del wokismo, es deshumanizante y destruye todo aquello que sí ha sido revolucionario en occidente como el principio de inocencia. Convertir sin juicio y con un doble y voluble estándar al otro en malvado es muy peligroso. Porque pasar del linchamiento virtual al real solo requiere de un tropezón de las mentes más afectadas entre nosotros.
Lo ha encarnado en Chile el octubrismo material dese el 2019, pero en su vertiente filosófica, mucho antes. Lo vimos, hecho una y otra vez a nuestros carabineros y vimos cómo se tildó de nazi a JAK.
Esta pitonisa piensa que el peso de la prueba democrática en este siglo recae sobre la izquierda, en todo occidente. Capaz cuando ustedes lean esto, Joe Biden ya habrá renunciado a su candidatura, en todo caso, es solo cosa de tiempo. Más allá de eso, cabe esperar que de EE.UU. pa’abajo el verdadero lenguaje de odio, ese que provoca atentados y quema todo, quede desterrado a punta de votos para siempre y este continente vuelva a encarnar los valores que alguna vez lo hicieron el hogar de los libres y valientes.
