AGENCIAUNO

Todo parece indicar, mis queridos lectores, que esta campaña presidencial nos va a deleitar con lo peor de lo nuestro. Y se ha sentido más larga que algunos ramos universitarios, cuyos trabajos uno empezaba a guardar con toda inocencia como “trabajofinal.doc”, y terminaba en un grotesco “trabajofinalFINALfinalahorasíquesí.doc”. ¡Por la misma chita que se ha hecho eterno! Y mira, uno trata de elevar el espíritu, de flotar sobre la situación, pero lo que hemos visto esta semana en contra del candidato Kast, ha sido mugriento y lo dejan a uno con la misma sensación de frustración e incredulidad que generan las injusticias, chicas o grandes en el ámbito que sea.

Antes de esto, la izquierda estaba teniendo una semana para el olvido, con el juez Urrutia inhabilitado, Allende perdiendo una calle (Salvador, no Isabel, ella solo pierde cargos y algunos buenos negocios), con ese Mandela de muy bajo presupuesto que es Daniel Jadue enfrentando un pedido de 18 años a la sombra por parte de la fiscalía y la campaña de la Jaraneta convertida en un meme, sin decidirse a esconderla del todo. Pa’rematar, de la nada, toda esa tontería de la imbatible e imaginaria lista única de la izquierda, parece que empieza a sucumbir ante la realidad. Esto último me encantó, debo decir, porque toda esa campaña del terror sin mucho sustento y sin considerar los cambios tanto en la opinión pública como el factor voto obligatorio (nunca nos dejes) siempre me pareció un despropósito.

Como pueden ver la izquierda no estaba bien, a punto de hacerse un sahumerio o algo de eso que les gusta a ellos. Y entonces, tuvieron una idea genial, ¿o no?

Por si no tuvieron la dicha de contemplar el lodazal en tiempo real, les cuento; en el Seminario de Moneda Patria Investsments 2025 por ahí por el martes JAK, hablando de todo un poco, de gobernabilidad y esas cosas, dijo «el Congreso es importante, pero no es tan relevante como ustedes imaginan. Nosotros estamos haciendo la revisión de todas las potestades administrativas que tiene el Estado, de todas las leyes que tienen sanciones incluidas que nadie aplica». Continuó, igualmente blondo y ajeno a la ansiedad; «La ley es la ley. Aquí no necesitamos más leyes para aplicar la ley, eso es casi absurdo. Por lo tanto, vamos a aplicar la ley, vamos a aplicar los plazos que están establecidos».

¿Cómo lo hallaron? De toda lógica, siono. Bueno no, porque imagínate, la progresía de lado y lado, apretó sus perlas, pidió sus sales  y buscó un lugar mullido donde dejarse caer. La academia, pa’que te digo. Recordemos a un seco en la descripción de la naturaleza humana, don George (Orwell) que decía que hay ideas tan pelotudas que solo un intelectual puede creerlas. No lo decía exactamente así, pero por ahí. En resumen, las izquierdas de toda estofa se unieron en un gran coro por la cosa tan atroz, antidemocrática, esto tan horrible de gobernar por decreto. Claro, el que perdió la calle en San Miguel también lo hizo, pero eso no molesta, se fijan. JAK es demasiado rubio, demasiado fascista, demasiado malvado y todo lo que diga debe interpretarse teniendo esto en consideración. Fue tan absurdo, tan artificial, que no prendió mucho, pero que lo intentaron, claro que lo hicieron.

Yo no pude dejar de pensar tres cosas, la primera; mis amigos me decían, que no podían entender como gente educada, culta y con fama de inteligente podía haber caído en una estrategia tan malintencionada, ¡porque el rucio no dijo lo que dijeron que dijo!  Y yo me detoné porque no me hacen juicio, llevo años alertando respecto del credencialismo progre. Me permito recordarles que a nosotros mismos, varios premios Nobel de economía nos mandaron decir que aprobáramos el engendro constitucional… ¡sí, oh! Porque ellos viven en el primer mundo y que caiga otra republiqueta sudamericana les importa nada. Hay que tener cuidado y no dejarse encandilar por todas las credenciales, porque no son garantía de pureza, ni de objetividad. Ponte, yo jamás he permitido que los postgrados me quiten un gusto musical que solo podría calificarse como “Cuma”. Bueno, igual, hay gente con todas las credenciales a las que la realidad ni la roza y jamás han abandonado pulsiones ideológicas que vienen más de la guatita y el corazón que dé la razón y solo flotan por sobre nosotros como una nube enojada lista para decirnos qué hacer y pensar.

Segundo y esto es primo hermano del punto anterior, no podemos seguir entendiendo a los medios, a la prensa como en el siglo pasado. Me pasó el otro día, estuve en una comida con una influencer, pero de verdad, no como mis amigos que se creen influencers y los sigue la mamá y los amigos más cercanos. Fue una experiencia extraña, a ratos incómoda, porque sacó un foco que la favorecía más y nos lampareó como conejos en carretera. Pero, en ese rato, no solo estuvo con nosotros, también le contó como a 100.000 personas que las croquetas de prieta estaban deliciosas (true story). Cualquier persona con smartphone puede convertirse en comunicador y entonces, ¿qué le queda a la prensa tradicional? ¿Seguir tratando de vender esta utopía antigua de objetividad y apego a los hechos? Si yo abro mi teléfono y tengo acceso a miles de relatos de los mismos hechos y me doy cuenta que me lo están contando distinto, ¿cómo se llama eso? Será que hoy, en el año de Nuestro Señor 2025, ¿existe la objetividad? O no será mejor, como ya lo alertaba visionariamente Umberto Eco hace casi una década, que cada quien reconozca y abrace sus propios sesgos. No tengo una respuesta para esto, pero sí puedo mostrarles la evidencia de esta semana, en que muchos medios estuvieron no solo dispuestos, sino deseosos de darle a los dichos de Kast la peor de las interpretaciones, mintiendo, de pasadita. Sip, yo sé, que fuerte decirle mentira a las mentiras, ¡uy! ¡Así se llaman, poh!

Tercero y último, lo que dijo Kast es pa’aplaudirlo de pie. Y está en la línea de ese fenómeno cultural que es Dorothy Pérez. Díganme si no sería lindo que todas las personas ejercieran y no solo habitaran como gatos de Chalet sus cargos. Si la ley se aplicara y no se considerara de entrada excesiva, mal hecha o no alineada con las pulsiones de los gobernantes de turno. Uno intuye que Chile sería mejor y distinto si el poder se ejerciera así, aplicando las leyes que existen para resolver a la brevedad los muchos problemas de Chile. Esta tontería repetida mil veces de que necesitamos más leyes y más acuerdos y más mesas de diálogo y todas la esferas del dragón y la flor de los siete colores, etc., la verdad, ya descompone. Esta especie de mal de Diógenes legislativo, con un Ejecutivo flojillo nos tiene en un estado de amarre y estancamiento que solo contribuye a nuestra decadencia.

Se acuerdan que un tiempo al paganismo pop le dio con que “¡decrétalo, amiga!” pa’arriba y pa’abajo, para que uno con el poder de su mente obtuviera lo que quisiera. Ahora están con el verbo “manifestar” que ha sido increíblemente lucrativo también. Yo la verdad no creo ni e lo uno ni en lo otro y últimamente solo me interesa que por fin podamos votar por alguien que entienda las urgencias de Chile y esté dispuesto a ejercer el cargo de presidente a cabalidad y no solo a calentar el asiento algunas veces por semana. Con alguien así, yo no tendría problema en que Chile le dijera, dale, en nombre nuestro, decrétalo.

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