Llegamos a un momento de la campaña presidencial en que la cosa agarra el tufillo distópico de Los Juegos del hambre, así a lo loco, a lo maldito, todos contra todos, granada en mano, aquí me llevo al rucio puesto, o algo así. Y es que esta semana debutamos con la candidata Matthei anunciando acciones legales contra los bots o trolls (nadie parece entender la diferencia) republicanos y poniendo en duda su eventual apoyo a Kast en segunda vuelta. Ese maní saltó hasta Ñuñoa, donde su alcalde se sumó al montoncito y lloró una vez más por sus sueños presidenciales truncos. Recordemos que hasta le pidió garantías democráticas a Kast para apoyarlo en segunda vuelta frente a Boric y luego, se mandó cambiar a Italia, que es lo que hace uno cuando está muy picao, se fijan. Uno esperaría que estuviera más concentrado en evitar turbazos y ajustes de cuenta en su comuna, pero no, fíjate. En fin, la cosa es que la determinación le duró entre poco y nada a la tía Evelyn, porque desde su propio sector se empezaron a descolgar y tantos otros derechamente le dijeron que no poh, que no quemáramos esas naves. Yo aún no puedo con la campaña que Chile Vamos ha hecho, con mucha urgencia laboral, muy poca calle y mucho menos juicio de realidad. Y es que, si me están vendiendo prioridades y amor por chile, esto de” o yo o ninguna” cae solito como yunque en mono animado.
Pero, ¿cómo recórcholis pasamos de una campaña que corría sola, con el cabello al viento y gente ya repartiéndose cargos, a esta carita de derrota y a ser víctimas del hambre electoral?
Como dice mi mejor amiga, algún día se escribirán libros sobre como hacer todo mal, basados en la campaña de Matthei, ¿son malos los asesores, la candidata, el diagnóstico, todos los anteriores? Como no iba a haber un plumífero, uno solo, que le dijera que por ahí no. Que la victimización jamás ha funcionado para las mujeres de derecha, pero más aún, yo creo que ya no da para nadie. Es lo que pasa con toda cosa usada en exceso hasta provocar hastío. Cómo nadie le explica que los ataques en redes sociales son un temazo, pero no son una novedad, es más, probablemente son parte del paisaje al que los políticos se verán enfrentados por siempre, todos, independiente de su sexo. No es como que al otro par de candidatos igualmente alemanes y más o menos igual de rubios, no les hayan dado hasta pa’llevar en las redes, o sea, a uno le dicen “nazi” y al otro “jamones”, cualquier día de la semana y pa’empezar a conversar, ¿vejatorio, injusto, feo? Sí. Pero como tantas otras cosas en la vida, parece mejor seguir avanzando y combatir con una campaña más moderna y que use esas redes sociales para difundir las virtudes e iniciativas de la candidata. Ese hubiera sido mi consejo, pero no estoy entre los 2.537.424 asesores.
Hay que entender que la política es un deporte de contacto, brutal que no recluta precisamente ángeles. Sumémosle que el termostato de Chile (y el mundo) se pegó una acomodá a la izquierda, pero violenta y que la centro derecha chilena ha sido incapaz de tropezar siquiera con un diagnóstico correcto hace fácil una década. Más pelos a la sopa; el chicle se estiró y nos dejó sentados en las puntas. Y eso es clave, porque no se enfrenta al PC con las mismas estrategias y creencias de fines del siglo pasado. No es eso lo que la gente quiere, porque no es esa la realidad en la que vive. Las posturas centristas son un lujo que uno puede permitirse en tiempos de paz y prosperidad, no son los tiempos en los que vivimos. Y en ese contexto anunciar que no se apoyará a otro candidato de derecha frente a la candidata del PC, resulta increíblemente mezquino y hace que todos los lloriqueos por la unidad y la salvación de Chile resulten inverosímiles.
El problema de Chile Vamos hace rato es que diagnostican mal y de ahí pa’abajo, todo está mal; mal para el 18 de octubre, mal para el 15 de noviembre, mal para el plebiscito de entrada, mal para el segundo proceso constitucional, mal para los retiros de las AFP, mal en la creación del ministerio de seguridad, mal para todas las leyes que hoy son el CV completo de la candidata comunista. Mal. Y bueno, como todas las cosas en la vida, capaz les llegó la hora tocar fondo para convertirse en otra cosa, porque, así como están yo los veo altamente invotables.
Esta pitonisa ve en el futuro de Chile Vamos una decisión que tomar entre dos caminos; el primero, el de Patricia Bullrich, que después de haberse dicho de todo con Milei, entendió que lo que se estaba jugando su país era más importante que su ego. Una rareza en la política, es cierto, pero son justamente las rarezas las que se celebran y cambian el curso de las cosas. Y el otro camino, bueno el otro nos deja a todos arriba de la Jaraneta, cuesta abajo y a ellos en un borgo italiano, criticando lo mal que votó Chile…
Ojalá entiendan que no solo importa jugar, también es importante como se llega al final; con qué alianzas, enemistades y si se llega o no con heridas que puedan sanar, en estos, Los Juegos del Hambre.
