Hace 23 años se estrenó la película Shrek, de modo que lo que diré a continuación en ningún caso puede considerarse spoiler. Digo, pa’ que no estemos después que “puchas, justo la iba a ver y me contaste”. No poh, ya prescribió. En fin, en dicha película, la protagonista femenina era la princesa Fiona, hechizada con tal maldad que al caer el sol, ¡pah! se convertía en una ogresa verde. Para siempre quedó en mi memoria una frase que en la posterior adultez adquirió matices muy distintos, decía la princesa; “de día soy una, pero de noche soy otra”. Toda enigmática. Claro, en una época de mi vida tuvo más un giro hacia El señor de la noche, de Don Omar (“soy mitad hombre mitad animal”, etc.). Pero no, no vengo a hablarles de carreteología pretérita ni intermitente, vengo a hablarles de la izquierda contemporánea. Así sin apellidos.
Hagamos como esos chistes por escenas. Escena 1: no había que ser pitonisa para anticipar lo que pasaría en Venezuela; nada. Y lo que siempre hemos dicho, viene lo peor y es que la frágil y acomodadiza memoria del mundo haga el resto y trabaje a favor de la dictadura de Maduro. Por eso niños, recuerden del socialismo de todos los siglos, de buenos, malos y pésimos modales, no se sale. Y tampoco se es rescatado, pregúntenle a Cuba.
Pero lo que ha venido de parte de la izquierda que se hace la buena onda, esta vez encarnada en nuestro Presidente, es francamente pa’ quedar con las patitas como Condorito. Por el desparpajo. Igual como cuando a la izquierda de etiqueta le dio por citar a la Susan Neiman con su libro que la izquierda no es woke, ahora resulta que Maduro no es de izquierdas y, es más, la izquierda está súper, pero súper lejos de él. Fíjate. Las patitas. Y siempre es lo mismo, que no era el Mesías correcto, que ahora sí que sí, que no, que te fijas tú. Y así va quedando gente muy literalmente muerta. Mientras los filosofillos de cuneta, bien credencialistas e intoxicados con sus propias ventosidades, nos insisten en que la izquierda es maravillosa y nada tiene que ver con sus desastres. Si Chávez era un soñador, un líder, un demócrata, nada que ver con el burro de Maduro… y Lenin na’ que ver con Stalin y nosotros siempre súper democráticos. Si oye, si esta cara la tengo porque duermo mal. Siempre lo mismo con la izquierda; la guagua les sale fea y la niegan. Atentos que en cualquier momento nos dicen que Maduro es un fascista ultradereshista y ahí sí que me voy a sentar a reír. Porque no se pueden tomar en serio. Porque cuando van con viento de cola y el sol de un nuevo día les sonríe, son unos, pero cuando todo es pésimo y les sale mal y feo y se les viene la noche, ahí son otros.
No hay que olvidar a Venezuela. Es una fábula de nuestros tiempos. Pero volviendo a nuestro Chile. Escena 2: también tenemos un ejemplo de la fionización de la izquierda. Figúrense que, en el caso del robo a Brinks, la fiscalía dijo que un arma usada en el atraco, también se ocupó en el amedrentamiento contra Izkia Siches en Temucuicui (¡Ay queen Izkia! Tanto tiempo que no pensaba en ella… «y todos los pasajeros»… al menos nos hacía reír). La vocera-de interior, tuvo a bien descubrir el agua caliente y dijo que «hay vinculaciones entre grupos criminales de naturaleza muy distintas a primera vista, pero uno ve que al final tan distintos no son”. Yo escribo sátira y jamás me he atrevido a tanto, te lo digo. Porque, ¿en serio, esta supuesta izquierda moderada que encarna la ministra Tohá nos va a venir a vender este pez putrefacto de que recién notaron que los terroristas que sabemos que son terroristas y cometen actos terroristas, se financian y se aperan como hacen los terroristas, son los mismos que operan como crimen organizado? Claro, dale. Y recién recién, la dictadura de Venezuela es dictadura ¿En serio debemos creer que la izquierda, toda, sufre del síndrome Fiona, en que de día son unos, pero de noche son otros? Bueno, el que ha visto la (s) película (s) entiende que, a la princesa en cuestión, le pasaba lo mismo que a la izquierda contemporánea; es cierto que por las noches cambiaba de forma, pero la personalidad, el carácter, era uno y siempre el mismo, el de una ogresa.
En los últimos años se nos ha tratado de hacer creer que la izquierda puede reinventarse más veces que Madonna y no poh, lo que en realidad les pasa es que toman una forma distinta dependiendo de cuanta luz les llegue, por eso nunca he comprado aquello de las dos almas del gobierno.
Nunca olvidemos como se portaron los “moderados” durante el 18 de octubre. Dieron por muerta la Constitución más resiliente de la historia, apoyaron el Apruebo de un engendro constitucional que nos hubiera desbarrancado por completo, hablaban hasta hace segundos con tanto cuidado de Venezuela, apoyaron a Chávez y a Maduro y respecto del sur, siempre nos han tratado de hacer comulgar con esa rueda de carreta que son las supuestas reivindicaciones del pueblo mapuche. Siempre han sido y serán lo mismo, pero la cara que nos muestra depende de cómo les esté yendo.
Esta pitonisa se declara descompuesta por la patudez que exhibe la izquierda. Así, sin apellido. Porque los genuinamente democráticos ya se salieron de esa carpa hace rato. Del resto, cada día es más evidente que sufren del síndrome Fiona; de día son unos, pero de noche son otros.
K-Sandra
