caos

¿Y los gritos? ¿Los corpóreos? ¿Los sahumerios? ¿La gente haciendo performances piluchos? A mí me dijeron que eso era una fiesta de la democracia y de lo más representativo que se ha visto en la historia de Chile.

Más peinaditos, corbateados, bastante más sobrios y con la participación de nuestro niño emperador, se dio inicio al Consejo Constitucional.

Todos en el mejor de los espíritus y sin embargo yo me pregunto, ¿a quién le importa todo esto? 

Es decir, he derramado en esta humilde columna una y otra vez lo que siempre he pensado; que tener una nueva Constitución jamás fue un anhelo de la gente de a pie. Antes del 2019 ¿a cuántos asados en los que se hablara de la Constitución asistió usted? Yo a cero. Y no es que mis amistades sean especialmente frívolas o desconectadas. Hablábamos de educación, pensiones, salud, etc. de la Constitución, jamás. Las encuestas lo dicen, este proceso es menos sexy que la reforma tributaria. 

Pero bueno, ya estamos aquí y me parece que hay que recordar dos cositas; primero que la vara no es el engendro anterior. La vara tiene que ser lo que tenemos hoy, que mucho llanto y todo, pero lo más bien que Chile conoció los años más prósperos de su historia con ella. Segundo, que el peso de la prueba, por decirlo así, no está en republicanos. Aquí hay una coalición que es la gobernante que dejó por escrito tanto en el programa de gobierno como en el engendrito las 1.000 maneras en que querían pitearse Chile. Es más, ¡distribuyeron la payasá autografiada durante la campaña! (Además de baloncitos a precio justo y bien fucsia, no olvidar)

Todo bien con el diálogo, fantástico, amamos el diálogo. Pero ¿cuál es el punto medio entre mejorar y refundar?  ¿Entre el estatismo absoluto y los justos y necesarios límites a su influencia y poder? 

¿Cómo se llega a un justo medio entre la gestión de los limitados recursos de salud e instalar al clítoris como gran tema de salud pública? Por cierto, antes he dicho que Freud se hubiera hecho una parrillada con el octubrismo y al día siguiente un ajiaco. Pero de verdad que esta obsesión con el clítoris ya hace sospechar del magro desempeño amatorio de todos, todas y todes…

Chile no es de derecha, pero ya en dos ocasiones, en las urnas, sin violencia, ha rechazado las ideas que inspiraron tanto al programa de este gobierno como a la Convención Constitucional. Entonces si hay algo que esperar de este proceso es que la oposición deje de autoerotizarse con él y se ponga seria. El diálogo por el diálogo y el acuerdo como meta no tienen sentido, no es eso lo que Chile necesita, ni en el Consejo ni fuera de él.

Los conejos terroristas están desatados en el sur, ¿Más mesas y comisiones? 

¿Qué está pasando en la Suprema? ¡Está peor que las teleseries turcas que ve mi mamá! En salud, los que eran todólogos, que criticaron viperinamente todo, que el lucro, etc. ¿Cómo lo han hecho? ¿Dónde está el Colmed pidiendo cabelleras? ¿O los ciclistas furiosos? Tenemos niños que no saben leer, pero la prioridad es que se froten los unos a los otros. Y por supuesto, todo progre es por definición ecogenocida y le vulneran los salmones, pero no tanto las familias que pudieran quedar sin sustento. Ya nos estamos acostumbrando a gente desmembrada, baleada y perdón, no éramos Suiza, pero ¡corten el gaslighting, no éramos así! 

Habla bonito S.E. y como anticipamos, le subieron los bonos en las encuestas. Pero independiente de lo bien que habla nuestro ornamental Presidente, la realidad y las prioridades de este gobierno transitan por caminos muy distintos a los de Chile. En el multiverso de la política, sus deseos y los nuestros transitan por dimensiones paralelas y no se acercan siquiera a las preocupaciones de la gente. 

Por eso, perdón que los moleste, pero ahora que ya se instaló su Consejo, y estamos todos dichosos, ahora sí, puede alguien por favor venir a esta dimensión y arreglar Chile.  

K-Sandra

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