No sé ustedes, pero con este par de semanas yo ya como que apago todo y salgo a caminar. Onda que prefiero que el plátano oriental se encargue de mí y no el ciclo de noticias que parece infinito tras la detonación del caso Monsalve. De nuevo, no vamos a meternos en la denuncia misma, no hacemos eso en esta columna, pero sí que nos vamos a meter en el manejo político y la profunda crisis institucional y moral de la política completa. Así, piola.
La semana pasada, que yo envío mi columna a mi editora (¡saludos!) y ¡pah! que S.E. se manda ese delirante punto de prensa de casi una hora que pasará a la historia por todas sus pobrezas. Ya sé que parezco disco rayado con el germen de tiranillo que veo en el Presidente Boric, pero por si a alguien aún le cabe alguna duda, vean por favor cómo se comporta cuando se le escapa la tortuga. Habitualmente con la prensa y con mujeres. Con la tortuga (metafórica), perdida ya en el horizonte, nuestro Presidente, el niño poeta, nos paseó por distintos temas, que entiendo, algunos malpensados (abogados, en su mayoría) consideran delitos, nos dejó una línea de tiempo inverosímil, se guaneó de arriba abajo en todas y cada una de las consignas que el feminismo trató de marcarnos a fuego en la frente, nos leyó de su celular como quien trata de zanjar una discusión con las amigas, de pasaíta nos habló del uso de apps más secretas que el guasap y como ya decíamos hizo su numerito de bully con esa pobre mujer desesperada tratando de que hiciera la única cosa que tenía que hacer; callarse. Creo que nunca empaticé tanto con alguien de este gobierno, porque más allá de uno estar en las antípodas de todo lo que es, piensa, dice y hace Gabriel Boric, es el Presidente de Chile. Todo aquello que dicen algunas de mis amigas respecto de sus maridos “será una payasá, pero es mi payasá”. Bueno, el hombre como que nunca ha entendido que el cargo que ocupa es anterior a él y, con el favor de Dios y la Virgen del Carmen, también lo sobrevivirá. Machucado, pero lo hará. Tenía que comentar el punto de prensa, porque estoy medio traumada, en serio. Yo aquí, años ya, preguntándome quién los asesora comunicacionalmente, digo, pa’ las cosas de adultos, las importantes. Creo que ya nos queda claro. Pero lo que ha venido después en sólo una semana, es un guion para Netflix esperando ser escrito, lástima que “sexo, mentiras y video”, ya lo ocuparon. Se los voy a resumir así; parece que todos sabían, harto antes de lo que dijeron que sabían. Parece que hubo intentos más o menos exitosos por amedrentar a la denunciante y parece que el hombre con más poder en Chile era Manuel Monsalve.
O sea, hemos tenido en solo una semana, el relato de PDI disfrazados de repartidores visitando a la víctima (strong Ojeda vibes), la salida de la jefa de inteligencia de la PDI (en este gobierno feminista siempre caen primero las mujeres, se sabe), el cambio de abogado por parte de la denunciante, Toti (Orellana) cuyo cargo jamás ha tenido relación con su poder dentro del gobierno, nos salió bastante clasista (lo cual sorprende al 0% de la población), Cordero diciendo que no saben dónde anda Monsalve y, a Tohá desmarcándose de los dichos de Boric respecto de cuándo supo. Dejamos para el final a ese humorista involuntario que es el diputado Gonzalo Winter, llamándonos al orden. “Todo en lo que andaba y yo no estoy haciendo una defensa de la familia tradicional (ni Dios quiera), de la monogamia (figúrate) y nada de eso (¿?), pero sí hay antecedentes de que Monsalve utilizaba su situación de subsecretario para un beneficio personal de manera abusiva, lo más probable”. Gracias diputado, desde que terminé de ver Envidiosa que no me reía así.
Una locura, te lo digo, hay cumpleaños de monos menos desquiciados que la semana que ha tenido mi querido Chile. Cerramos este gabinete de curiosidades, con el Presidente Boric, declarando que le cree a la víctima. Parece que sólo para algunas cosas, va más rápido que su propio pueblo… para otras, su semanita, tiempo de reacción estándar.
¡Puchas! ¡Qué lindo debe ser creerle al presi! Ser enteramente arbóreo, y creerle con pasión. El problema es que con los antecedentes que tenemos y sin duda tras el errático velo de sus declaraciones, uno adivina que él sabía más y debió haber descabezado al Ministerio del Interior entero a estas alturas. Porque desde luego este no es un gobierno que renuncie, no, hasta el final, ya cuando los músicos del Titanic dejan de sonar. Figúrate poh… si creen que la dignidad es una plaza.
Lamentablemente, nuestra política e instituciones están de lao y lao podridos. Pa’que estamos con cosas. Y la indecencia de usar un caso tan dramático como una violación, sería sólo agregar a la injuria de un espectáculo ya decadente. Pero parte, quizás fundamental, de esto es el electorado, es la opinión pública. No somos inocentes del estado deplorable de todas las cosas. Porque yo me pregunto, ¿que tendría que hacer este gobierno para perder el apoyo de su barra brava? Todo se puede justificar, hasta de las maneras más indecentes y siempre podemos recurrir al “montaje de la deresha”. Nota al margen que la derecha no es capaz de ponerse de acuerdo ni pa’ organizar un bingo, pero ok.
No, pero en serio arbolitos, en buena y con genuina curiosidad me pregunto, ¿qué les da este gobierno que ha renunciado a todo aquello en lo que aparentemente creía con pasión, pa’ que ustedes sigan ahí, firmes?
Esta pitonisa, se declara incompetente en comprender al pueblo progre. Probablemente porque no soy fanática. Sólo puedo esperar que Chile entienda la enorme responsabilidad que implica votar y lo hagamos bien. Y a la arbolada, sólo nos queda dedicarles una canción de, ni más ni menos que, Gloria Trevi, esperando que reserven su fe para quien realmente la merezca.
Y le creo, le creo, le creo
Le creo cuando dice: «te quiero»
Le creo que su amor será eterno
Le creo que es el hombre más bueno
Le creo que la luna es de queso y si él me diera otro beso
¿Qué más da si me miente?, yo, ¡le creo!
Con los ojos cerrados, iré tras de él
Con los ojos cerrados, siempre lo amaré
Con los ojos cerrados, yo confío en él
Con los ojos cerrados, yo le quiero creer
