reforma
AGENCIAUNO

Esta semana no sé por qué soñé con mis muertos. Son más de los que quisiera y si bien los siento muy presentes y los mantengo cerquita, sueño muy poco con ellos ¿por qué no me visitan más? No lo sé, caprichos de la sesera… tampoco entiendo mucho por qué tenían que hacer el check-out terrenal tan pronto, qué les puedo decir. Imagino que algo tiene que ver este permanente déjà vu que nos ofrece la política chilena, este bucle infinito en que solo hay una certeza; siempre han de encontrar una manera de ponernos en peligro ¡Y ya no respetan ni enero!

Puchas que echo de menos esas notas periodísticas sobre lugares donde veranear, con temas tan provocadores como “dónde comer la mejor empanada de ostiones”. Todos los años igual, pero no importaba. Éramos felices y no sabíamos. Ese era un bucle que no me importaba, en cambio el actual respecto de la reforma de pensiones, me tiene del todo descompuesta y como me hizo notar una amiga, “demasiado blanca”, ¡es verdad! No he tomado ni sol y como la melanina se vendía por separado, aquí estamos hawaiian closet, siguiendo la contingencia en horas que debieran ser de vitamina D. En 2025, los creadores de “Hay que aprobar, porque todos van a aprobar”, “Aprobar para reformar”, “Rechazar por una mejor”, “No si todos quieren otra constitución (van a tener que saber querer no más)”, “Cáchense los bordes buenos”, “Engendro y Kastitución empataron”, “Te lo juro que nunca más”, “Un ministerio de seguridad es lo que nos falta”, nos deleitan ahora con “Esta es la reforma previsional que nos convertirá en Finlandia y tiene que ser ahora”. Claro, para que por ahí por octubre de lado y lado puedan hacer sus spots llorosos precampaña. Es agobiante, te lo digo. Izquierda y derecha unidas…

Súmenle, la entrevista a la diputada Catalina Pérez (ni un segundo de desperdicio) en que encarna lo mejor que puede una versión de menor presupuesto de cualquier protagonista de teleserie turca, así, movida por el amors. Como guinda de esta torta, se confirma lo que los lectores de esta columna, siempre bellos, inteligentes y con mucho sex appeal, ya sabían hace meses; la narcodictadura venezolana operó en Chile para asesinar al teniente Ojeda. Con desparpajo y hasta teniendo trabajos paralelos de conserjes. Un éxito nuestra política migratoria, estamos triunfando ¿y el gobierno? Estruendoso silencio, porque uno no sabe si les da chusto el régimen de Maduro, el PC, o ambos.

En fin, una semana de acumular éxitos, que me recordó uno de los tangos que más le gustaban a mi papá y pensé que quizás por esta semana, mejor cerramos todo y dejamos que don Enrique Santos Discépolo, nos hable con su tango desde un no tan lejano 1934. Porque como decía mi papá, “mal de muchos, no será consuelo de sabios, pero utas que ayuda”.

Que el mundo fue y será
Una porquería, ya lo sé
En el quinientos seis
Y en el dos mil, también (viera usté el 2025)
Que siempre ha habido chorros (¡ahora en moto!)
Maquiavelos y estafaos
Contentos y amargaos (y escriben en los diarios y juran que los censuran)
Varones y dublés
Pero que el siglo veinte
Es un despliegue
De maldá insolente
Ya no hay quien lo niegue (pppffff, espérese el veintiuno)

Vivimos revolcaos en un merengue
Y en un mismo lodo
Todos manoseaos (¿en qué va lo de Monsalve? No sé, me acordé)

Hoy resulta que es lo mismo
Ser derecho que traidor (saludos a Chile Vamos)
Ignorante, sabio, chorro
Generoso o estafador (saludos a Apruebo Dignidad)
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor! (te diría que mucho peor)
Lo mismo un burro
Que un gran profesor (ppffff, ya ni eso, ahí tenemos a Atria…)

No hay aplazaos (Qué va a haber) ni escalafón
Los inmorales nos han igualao’ (Y decían que tenían un estándar moral superior…)
Si uno vive en la impostura (saludos presi)
Y otro hala en su ambición (¿todo bien en el congreso?)
Da lo mismo que sea cura
Colchonero, Rey de Bastos
Caradura o polizón (sobre todo caradura)

¡Qué falta de respeto
Qué atropello a la razón! (la razón y la lógica se fueron de Chile el 2019, en la tarde)
Cualquiera es un señor
Cualquiera es un ladrón
Mezclao’ con Stavisky
Va Don Bosco y La Mignon
Don Chicho (¡Ay no! ¿vendiendo la casa?) y Napoleón
Carnera y San Martín

Igual que en la vidriera
Irrespetuosa (esta es mi parte favorita)
De los cambalaches
Se ha mezclao’ la vida (se ha mezclao’ más que el FA)
Y herida por un sable sin remache
Ves llorar La Biblia (¿la qué?)
Junto a un calefón

Siglo veinte, cambalache
Problemático y febril
El que no llora no mama
Y el que no afana es un gil (el que no se saca un carguito en el Estado)
¡Dale, nomás!
¡Dale, que va! (#vohdale, #porsipasa)

¡Que allá en el Horno
nos vamos a encontrar!
No pienses más, sentate a un lao’
Que a nadie importa si naciste honrao’ (o si cotizaste sin lagunas)
Da lo mismo al que labura
Noche y día como un buey (ese es el que paga la cuenta)
Que el que vive de las minas (¿y vende relojes? Saludos a Primer Plano)
Que el que roba, que el que cura
O está fuera de la ley (…voy a guardar silencio mejor)

Esta pitonisa piensa que nuestros muertos, si pudieran hablarnos, nos contarían historias de hombres recios y mujeres bravas, de dolores y dificultades, de sacrificios y también de sueños. Del sueño enorme de depositarnos en este siglo con ventajas y facilidades que ellos ni se imaginaron. Lejos de la pequeña contingencia, penca y cuma que nos rodea, es un poco terrible que, más allá de los problemas que la inmutable naturaleza humana supone, nos quedamos sin sueños para los próximos, qué sé sho, treinta años, por estar ocupados en este bucle eterno de tener que salvar Chile de los que lo quieren destruir. Vivimos en un cambalache, aplastados por lo cotidiano, sin goce, sin un anhelo. O sea, mucho peor que en el tango, todos manoseaos, todos embarrados en una brea (“b”, “r”) que no nos podemos quitar. Sin un liderazgo que inspire a mucho más que a un cambalache.

K-Sandra

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