Credit: Chilevisión

Es un poco agobiante todo lo que ha pasado en este gobierno, que cruza Cien años de soledad con 1984 y que transcurre en años de perrito grande. Cada crisis es reemplazada por otra, nada se resuelve, todo se olvida, nos volvemos a escandalizar. Porque eso sí, hay que admitir, cuando uno cree que ya no puede sorprenderse, nuestra Amaranta va y lo logra una vez más. O nuestro Presidente da una entrevista a la BBC y agarra la confianza suficiente para desplegar su precariedad conceptual. O nuestros diputados, con su corazón de oro, elevan un plañido por el hambre en el mundo… con dos shots de avellana.

Dicho esto, el descubrimiento de las mafias dedicadas al lucrativo negocio de los computadores estatales usados me parece un nuevo salto al vacío surrealista y distópico.

Vino a mí un recuerdo infantil, el de la fórmula que usábamos para entrar en el juego, en el mundo que nuestras mentes infantiles se disponían a compartir; “hagamo” (sic).  Iba algo así “hagamo que tú eras la bruja y yo era el oso”.

Del mismo modo este gobierno de muchos voceros y pocos ejecutivos, en su infinito infantilismo, nos invita a tomar su mano y jugar, a entrar en la fantasía que se nos propone respecto del robo de computadores desde el ministerio de Desarrollo Social. Hagamo que justo en el momento en que el escándalo por las fundaciones de multigiro está en su apogeo, entran a robar a uno de los ministerios involucrados. Hagamo que un delincuente común que se encuentra precioso es secretamente una mente criminal brillante y con un conocimiento acabado del funcionamiento y dependencias del ministerio. Hagamo que los guardias o no conocen al ministro (¿va poquito? ¿por qué?) y/o le temen su poco. Hagamo que no les parece raro que unos sobrinos súper tarde vayan a buscar computadores y además a fumigar. Hagamo que esta mente criminal decide usar Uber y hagamo que la abuelita deja los computadores afuera. Hagamo que el contenido de la caja fuerte es irrelevante y por lo mismo su paradero no inquieta mucho. Hagamo que un computador usado tiene un precio que justifica semejante operativo y por último hagamo que el ministro, a diferencia de toda nuestra generación, no revisó su whatsapp al abrir sus ojitos.

No son pocos actos de fe para un adulto que ya no tiene ni la candidez, ni la imaginación de un niño. Además, nuestra imaginación debe alcanzar para la seguidilla de robos de esta semana a distintas reparticiones públicas.

Tenemos tres problemas; primero, si la inspiración para las fundaciones fue un modelo español, esto está muy pasado a Argentina, con todo lo que eso significa. Y me perdonan amigos, los amo, pero no quiero acostumbrarme a esto, no quiero parecerme a ustedes. Ni ustedes se quieren a parecer a ustedes.

Segundo, el gobierno tiene un tremendo problema porque no importa cuánto se enoje el Presidente, cuanto se victimicen las Not víctimas, ni cuanto nos aleccionen los voceros, los hemos visto mentir en tiempo real. Los hemos visto decir que se autodonan, los hemos visto alegar que el Presidente no tenía todos los antecedentes a la hora indultar, sólo por poner dos ejemplos. Los hemos visto también relajarse en conversaciones “privadas” y sincerar sus anhelos e intenciones. Entonces, perdón, mucho enojo, mucho exigir disculpas, victimismo, mucho recurso de reposición, pero pocaza explicación. Debieran andar con las orejitas bajas, porque frente a la ciudadanía, el peso de la prueba está en ustedes.

El tercer problema, es el más peluo (no mono, pero peluo). Y es que, en la lógica infantil del juego, pasan muchas cosas que no pasan en la realidad adulta. Una vez que se termina el juego, el hechizo se rompe y volvemos a nuestras vidas. Así, cada vez más se instala en los chilenos, esta sensación de que no pasa nada y eso es muy peligroso. Se nos invita a jugar un juego en el que no podemos ganar, que no tiene consecuencias y que ocurre al margen de la realidad adulta, sólo para ser nosotros los que tengamos que ordenar, limpiar y pagar la cuenta ¿Cuánto aguanta eso? Mucho, demasiado, pregúntenle a un argentino, a un venezolano. Pero ¿es ese el derrotero que queremos para Chile?

Esta pitonisa piensa que nuestro real problema es la oposición, cada vez más preocupada del poder a repartir y para eso de demostrar que son la derecha más güena onda, la menos pinochetista, la más dialogante o las más real derecha, en lugar de hacer la única cosa que tienen que hacer: unirse. ¿Cómo se les ocurre darle esa carta a un gobierno tan bravo pa’ los verbos como este? Darle ese tipo de afrecho al chanchito de la victimización y no ver venir esas consecuencias es muy plumífero.

Este gobierno ha gritado a los cuatro vientos lo que es, entonces si de verdad a ustedes les parece que esto no es lo mejor para Chile, por favor, hagamo que ustedes son la oposición y se oponen de una vez.

K-Sandra

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