Amor, adiós
No se puede continuar
Ya la magia terminó
Y ahora tengo que marchar
Será mejor
Seguir nuestra soledad
Si hoy el cielo se cubrió
Quizás mañana brille el sol
No sufras más
Quizás mañana nuestro llanto quede atrás
Y si me dices que tu amor me esperará
Tendré la luz que mi sendero alumbrará
¿Cómo están mis queridos lectores? ¿Ya sienten el amor que flota en el aire, el polen que anuncia la llegada de las alergias? ¿O tal vez están como yo abrazados a un paquete de cabritas viendo el desarrollo del así llamado caso Amor? Les digo, si wokeflix no fuera tan woke, o Disney, para estos efectos, estarían aprovechando este generoso momento, porque te lo digo, material hay pa’tirar a la chuña. Bueno, si no lo han visto, me refiero al caso de Isabel Amor vs sus examigues. Pa’ empezar reconózcanme que todo es un 80% mejor gracias al apellido de la involucrada. Otseah, díganme si no se les vienen a la cabeza canciones, películas, memes, libros, etc. De entrada, bien.
Pero vamos a la malaya del asunto, por si no han tenido ocasión de informarse, se los resumo; nuestra protagonista, Isabel Amor, llegó al cargo de directora del Servicio Nacional de la Mujer para la región de los Ríos a través de la Alta Dirección Pública, mecanismo que prometía llenar al Estado de la mejor gente, la más competente y con más méritos, lejos de los caprichos, amiguismos y compadrazgos del gobierno de turno (spoiler alert: cuek). Bueno, la cosa es que nuestra heroína, tenía currículo pa’ hacerse un juego de sábanas; fue directora de la Fundación Iguales, trabajó en el INDH y tenía al menos dos filas en el bingo de la interseccionalidad; mujer y lesbiana. Súmenle que lloró cuando salió Boric y no como usted o como yo, lloró de alegría porque, declaró “como mujer lesbiana mi miedo que ganara Kast era enorme”… Oiga don JAK, ¿qué les iba a hacer que no me dijo? ¡Chita! En serio amigas, bájenle al Handmaid’s Tale.
En fin, a las 72 horas de estar instalada en su cargo, le espetaron “¿sabí pescar? Pesca tus cuestiones y te vas”. Perpleja, porque 72 horas es poco tiempo para meter las patas, incluso para estándares frenteamplistas, empezó la teleserie turca en que se ha convertido este caso. Porque Isabel es hija del médico y militar Manuel Amor, condenado como encubridor del delito de torturas por allá por 1973 y nadie le saca de la cabeza que es esta y no otra la razón por la cual la invitaron a hacer abandono del cargo ¡figúrense! Salió la persona gestante, nuestra vocera-vocera a hablarnos de pérdida de confianza que nada tenía que ver con vínculos de sangre. No lo sé Rick, parece falso, fue lo que pensamos todos. Tuvo que salir esa verdadera Morgana de este Camelot que es la Toti (Orellana) ministra cuyo cargo no se condice con el poder que le hemos visto usar y abusar en este gobierno, a machacarnos con la pérdida de confianza. Sin embargo, frente al apretuje soltó al fin, en karamanés, desde luego, algo así como que ella, Isabel, no había dicho quién era su papi y que, en una entrevista, conocida por el ministerio antes de su publicación, no había sido lo suficientemente tajante en condenar a su padre respecto de los hechos en cuestión. Una vibra sovieticona, medio maoísta también, pero intensa, siono.
Amor, Isabel, nunca ha ocultado quien es su padre y parece, que, a diferencia del resto de su credo, da la impresión de que incluso lo quiere (¡Horror!) Entonces, ¿cómo entendemos que una mujer y lesbiana, sea eliminada por convivencia, pagando las culpas de su origen? ¿Cómo reconciliamos estas ideas contradictorias, de sororidad, empatía y tolerancia cuando ante el más minúsculo tropiezo, el más injusto también, porque nadie elige a sus padres, se condena a la otrora camarada, al ostracismo y la ignominia? ¿Cómo se puede comprender que, en este siglo, un colectivo opere de esta manera, condenando a los hijos a pagar los pecados de sus padres? Isabel Amor, compró todas las bulas, fue todo lo que tenía que ser y aun así no fue suficiente. Y les tengo una noticia; para los totalitarismos fanáticos, jamás lo será. La tautología infinita en que habitan estas personas, jamás les permitirá ver a los individuos en su dignidad y riqueza, no importa lo que hagan.
¿Por qué no les gustaba? Porque era de derecha ¿Como saben que era de derecha? Por la trayectoria ¿Qué trayectoria tenía? De alguien que es hija de alguien de derecha. Dejemos de lado por un instante incluso este concepto de “ser de derecha”, ¿qué hubieran querido que hiciera Isabel Amor respecto de su padre? Denunciarlo, escupirlo, renegar de él. Probablemente. Bueno, aunque no nos guste admitirlo, Chile es un país de guachos, de Bernardo Riquelme (posteriormente O’Higgins) en adelante, deberíamos saberlo y deberíamos pensar cada tanto cuanto influye eso en nuestros males. Pero en los últimos años el progresismo ha lanzado un ataque viperino, aunque hasta ahora menos evidente, a la masculinidad encarnada primero y principalmente en la figura del padre. La cosa es que, difícilmente una sociedad logre tener mejores padres si se les recalca lo inútiles, pencas e innecesarios que son.
Esta maraña en la que nos vemos envueltos hoy es solo el clímax descarado de esto último porque el mensaje es claro; estás eternamente manchada por lo que hizo tu padre 10 años antes de que nacieras, reniega de él, renuncia a él, humíllalo públicamente hasta que nosotres estimemos que es suficiente y sólo así podremos absolverte. La parte que no dicen en voz alta es que esta absolución jamás llegará. Que jamás podrían comprender que, pese incluso a no estar de acuerdo o reprobar los actos de su padre, uno incluso lo pueda querer, porque la sociedad amorosa que proponen se construye con resentimiento y odio en lugar de gratitud y perdón.
¿Injusto? Pppfff, súper. ¿Se darán cuenta las Isabeles que son los fachos malvados los que más han salido a defenderla? ¿Se darán cuenta que la ideología que han seguido hasta ahora les exige renunciar a todo con una lealtad total propia de los tiranos?
O preferirán como en la canción, esperar, volver y ser aceptadas. Esta pitonisa espera que al menos algo de sanidad quede en algunas arbóreas mentes y sean capaces de reconocer la injusticia y sus orígenes. Ojalá que elijan ser mejores hijos y mejores personas. Ojalá elijan crecer y comprender que nuestros padres son tan imperfectos como nosotros y madurar es perdonar lo que haya que perdonar y agradecer lo que haya que agradecer. Ojalá por fin le digan a esta fatamorgana que el progresismo nos ha vendido; Amor, adiós.
K-Sandra
