Al fin, el megaproyecto económico del gobierno sorteó todas sus etapas en el Congreso y el Presidente Kast anuncia que va por la patita de seguridad.
¡Fascistas! ¡Nazis! ¡Regresivo! ¡Represioooón! ¡Disfruten lo votado! ¡Ultraderecha! ¡Iliberal ¿Khe?
Sabí que sí, estoy disfrutando lo votado, porque pese a mi cinismo basal y perenne, parece que este Presidente sí va a cumplir sus promesas de campaña, cosa que no sé si me ha pasado antes en la vida, sería la primera vez y estoy nerviosa como que no sé qué hacer. Pa’ más se han planteado como una fomecracia, sin la espectacularidad e histrionismo del pasado, cosa también, muy confusa. De una austeridad comunicacional, y sí con su par de errores, incluso injusticias por exceso de celo, como todo aquello que parece estar pasando con el exsubsecretario de Hacienda, Juan Pablo Rodríguez. Es de sabios también enmendar.
Hay una calibración ahí, es verdad, no solo por parte del gobierno sino también de los partidos afines y satélites, de los activistas y comunicadores, de los guerreros de la batalla cultural de toda estofa, ¡chita! ¡Ha sido difícil ganar! Se han mezclado los traumas de los últimos 7 años con anhelos y hastío, todo revuelto con nuestra idiosincrasia también poh. En cualquier caso, siempre he preferido que seamos así en lugar de sumisos y resignados.
Ahora, me llama la atención o más bien me interesa ver cómo se va a apear la izquierda con todo esto, porque parece que van a hacer carne ese dicho de mi papá: “cuando uno solo tiene un martillo, por todas partes anda viendo clavos”. Y sí poh, no les he visto más repertorio que aquel del octubrismo fíjate. Tampoco, y lo he esperado (más para mofarme de los cándidos que aún creen en esto), que el shochialismo democrático termine de desprenderse de sus vástagos revolucionarios. Toda aquella narrativa de “una reforma para los súper ricos”, no prendió; lo de las contribuciones, que es regresivo, ¡que paguen no más los malditos viejos millonarios!, tampoco prendió; el tsunami de indicaciones terminó siendo una olita que el ministro Quiroz saltó; las acusaciones de ultraderecha a un gobierno que ha sido capaz de conversar harto y que se ha sometido del todo a las instituciones democráticas… ¡puchas! ¡Nada ha resultado!
Mención especial a los que advertían de la “iliberalidad” de JAK, y los muchos que me dijeron que como el hombre es ultracatólico (aún no entiendo lo que significa eso) nos iba a obligar a todos a ir a misa cuatro (¿por qué no cinco?) veces por semana, instalando una teocracia… Les mando un besito, los quiero mucho.
¿Y ahora?
Bueno, ahora con la agenda de seguridad me imagino que vamos con la represión, que se quiere eliminar el legítimo derecho a la protesta, porque todos sabemos que las barricadas son de lo más legítimo, inocuo y un verdadero símbolo de las democracias sanas. Claro. Además, me imagino que espontáneamente van a empezar a marchar estudiantes, porque ¿cómo no vaya a ser que asistan a un semestre de clases de corrido? Y los gremios, que están muy calladitos, les falta cumplir su meta de pasos. Es un poco patético, fíjate, porque siendo la seguridad, y yo creo también, las formas de convivencia, lo que más preocupa a los chilenos, no creo que los mismos numeritos, con distintos actores, vayan a prender.
Esta semana, además, terminó el calvario de Claudio Crespo, cuyo libro les invito a leer si aún no lo han hecho, cerrando un capítulo triste y oscuro, no solo para él y su familia, sino también para Chile. La locura de otros años, el querer refundar todo lo que somos a barricadas y piedrazos, tiene que quedar atrás y poniendo las cosas en su justo lugar.
Por esas ironías de la vida, esta pitonisa ve con claridad que al final, cabros, parece que era cierto y esto no prendió.

Buena, muy simpático y certero