Oye ¡qué linda que fue la primavera en La Moneda! Esta semana nos enteramos de que nuestro arbóreo presidente soltó una semillita y será papi Gaby en junio del próximo año. Un septiembre intenso, sin duda, pero qué lindo igual. Uno que valora la vida humana siempre, debe celebrar su llegada siempre. Cómo lidien en Apruebo Dignidad con sus evidentes contradicciones, es problema de ellos. Dicho lo anterior, alguien tendría que ser muy pero muy sopas o de una ingenuidad que en adultos tiene otro nombre, para no anticipar que este, el ¨primer bebé presidencial¨ (estoy citando, no sería capaz de semejante siutiquería con tufillo a dinastía) será la guagua más fotografiada del país.
Anticipo espontáneos registros de Boric, puérpero, sacando chanchitos, mudando, etc. que derretirán los corazones de alcachofa de la nación. Es más, así conectándome con el cosmos y abriendo de par en par el tercer ojo, les adelanto que tendremos un Boric apelando a su embarazo cuando sea incomodado por la prensa. Cuando suceda el nuevo, esperable pastelazo, que no sabemos qué será, pero debemos esperar.
En fin, dejemos a nuestro Presidente con sus antojos y sus patitas hinchadas y dirijamos nuestras miradas a una regalona de esta columna; Tohá, Carolina ¿en qué anda nuestra dulce Caroline? Bueno, lo ha pasado mal entre las actividades extracurriculares de Monsalve, ocupada de empujar al vacío al Presidente y sin embarazo a la vista. Pero no ha sido todo dificultades, nuestra heroína no renuncia a su sueño presidencial y esta semana recibió la alegría infinita de lograr la aprobación de la creación, por una abrumadora mayoría en su trámite final en la Cámara baja, del Ministerio de Seguridad. Alerta de legado ¡oye que estaba contenta! La foto con los deditos pa’ arriba de la ministra con sus parlamentarios es espeluznante. Desde luego en este histórico momento, Caroline nos dedicó unas palabras: “Es esperanzador para el país porque si pudimos hacer un acuerdo para sacar adelante el Ministerio de Seguridad, lo podemos hacer para sacar adelante la reforma de pensiones” (siempre metiendo la payasá) y continuó: “Podemos hacer acuerdos cuando tenemos voluntad y eso para Chile es esperanzador y además dignifica la política”. Super dignificados, impresionante, les iba a comentar justamente, lo dignos que se ven. Y nos remató con “Hay que recordar que el Ministerio está inserto en una estrategia más amplia de seguridad y es una pieza clave”. Listo compatriotas, esta era la pieza clave, de aquí a Finlandia.
Tres cositas no más voy a decir porque me dentra la alergia o la falta de cola de mono, no se sabe. La primera, Chile tiene una crisis de seguridad. Que no deja de ser tierno que llamemos «crisis», porque en algún momento habría que asumir que es una realidad hace años. Pero para efectos prácticos digamos que es una crisis. Frente a la creación de un nuevo Ministerio para enfrentar este problema, uno se encuentra con dos escenarios; el primero es uno en que sus creadores efectivamente adhieren a un pensamiento mágico en que la creación de un nuevo Ministerio efectivamente va a conjurar una «contra» como dicen en el campo pa’ l mal de ojo. Vibra mucho al engendro constitucional, siono. Un sahumerio, quemamos su palo santo y anótate ahí el deresho al placer y al ocio. Ya me siento mejor, al tiro, como pintar en una caverna. Hablemos de retrocesos civilizatorios.
Ahora, esto supone creer que un problema que ha logrado crecer gracias a la inoperancia, infinita burocracia y torpeza de un Estado edematoso, puede resolverse con más del mismo Estado. Bueno, hay razones para pensar que este es el caso de algunos, después de todo son los que corren con fiebres legislativas, a crear leyes con nombre propio, pa’ salir en la tele, que después resultan ser pencas, inaplicables, etc. Pero uno teme que el segundo escenario es que estemos frente a gente bastante más cínica y utilitarista, que cree firmemente en el Estado como bolsa de empleo para amigos, parientes, recomendados, ahijados, atracamantes, parejas de turno, etc. Vivir enchufados al Estado, hacer carrera en el mismo, cómo no va a ser rico.
La segunda cosa es lo insólito que resulta escuchar a representantes de la oposición en general, no sólo la derecha, diciendo lo muy en contra que están de la creación de este nuevo ministerio… dale. El problema es que su gente en el Congreso votó a favor poh. Masivamente, salvo honrosas, republicanas y floreadas excepciones. Uno se pregunta, qué recórcholis pasa por estas neuronitas. Y también resulta insólito que se molesten por el apelativo de «cobardes». Debieron aceptarlo porque lo que se les viene es harto peor. Bullying aparte ¿qué onda? ¿En serio creen que no se pueden oponer porque la gente escucha «seguridad» y automáticamente lo quieren? ¿En serio no hay un átomo de convicción por ahí, todo guacho? Sólo un troglodita de ultraderesha se podría oponer, y aquí somos todos de una moderación… ok. Algo de eso debe haber. Pero capaz también, esto de empezar a repartirse cargo… si pa’ qué estamos con cosas, entre que están seguros que van a ganar o capaz están llegando a acuerditos con el gobierno para asegurar el futuro, etc. Como siempre, derecha e izquierda unidas…
La tercera cosa, es un poco más de don George, Orwell. De verdad que ni él se atrevió a tanto en su libro 1984. Tendremos como 25 ministerios, una cantidad de funcionarios con sueldos generosos enormes, inechables en la práctica y el Estado metido hasta… bueno, imagínense. Estamos construyendo una distopia a la chilena. Mientras el resto del mundo va en una línea completamente distinta, tratando de volver a un tiempo mejor con muchos añorando 1984, pero el año real en que occidente empezaba a levantar la cabeza. En el mundo civilizado hablan de podar el Estado, de achicarlo y con esto liberar a los ciudadanos. De dejar un Estado que efectivamente provea lo único que debiera interesarnos; seguridad. Pero Chile, se quedó pegado en una distopia de mediados del siglo pasado, viendo al resto pasarnos por el lado y sacarnos varias vueltas.
Esta pitonisa es muy fan de don George, pero jamás quise hacer el live action de su obra. Sólo espero que Chile empiece a anotar en una libretita para las próximas elecciones, empiezo yo; «nunca votar por gente que quiere agrandar el Estado y hacer crecer los tentáculos de la burocracia». Porque también somos responsables de lo que nos ofrecen, de lo que aceptamos. Anoten por ahí, «nadie que nos lleve derecho a 1984, el libro».
