¿Cómo están mis queridos y acontecidos compatriotas? ¿Lograron salir de la penumbra? Espero que sí. Yo les juro que pensé, cuando se me fue a negro todo, que Macedonia del norte nos estaba hackeando. Por suerte no. Era nuestro primer baby huracán, que vino a cortar la luz en cientos de miles de hogares chilenos y a soltar las cadenas del gobierno. Y sí, porque les permitió salir del drama venezolano y la persecución anticomunista visceral (sic). En este punto permítanme insistir con lo infumablemente descarado, chabacano e inhumano del actuar del PC. Sumado a que además se victimicen… excesivo. Por último, sean dignos, no pueden lanzar la molotov y esconder la mano pa’ después llorar que los persiguen. O sea, evidentemente pueden, si creen que la dignidad es una plaza. En fin, volvamos a nuestro huracán que no por shico fue poco dañino. Además, no estamos acostumbrados, ¿temblores? Póngale. Pero estos vientos que desprenden árboles, postes, techos, etc., no poh. Es terrible quedarse sin luz, especialmente en invierno y es especialmente terrible para aquellas personas cuya vida depende muy literalmente de tener o no electricidad. Digamos, entonces, que el desempeño de la empresa eléctrica Enel acá en Santiago fue penca, pa’ que estamos con cosas. Y sí, soy la primera en reconocer que es difícil prepararse para un evento de viento y lluvias, pero especialmente viento como el que vivimos hace poco más de una semana. Aun así, el servicio al cliente dejó mucho que desear. Bien, pero, con el pasar de los días, uno necesariamente se tiene que preguntar, ¿y el gobierno? ¿Quién está encargado de echarle agüita en la cara a S.E.?
En realidad, aquí viene lo interesante, porque lo que hemos visto del gobierno, ha sido, en HD, el resumen de todo el repertorio político de la coalición que nos gobierna: Un despliegue de emociones espejo del sentir de la gente. Como en la película Intensamente, en que se nos muestran las distintas emociones de una niñita que va creciendo e integrándolas, salvo que nuestros querubines gobernantes no han llegado a dicha etapa. Entonces, chilenos indignados con las eléctricas, y el Presidente se pone como el monito colorao; indignade. Y en serio no estoy apuntando aquí a la talla fácil… porque además en la película el monito sí usa corbata. La vocera-vocera, cuando no está fondeá, está entera verde en desagrado. El vocero-de hacienda, alterna entre alegría por crecimientos nanoscópicos e ira, esta vez sí con corbata. La ministra vocera-de interior, suele estar como tristona y muy azul y el inefable ministro Pardow, ha desplegado un intenso tono morado-pánico. En serio alguien dígale que controle sus caras, especialmente cuando el Presidente está anunciando cosas.
Muchas veces les he dicho que, al menos tendremos mucho de qué reírnos. Algo así como ese meme en que se ve un desastre monumental bajo el título “pero al menos las risas no faltaron”. Ya sé, no es gran consuelo, porque más allá de la anécdota, este despliegue de emociones y solo emociones como política pública, es en un sentido muy concreto, completamente pernicioso para Chile. Porque chita que sirve poco que el gobierno se siente al lado de los indignados, en lugar de efectivamente hacer algo. Más funesto es aun que las pocas decisiones que toman son a caballo de estas intensísimas emociones, para generar otras emociones igual de intensas.
Es una puesta en escena permanente, en que se alargan los tiempos y se apuesta por la escasa memoria del público. Como les dije, la apuesta es dejar el fraude en Venezuela lo más atrás posible. Sólo en ese contexto se entiende a nuestro Presidente pidiéndole al gesticuloso Pardow que se encargue de la revocación de la concesión de Enel, o sus muchas rabietas por el tema de seguridad, o los fatuos anuncios de cárceles que nunca serán, o al ministro Marcel en alguna de sus ya clásicas amenazas por el pacto fiscal y pa’ que te digo, la muy comunista pero amorosa ministra Jara. En esta comprensión del mundo, emocional, palpitante, carente de orden, de respeto, de entendimiento de la naturaleza humana e incluso de aritméticas, es que la responsabilidad siempre es de quienes los hacen enojar; los banqueros son coñetes, las AFP deben desaparecer, los empresarios no pagan más sueldos por pura mala voluntad y ahora las eléctricas tienen que pescar sus payasaítas y volver al bel paese. Pero no a China, fíjate. Ya. Pero ¿y si le bajamos a la emoción y le ponemos más empeño a la gestión, la fiscalización y a, ponte, ayudar al retiro de árboles de los cables antes de una semana?
Este modo de hacer política es peligroso y ya deberíamos saberlo porque evidentemente, es muy humano subirse al carro de la indignación compartida. O sea, no conozco a nadie que, frente al mal servicio de una empresa eléctrica, la AFP, la Isapre o que le hayan sacado un parte, haya tenido como primera reacción la ponderación y la mesura, ¡si da rabia, poh! Pero las buenas políticas públicas no debieran hacerse con rabia, desagrado ni pánico.
Esta pitonisa espera que con esta versión de Intensamente que Apruebo Dignidad ha tenido a bien instalar desde 2019, Chile ya esté escarmentando y creciendo. Porque estas emociones salvajes, crudas, sólo han traído problemas, ruina e incluso tragedias. Sí, los malos gobiernos, traen tragedias. Hay que echarlos con nuestros votos, no queda más, porque la secuela de esta película no será para nosotros tan adorable y exitosa, como Intensamente 2.
K-Sandra
