derecha

La relación más toxica que tengo hoy por hoy es con Chile Vamos. Gracias al Pulento, dirán ustedes, pero no sé ah, ningún ex, ni el más tóxico, ni el que iba a jugar a primera línea a disnidá (sic) el 2019, ninguno tuvo el poder de guanearme los próximos años de vida. Me refiero al “gran acuerdo” en materia de pensiones al que llegaron en el Senado de la mano del dream team del FA, Galilea, Coloma y Cruz-Coke. Parafraseando a la seca, Bettina Horst, lo único que tiene de grande es el formato, 150 páginas de amor. 

Desde luego, el gobierno, liderados por los ministros Jara y Marcel, están dichosos, les cuesta ocultar tanta felicidad, incluso al siempre dicharachero, Marcel. Y se entiende, por supuesto. De terminar aprobado este Frankenstein previsional, sería un exitazo. Un gol en los descuentos para un gobierno que estaba, con justa razón, en el suelo. Con esto, volverían a respirar en un año electoral. Imagínate que esta gente con las puras patas y el buche te monta un relato basado en la campaña de terror antiKast, el extreme make over de Boric y en Brownie, el primer can de la república ¡y ganan! Figúrate cómo sacarían esta culebrita a pasear, “el gobierno de la gran reforma previsional”, corte y zoom a un viejito compañero de curso de Matusalén, ideal, bien arrugado, Boric, en persona, le toca la puerta, le lleva marraquetas pa’su tecito y el viejito le dice “yo ahora tengo qué echarle al pan, gracias presidente” ¡pah, lloradera! Hasta yo me emocioné un poco. “Legado”, pasaría a ser la palabra más escuchada del año, le sumas las rosadas guagüitas del FA, apuntando al futuro y no sé, si la moderación de Tohá, o (y esta alternativa hasta a mí me confunde a veces, soy humana) la moderación, las calugas y el hablamiento del efebo municipal, Vodanovic, y listo, perdimos. Ya, pero, dale colors, dirán ustedes. No, no, permítanme, como en una película de esas que parten al revés, exponerles cómo llegamos a esta pésima situación.

De los detalles y porcentajes habrá mares de tinta y caracteres y honestamente, hay que sospechar de las cosas voluntariamente hipercomplejas. Y cuidado con el credencialismo porque si hay algo que el primer proceso constituyente debió dejarnos claro es que expertos tenemos pa’tirar a la chuña y nadie a estas alturas puede creer que opinan desde las alturas asépticas de la objetividad. Eso no existe. Ahora bien, yo también pajareé un poco y como que en algún momento pensé que este debate era técnico más que político. Pero me duró unos minutos no más poh. Esta coalición odia a las AFP, a las Isapres, a la banca, al mercado de capitales, a los empresarios (de todos tamaños), a los ricos, el neoliberalismo, etc. Y no es que esto a mí me tinque, nos lo han dicho hasta el cansancio, lo dejaron por escrito en un engendro constitucional, e infantiles como son, uno se descuida y te aparece una foto de alguno con su polerita “no +AFP”.

Así las cosas, este gran acuerdo, parece después de todo darles a todas las zonas erógenas del progresismo; que un préstamo al Estado, que ayuda a las debiluchas mujeres (el patriarcado al rescate), que licitar a un porcentaje de afiliados (¿khé?) que aumentar la cotización, porque obvio que los empleadores tienen que pagar más, los muy miserables. No se preocupen les damos años para adaptarse y tranqui que este círculo lo cuadramos, como sea… te digo que les dan dos semanas más y nos salen con un acuerdo por aumentar en 20% porque así es más fácil el cálculo. Dichosa la ministra PC Jara, con una reforma que mete al Estado en el corazón de las AFP y de ahí a que desaparezcan, es cosa de tener paciencia no más. Por otro lado, da lo mismo cuánta gente de Chile Vamos nos jure de guata que no es reparto, si camina como reparto, respira como reparto y rebuzna como reparto… Incluso han salido a declarar que esta es la gran medida para asegurar la campaña y presidencia de Matthei, lo cual es bastante feo de decir amiguitos. Básicamente es aprueben lo que sea, aunque sea un cheque en blanco, en un país con un gobierno refundacional, una medida que nadie quiere, que podría ser un nuevo Transantiago y que además no crece ni tiene pa’ cuando hacerlo, para que ustedes lleguen al poder. No quiero ser grosera, porque en El Líbero somos gente elegante. Dejémoslo en, no, gracias, saquen pa’allá su pastelillo.

Como doña Evelyn está esperando las encuestas para decidir cómo pronunciarse y ya estoy medio cansada de mandarle paipazos literarios a Chilefuimos, de manera gratuita (por esta vez) le voy a pegar una ayudata. En serio, le voy a contar cómo piensa el votante de derecha.

No valoramos los acuerdos per se, hemos visto lo dañinos que han sido. En nuestra opinión, los últimos años se resumen en que ustedes entregaron la Constitución, calcularon pésimo y casi perdemos Chile. Sólo se salvó por un movimiento ciudadano transversal de gente valiente. A ustedes hubo que esconderlos para que ganara el rechazo y aun así se dieron maña para prometer un nuevo proceso que nadie quería. A puertas cerradas hicieron bordes para una constitución que ni nos gustaron ni queríamos. Evidentemente la payasá fracasó. Culparon de todo a Republicanos. Hasta aquí cero autocrítica. No le han puesto freno a este gobierno, ruinoso, por el contrario, han aprovechado cada acusación constitucional (la mayoría merecidas) para hacernos notar lo buenitos que son. Aprobaron un ministerio de seguridad, cuando el resto del mundo va justo en la dirección opuesta. Uno intuye que, porque piensan que el próximo gobierno será de ustedes y bueno, también tienen amigos, parientes y recomendados con CV listo para trabajarle al Estado. Y ahora, llegan a este gran acuerdo previsional que es tan bacán, tan al callo de lo que Chile necesita que hay que hacer un magister para entenderlo. Todo lo anterior, mientras además les ha faltado poco pa’tratarnos de “fachos”. Esto puede sorprenderlos, pero no defender mínimos comunes, convicciones que le dicen, e insultar al electorado, no es tan buena idea.

Ahora procedo a explicarles otra cosita; las personas de derecha (lo que sea que eso signifique hoy) somos capaces de votar por el mal menor. Y nuestro cálculo ha sido durante toda mi vida adulta, un “no me gusta, pero yo creo que no soy físicamente capaz de votar por Bachelet o Guillier”. No los hemos votado con amor, con pasión, lo hemos hecho de pragmáticos, para cerrarle el paso a la izquierda que sabemos ha arruinado al otrora mejor país de Latinoamérica. Hasta ahora, pero ¿qué pasa si en nuestro pragmatismo sacamos cuentas y decidimos no votar por alguien en quien no podemos confiar? Alguien que cree que hay que ser valiente para llegar a malos acuerdos. Eso, inevitablemente, nos obliga a concluir que cuando empiece un segundo muy espontáneo estallido, debemos esperar otra entrega y solo Dios sabe cuántos pésimos acuerdos más ¿qué pasa si en nuestro muy pragmático análisis, nos parece más peligroso votar por alguien que no nos representa?

Para ser presidente, antes hay que ganar las primarias, donde votarán personas de derecha e izquierdistas estrategas ¿están seguros de que así las pueden ganar?

Esta pitonisa confiesa que he votado siempre por la persona de derecha con más chances de ganar. Pero hace rato que no estoy tan segura que el apelativo “de derecha” incluya a Chile Vamos. Esta estrategia de seducir a la izquierda los está dejando cada vez más como una impostura, una cáscara que no convoca a quienes tiene que convocar. Tener las corbatas y mejores discursos no bastan, porque finalmente, sin convicciones comunes, sólo queda el camino solitario y fracasado de la bella, sin alma.

K-Sandra

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