¡Me encanta el 18! Es mi segunda fiesta favorita, después de la Navidad. Porque mi vino tinto y empaná ha sido siempre con familia, amigos y amor por Chile y desde luego, sin revolución.
Me gusta el aire que ya es distinto, la luz cambia, se empiezan a asomar los aromas de flores y los pajaritos están más contentos. Me gusta la cueca y la guaracha y me gusta la Parada Militar. Siempre me han emocionado las tradiciones de esa identidad grande en que cabemos todos. Mi septiembre es de cuatros y dieciochos más que de onces.
¿Vieron la famosa conmemoración? ¿Pa’ eso aletearon tanto? Bueno, evidentemente fue una performance de nicho y no precisamente el mío ni el de la mayoría actual de Chile. Cáchate que ni la deresha dialogante les quiso seguir el amén y tenían toda la razón. No iban a estar marchando con el Presidente y su pipol, mientras de fondo los monicacos de siempre quemaban todo. En este punto, las insinuaciones respecto a que se trataba de infiltrados, de adversarios del gobierno, que hicieron de la ministra del Interior pa’abajo, resultan delirantes. Pa’ empezar me tiene medio podrida esa cosa tangencial del gobierno y sus 167.763 de voceros incluido SE, de insinuar las cosas sinuosamente ¿A quiénes se refería la ministra? ¿A nosotros? ¿Les quedó shico el jueron loh pacoh que ahora es jue la deresha? Bueno del 2019 que fantasean (y chita que son prolíficos en fantasías) con un patria y libertad 2.0 que lamentablemente pa’ ellos no termina de llegar. Mire ministra yo no sé hacer ni el fuego pal asado voy a estar haciendo molotovs, además los domingo en la mañana tamos ocupados, córtela. El Líbero investigó quienes fueron los angelitos, péguele una leidita, capaz le sirve. Digo, pa’que los conozca antes que el Presidente los indulte en diciembre.
Lo que vino después con mucho artishta y todo, pero yo creo que el gobierno se ganó un par de nuevos problemas al avivar los vientos de la división. Primero, no logró que la ciudadanía comulgara nuevamente en el altar de la verdad oficial, por el contrario, logró que como nunca se le rebelaran algunos sectores que quisieron como niños oposicionistas (y negacionistas pa más ¡qué atroh!) sumergirse en algo tan burgués, facho y heteropatriarcal como las circunstancias de 1973, como querer conocer a todos los actores como se dice en progre. ¡Más aún, se atrevieron a indagar en la figura de un santo! ¡Un santo que esperaban canonizar! Si el Presidente se sabe hasta los discursos de Allende de memoria y los actúa con la devoción infantil que sólo he visto en mis amigos que aman estar guors ¿les dio alipori? A mí fíjate que sí, otseah, hasta me pareció que Irina debió ponerle su codazo ¡Soa Irina haga algo!
Segundo y creo más importante, al ver toda la puesta en escena daba la impresión que hasta el advenimiento de estos niños índigo iluminados (alumbrados diría yo) nada se había hecho. Yo de repente cerraba los ojos y sentía que estábamos en 1989. Pero gracias al Pulento vinieron ellos, los elegidos a enmendar el rumbo de esta patria dividida… Me pareció un nuevo insulto a los 30 años.
En suma, un fracaso su conmemoración, bien frivolona, que no conmueve por su idolatría y su totalitarismo ¡Puchis! Y pa’más ahora los fachos andan diciendo que el gobierno se quedó sin agenda… ¡Falso! Ahora hay que planificar la conmemoración del 18 de octubre y después de eso los 51 años están encima ¡Fuerza amigues!
El tercer problema es en realidad de la oposición y es cómo recórcholis van a enfrentar la realidad. Sí, así como lo leen, porque vimos también un revival del octubrismo físico por decirlo así, el filosófico es anterior al 2019 y sigue gozando de buena salud. Vimos nuevamente “manifestaciones pacíficas con hechos aislados de violencia”, “provocaciones de Carabineros”, jueron loh pacoh, jue la deresha e inefables intervenciones urbanas de señoritas que parece que necesitan harto más que aprender a dibujar clítoris en esa neo Sodoma que alguna vez se llamó Valparaíso. Igualito que en una película de terror, el octubrismo vuelve a sacar sus reliquias en procesión, con sus exactos métodos y entonces yo me pregunto ¿hasta cuándo se le aguanta a esta izquierda consentida que consiga todo con su porfía? ¿Hasta cuándo se van a sorprender de los métodos y artes que usan para imponerse siendo minoría?
El chantaje, el llanto, los desmayos, el pedir que se retiren todas las enmiendas en el Consejo Constitucional, ¿en serio les sorprende? Pppfff, si no les gusta que les digan dereshita cobarde, los adjetivos más pertinentes les van a gustar harto menos. Van a decir que pasaron máquina igual, entonces por favor, muestren lo que hace la izquierda, muestren lo antidemocrática que es cuando siente que pierde, y por cierto muestren qué cosas les parecen partisanas o poco razonables, porque en esa comparación con el engendrito anterior, es imposible perder. El sentido común se tiene que imponer y la democracia se tiene que hacer respetar, porque, ¿cuál es el término medio entre alguien que quiere pegarle a la mamá de uno? ¿dejar que le zamarreen un poco a la viejita? No poh. No es eso lo que los votantes esperan de ustedes y además, a los que no queríamos nada de esto, no nos pueden pedir que aprobemos lo que sea.
En este 18, aprendan a zapatear un poquito y más vivitos porfa, cacareen todos los huevos. Escuchen no sólo a los reciclajes de centro, también a los “extremos”, capaz haya un par de casandras que llevan años avisándoles que el caballo está lleno de refundadores.
Esta pitonisa ama la cueca que inspira esta columna y es la única consentida que desea en la vida nacional. Ciertamente, no esta izquierda radical, octubrista y refundacional que nos divide. Por eso, que esté 18- bueno, el de septiembre, espero que afloren en nosotros todos los valores que alguna vez asociamos con ser chilenos ¡Feliz 18 y que viva Chile!
