AGENCIAUNO

Medio anticlimático de mi parte, con todo aquello del día del amor, yo sé, pero, ¿que sería del amor, sin el desamor? Tendríamos hartas menos series, novelas, poemas, anécdotas, columnas de sátira e incluso capaz no tendríamos a Bad Bunny…mmm, démosle una vuelta a esta idea otro día.

Hace lo que parece un siglo, me enamoré de un progre frenteamplista, aunque en esa época no había salido del todo del closet ideológico. Lo llamaremos “Bambi”. Bambi está solito y perdido en el bosque. Su ex (loca y mala, ooobvio) lo dejó muy mal. Pobrecito.

Bambi tiene muchas amigas, pero «tú eres más importante, ¿por qué no son todas las mujeres como tú?»(yo sé que era retórico pero imagino que es algo darwiniano para que no se extinga la especie, si fueran todas como yo y como él, estaríamos…bueno, como el INE de hecho dice que estamos).

Hablan como pololos a cada rato, todo el día, todos los días ; antes de subirse a un avión y cuando aterriza, cuando algo lo aflige , cuando está aburrido , cuando está con amigos cazando pokemones (me gustaría que fuera broma, pero es anécdota)  y un largo etc. Ah, pero, son amigos…. ¿O no? ¿Qué recórcholis son? Si uno se tiene que preguntar eso es porque algo no está bien. De hecho, algo está muy mal. No hay análisis que responda las muchas preguntas que la ambigüedad deja. Algo está mal, ni Dinamarca ha olido así. Las cosas derechas debieran ser más simples. De hecho, lo son. Cuando son en karamanés, ahí no es.

Bambi está herido, ya no cree en el amorss…Bambi explota ese personaje, porque igual que ciertos reguetones, dan mucho, sin pedir nada a cambio.

Ojo que nadie nunca lo ha obligado a nada, pero Bambi es siempre una víctima, si uno lo escucha el pobre jamás ha decidido nada, la vida lo ha arrastrado. Bambi tiene corazón de poeta, no hay que molestarlo con los afanes mundanos que mueve al resto de los seres humanos. ¿Cuál es el problema de nuestro buen Bambi?

Que quiere lo que uno le da, la conexión, la contención, la preocupación y digámoslo a todos nos gusta que nos quieran, ¡chita que nos gusta enamorarnos del amor! Está bien, pero Bambi no quiere una relación, no quiere entregar mucho. Es difícil y peligroso eso, entonces Bambi sale con muchas señoritas, ah por supuesto a usted no le cuenta, nunca jamás porque (y este es su único pecado real, porque nadie está obligado a querer) su juego es la confusión y la omisión: somos más  que amigos, ¿o no ? La cosa es mantener esa duda, esa ilusión de que un día igual que don Armando en ecomoda, se dará cuenta que Betty es la mujer de su vida.

Pero esto NO es teleserie y él sabe que eso no pasará pero sostiene la ilusión. Y uno sufre y se pregunta qué tendrá o qué hizo pésimo para que Bambi no la quiera.

Y si somos tan amigos, ¿por qué no se sincera? Bambi es un monje en su relato, casi célibe, oculta cosas. Bambi no es tan inocente. Es el niño símbolo de estos egóticos tiempos. El perro del hortelano hecho persona. Le gusta que lo quieran no más. Bambi no está ni pa’ amigo. Lo de Bambi es el condicionamiento intermitente, no falla, esa es su gran gracia. Mal bambi.

Mal uno por gil porque la escurría es gratis y por algo Disney no ha lanzado la princesa-choapino-emocional, porque eso no es ni será un hit. O traigámoslo al 2026; las migajas, reina, son para las palomas.

Adiós Bambi, y uno pesca su matcha latte, deposita su microscópica dignidad antes que quepa en una cartera de fiesta de Zara de tan chiquitita y sale de ahí. Bambi aleteará un poco pero después la «loqueará» a uno también. Pero no importa, ya estamos sacándolo del corazón de una buena vez, era una toma y hay que desalojarlo.
Suerte, que te vaya regio.

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